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PASABA

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

LA MARCA DE LA SOBERANÍA


Hace unos días me junté con un muy buen amigo a la salida del trabajo. Era Viernes y había salido un poco más temprano que de costumbre y, sabiendo que el Sábado tenía que levantarme temprano otra vez, decidí llamarlo para que nos juntáramos en un barcito que queda a medio camino entre nuestros trabajos. Al llegar y saludarlo, inmediatamente noté un detalle increíble; un coquetón y acusador moretoncillo en el cuello... Al hacer evidente mi descubrimiento, el rostro de mi amigo fue invadido por un rubor amoratado.

De la historia en sí no supe demasiado, no quise fastidiarlo con mis preguntas. Sólo me reía y lo cuestionaba una y otra vez por la extrañeza que me generaba que alguien a los “treintitantos” pudiese tener en el cuello esta marca tan ordaca y adolescente... Llegamos finalmente a la conclusión de que probablemente "la Lola Vampireza" no midió la fuerza de su pasión o, tal vez, de manera deliberada quiso dejar su marca para que todas las demás supieran que aquel hombre tenía dueña, al menos por el tiempo que “la marca de la soberanía” permaneciera en su lugar.
Por otra parte, no me quedó claro si el chupeteado en cuestión, se sentía bien o mal en relación con la marca. Sus risas y sus intentos por hacerse el interesante con la historia que había detrás de ella, me hicieron pensar que, tal vez el chupón no era para él motivo de vergüenza, sino más bien un símbolo de virilidad y atractivo... Raro... Lo único que estaba claro, es que a los treinta y tantos aun quedan "amantes chupacabras" o, como en este caso "chupacabros".