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miércoles, 7 de enero de 2015

Una mirada diferente de los propósitos para el 2015

Publicado en witty.la
Ya pasaron las Fiestas de fin de año… Muchos de ustedes, probablemente pusieron en práctica algunos de los rituales de año nuevo, esperando generar así una atmósfera de esperanza y positivismo para comenzar el 2015… Yo también lo hice; junto a mi familia nos atragantamos con 12 uvas para la buena fortuna, usamos cotillón y sacamos fotos divertidas con Mohicanos colorinches, corbatas brillantes como la que usó Arturo Vidal en su matrimonio y sombreros escarchados. Atragantarse con lentejas, ponerse calzones amarillos, dar la vuelta a la manzana, poner una argolla en el espumante, prender velas de colores, poner un billete en el zapato, escribir los propósitos y deseos de año nuevo y abrazar primero a alguien del sexo opuesto, son cosas que no hice, porque no sé mucho de esos temas, pues no soy supersticiosa, jajaja.
Y en fin, podemos decir que con la llegada de Enero, terminó la fase en la que la mayoría de las personas se vuelven más reflexivas y sentimentales que de costumbre, haciendo balances y mostrándose más abiertas y receptivas a expresar sus emociones.
¿Pero cuáles tienden a ser nuestros balances?… En general, solemos evaluar el año anterior de acuerdo a lo “bueno” o “malo” que fue para nosotros y quienes nos rodean. Revisamos si fuimos capaces de cumplir con éste o aquel objetivo, cómo estuvimos en cuanto a la salud, si logramos superar alguna meta, si recibimos lo que esperábamos, si sentimos que el año nos aporreó más de la cuenta o si logramos algún aprendizaje importante. Y en nuestros propósitos solemos proyectarnos “visualizando” el cumplimiento de nuestros deseos y metas; teniendo mejor salud, más dinero y/o más y mejor amor.
Antes de año nuevo, una amiga me envió por whatsapp un texto llamado “el balance”, escrito por Mamerto Menapace, Monje Benedictino. Me pareció inspiradora la visión que plantea, en la que invita a evaluar los años en función de “cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos”. Propone que no hay años malos, que sólo hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son.
Con estos criterios, el autor se pregunta qué deberíamos hacer para poder construir un buen año, si queremos mejorar como personas y ser felices. Los invito a leer completa esta reflexión y a preguntarse ¿Qué es para ti la felicidad?
Solemos pensar que nuestro bienestar depende del medio, de lo externo, y es así como sentimos que nuestra felicidad obedece a nuestra estabilidad económica, a la calidad de nuestras relaciones, a nuestros logros y los de nuestras familias y al cumplimiento de nuestras expectativas ¿Pero cuan duradera es esta felicidad? Por ejemplo; Si estamos en un paisaje maravilloso, con la mejor compañía, escuchando los sonidos de la naturaleza, sintiéndonos plenos y, de pronto, la persona con quién estamos nos hace un comentario que nos genera malestar… ¿Nuestra felicidad se acaba? ¿Deja de existir el paisaje maravilloso y esta persona se transforma en un monstruo malvado que quiere dañarnos?
Si somos capaces de entrenar y mantener un estado de “mente feliz” tal vez podamos entender que probablemente este comentario desagradable, responde a algo en particular y no necesariamente debe afectar nuestra felicidad; podemos mantener la calma y continuar disfrutando o conversar tranquilamente acerca de lo sucedido.
En este contexto entonces, podemos decir que la felicidad es un estado mental de bienestar y satisfacción, que no depende del medio, sino que se trata más bien de una decisión.
¿De qué manera podemos entonces decidir que nuestros estados de felicidad sean más estables y duraderos?; pues a través de la meditación o de la simple contemplación. Orientándonos a enfocar nuestra atención hacia aquello que resulta positivo para nosotros y para los demás, en vez de vivir en una constante crítica acerca de las faltas propias y de los otros. Esto no implica, de ninguna manera, negar la existencia del sufrimiento, de la ira y de todos aquellos estados y emociones que nos hacen sentir mal, pues forman parte de nuestra vida y deben ser aceptados, tener su espacio para ser reconocidas y experimentadas como parte del proceso de aprender a vivir. Negarlas, sólo nos lleva a reprimir y a dejar que actúen por debajo de nuestra consciencia, dañando a los demás e incluso a nosotros mismos.
Seamos capaces pues, de vivir lo más distante que sea posible de la envidia y disfrutemos con los logros y avances propios y ajenos, busquemos de manera permanente ser mejores personas, reconociendo y trabajando nuestras falencias que siempre estarán presentes, pues la construcción de uno mismo es un proceso que dura toda la vida y, si bien, no resulta fácil, es más placentero que vivir en la queja y la decepción.
Estoy segura de que si orientamos nuestros esfuerzos a entrenar una mente alegre; todo lo que necesitemos llegará por sí sólo y, nos daremos cuenta además, de que no se necesita tanto para alcanzar el bienestar. Feliz 2015 a todos y todas; que podamos estar libres de sufrimiento y que encontremos la paz.