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domingo, 23 de septiembre de 2012

"OPTIMISMO" Y OPTIMISMO



Cuando pienso en aquellas personas que viven en una queja constante, a veces sin darse cuenta, asumo que probablemente, entre otras cosas, necesitan, en primera instancia darse cuenta, entender por qué lo hacen y aprender a ver la vida desde puntos de vista alternativos, simplemente conectándose con su experiencia más que con los significados que tienden a otorgarle de manera regular, entendiendo que la "identidad" no es inmutable y que no vale la pena aferrarse e identificarse con formas que no resultan útiles ni cómodas. Requieren también un shock de optimismo que les permita abrir los ojos al mundo y quitar el velo negro a través del cual ven la vida, para comenzar a maravillarse con la magia de la existencia a través de estar atentos plenamente a su experiencia en el presente.

Sin embargo, el “optimismo”, desde mi punto de vista está mal conceptualizado, es bastante sobrevalorado y puede incluso llegar a ser peligroso. He visto como, en el intento de mantenerse animadas, contentas y esperanzadas, viendo las cosas por el lado positivo, las personas niegan aspectos de sí mismas, de los otros y de las situaciones para hacerlo todo coherente con este optimismo, a veces, inconscientemente forzado.

Creo que, en ocasiones resulta positivo darse cuenta de aquellas cosas que no andan “bien”, enojarse, no estar de acuerdo, poner límites, asumir que hay situaciones que no nos gustan, pues sólo a través de la consciencia es que podemos llegar a aceptar y a aprender de las experiencias. Cuando esto no se hace, entramos en la rueda del “optimismo hueco”, en un des-enraizamiento de nosotros mismos y en una paulatina deshumanización, pues perdemos la oportunidad de conocernos momento a momento de manera realista y perdemos también de vista a los demás, viéndolos sólo como un reflejo optimista de nosotros mismos.

Para mí, un optimista es quien tiene la capacidad de observar las situaciones, siendo consciente de sus emociones, sean estas agradables o no y vivirlas sumergiéndose en ellas. Es quien logra vivenciar cada cosa con todos los sentidos, con el corazón y también con la cabeza, sintiéndose feliz, emocionado, triste, confundido o enrabiado, según sea el caso, pero aceptando y manteniendo firme la convicción de que toda situación es una oportunidad para aprender más de sí mismo, de los otros y del mundo para volverse cada vez más íntegro y más feliz. 

viernes, 21 de septiembre de 2012

FACEBOOK: La tribuna, la vitrina y los mil amigos...


Siempre he considerado que las redes sociales son un arma de doble filo. Facebook es aquella con la que más relación tengo y la que más conozco, pues me ha sido útil y entretenida durante varios años, pero al mismo tiempo, me genera ciertas aprehensiones.

Facebook es como una especie de tribuna para publicar los propios pensamientos y opiniones, intentar sensibilizar a las personas con aquellos temas que uno considera importantes, compartir ideas, entregar información, conseguir datos, favores, cooperación en algo, organizarse con otras personas, vender, comprar, publicitar, etc. Al mismo tiempo es una vitrina, a través de la cual podemos conocer cómo piensan los demás, reírnos de sus chistes, enterarnos de noticias, eventos, conocer iniciativas de otros, aprender, conocer productos y ofertas, etc. Pero también es un espacio para socializar, para “comunicarse” con o “saber” de personas importantes en la vida de uno y con las que, si no fuese por esta herramienta, no se tendría contacto alguno, no porque no resulten interesantes, sino por el simple hecho de que en la vida sin facebook, uno no tendría el tiempo, la energía ni la memoria para estar en contacto y, en cierto modo, cumplir adecuadamente la labor de amigo con tantas personas a la vez.

He ahí la trampa. Las redes sociales generan una ilusión de cercanía que en ocasiones está lejos de ser real. Sentimos como si supiéramos lo que le pasa a este u otro personaje, pensamos que los demás leen y se interesan en lo que publicamos, creemos que tal o cual persona se queja mucho, sin darnos el trabajo de saber por qué razón se queja. Nos reímos de las bromas y chistes que publican otros, ponemos caritas tristes en los comentarios tristes, sin a veces detenernos a hacer un llamado para saber qué le pasa a la persona y, preguntándoselo, con suerte, a través de un mensaje... Probablemente porque revisar el facebook, puede llegar a parecerse a hojear una revista escrita por personajes de los que uno tiene un conocimiento superficial.

La gran pregunta para mí es ¿Facebook facilita la socialización o la limita?.. Es una pregunta simple, pero interesante que, probablemente muchos nos hemos hecho en algún momento y de la que me encantaría recibir opiniones. 

Particularmente, hoy yo pienso que esta herramienta hace ambas cosas; por una parte facilita el contacto, permitiéndole a uno saludar para el cumpleaños, dar buenos deseos, quejarse, tirar una talla, dar un consejo, unirse en una cruzada importante, cooperar con iniciativas interesantes o útiles, contar lo que uno está haciendo, publicar una reflexión, canción, poema, foto o lo que sea que a uno le haga sentido. Viéndolo fríamente, es como tirar cosas importantes al viento (con unas pocas tecleadas) y si alguien las agarra... Las agarra. Además, hay que tomar en cuenta que Facebook hace posible establecer relaciones superficiales con muchas personas a la vez, algo que es una gran cosa en estos tiempos en los que la norma es “mientras más, mejor”.

Pero, por otra parte, limita el contacto y la socialización cara a cara, persona a persona o, por último, voz a voz. El saludo de cumpleaños por facebook, la pregunta rápida de “¿Cómo va tal cosa o esta otra?... ¿Cómo estás?... ¿En qué ha andado tu vida?, al parecer lo exime a uno de llamar por teléfono e incluso, en ocasiones, de la necesaria visita.

Al respecto, he pensado últimamente que a veces extraño los llamados, sobretodo los teléfonos fijos que permitían hablar largo y tendido sin la aprehensión de saber que estás hipotecando un ojo en cada minuto (cuando uno no está precisamente paseando entre vacas gordas). Extraño todo eso tanto, como mi propia capacidad de llamar sin sentir que aquello es un esfuerzo.

¿Alguien se ha preguntado cómo nos moveríamos sin Facebook, twitter, Wassap (¿O se escribe Whatsup?) y Messenger,  hoy en día?...  ¿Cuántos cumpleaños se nos olvidarían sin la página de inicio de Facebook que nos los recuerda? ¿A cuántas de las personas que actualmente les hablamos, saludamos y les hacemos comentarios, seguiríamos llamando o visitando? ¿Cuál sería nuestra tribuna?.. ¿Iríamos a predicar nuestras ideas y a colgar afiches en las calles?... ¿Nos quejaríamos en persona? ¿Cantaríamos a otros las canciones que nos gustan? ¿Relataríamos los videos que hemos visto o invitaríamos a nuestros amigos a la casa para verlos juntos?

En fin, como dicta el dicho popular “En la cancha se ven los gallos”... Mi duda es... ¿Si la cancha es virtual, los gallos también lo somos?