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PASABA

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lunes, 6 de febrero de 2017

AMOR EXPRESS

No sé si los solteros y solteras de más de 35 (por poner una edad) se habrán detenido a pensar en lo frecuentes que son en estos tiempos las relaciones express… Esas que se dan con una rapidez abismante, tienen un desarrollo intenso y finalizan también al poco tiempo. Es un fenómeno cada vez más frecuente en nuestra sociedad, que puede ser fuente de placer y de “autoestima” para l@s “coleccionistas de experiencias” o motivo de frustración para quienes desean una relación estable y duradera. He venido observando esta situación desde hace un tiempo, tanto en mi consulta, como en mi círculo y en mi experiencia y, tengo ciertas hipótesis y apreciaciones al respecto que me gustaría compartir.

Sabemos que estamos viviendo en la era de lo desechable. Prueba de ello es la tecnología, que siempre es superada por una más avanzada. La gente está acostumbrada a cambiar su celular por el último modelo, a renovar su auto cada cierto tiempo, a acumular ropa y a cambiar personas. Nunca estamos satisfechos y ya no estamos dispuestos a esperar, a conservar, a intentar mejorar ciertas cosas, sino más bien, estamos muy poco dispuestos a tolerar “defectos” o “fallas” porque incluso sale más barato comprar algo nuevo que arreglar lo viejo en muchos casos.

Esto lamentablemente se ha trasladado también a lo humano y a las relaciones afectivas, principalmente las de pareja. Las personas continúan idealizando; buscando “la media naranja”, “el alma gemela” y relacionándose con mucha rapidez, obnubilados por el proceso hormonal del enamoramiento e idealizando de manera, a veces burda, a personas que recién están conociendo.

Voy a poner como ejemplo las aplicaciones para conocer personas. En ellas la gente se presenta primero por foto, luego comienzan a conversar, si el interés aumenta, se dan más antecedentes de contacto para continuar con el proceso del conocimiento “virtual”, que tiene una duración relativa en cada caso. Se entra en conversaciones más o menos profundas y muchas veces perciben que el momento de verse y conversar en directo será la confirmación o desconfirmación de ese interés mutuo. Una vez pasada esa barrera, se entra en estado de “enamoramiento” (no hablo con este término de amor, sino del proceso hormonal y afectivo que ocurre previamente al amor). 

El enamoramiento, como ya lo he manifestado en otras oportunidades, tiene mucho de autoengaño, lo que no implica que sea negativo. Todo lo contrario, pues es absolutamente necesario que esto ocurra para que las personas busquen una mayor intimidad afectiva y se conozcan mejor en función de establecer relaciones profundas. Pero lo que ocurre frecuentemente, es que tras la primera cita, si el interés mutuo es confirmado, se entra inmediatamente en un proceso de intimidad. Poniéndolo en palabras simples, ocurre que much@s entran en la ilusión de que son el uno para el otro, se sienten eufóricos y comienzan a compartir como si llevaran mucho tiempo juntos. Hay sexo, demostraciones de afecto, promesas, convivencia de un par de días, a veces incluso presentaciones en sociedad y de esta forma se acelera el proceso, llegando en muchos casos a la saturación.

Las personas se ahogan o se sienten defraudadas porque el/la otro/a no es tan perfect@ como prometía ser… Y como se tiene la sensación de que hay muchos peces en el mar, se desecha a la persona y se termina la relación, para buscarse otr@ más buen@ y volverse a “enamorar”.

Historias tales como: “nos conocimos el viernes pasado, nos quedamos juntos ese día en mi casa, y nos vimos todo el fin de semana y desde ahí no nos separamos nunca más. Me hace sentir muy especial, tenemos un fiato perfecto, nunca imaginé encontrar alguien así a estas alturas de mi vida…” son muy comunes en la actualidad. Las palabras de amor brotan a la velocidad de la luz, pero luego afloran las “pifias”, la intolerancia y la frustración. Muchas veces el “no nos separamos nunca más” dura dos, tres semanas, uno, dos o tres meses porque uno de los dos o ambos se saturan y la relación termina. Al día siguiente, entre lágrimas y mocos, en medio de la rabia y/o frustración o con una calma incomprensible, se retoma conversación con algún/a otro/a rezagado/a de la aplicación utilizada, con una nueva persona o se sale y se conoce a otro/a y todo comienza otra vez.

Si lo analizamos en profundidad, resulta bastante frívolo y triste. Porque las personas no somos teléfonos, computadores ni productos. Ya tenemos exceso de desechos en el planeta como para tener también exceso de desechos en el corazón (aunque suene cursi o hippie). Por eso creo que es importante cuidarnos y cuidar a los demás, por el sólo hecho de que son individuos y, por tanto, tienen emociones, expectativas, alegrías, temores y dolores. Todos hemos sido heridos y hemos dañado alguna vez y, a pesar de que no podemos hacernos cargo de todo lo que siente el otro, sí podemos ser responsables de nuestros actos y, con ello, manejar dentro de lo posible, las expectativas y frustraciones que generamos, actuando desde una base moral de respeto y empatía.

¿Cuál sería la cura de este mal?... La bendita paciencia, el amor y el respeto por nosotros mismos y por los demás. Ser capaces de retardar la consecución del placer, actuar de manera menos impulsiva, tomarnos el tiempo de conocer al/la otr@ más allá de las propias expectativas, dándonos a conocer paulatinamente, compartiendo, tolerando, conversando las diferencias y viendo si existen posibilidades de ajuste, son claves para que una relación se transforme en algo real y duradero. Debemos tener claro, por más obvio que suene, que no existe el “amor instantáneo” que viene en un frasco y se materializa al abrirlo, tampoco las personas perfectas ni hechas a la medida… esos son mitos que, lamentablemente las redes sociales con las publicaciones de amor maravilloso en las que no se ve la parte oscura y conflictiva, la publicidad, el cine y la literatura han inoculado en nuestras mentes como ideales alcanzables. El amor es un proceso que se construye día a día, una decisión que se mantiene y un vínculo que se cuida y que cambia permanentemente.


Repito, a tod@s nos han hecho daño y, con o sin querer, también hemos dañado a otros; seamos conscientes y responsables, cuidémonos y cuidemos, conozcamos nuestros límites, no nos transgredamos ni pasemos a llevar las barreras de los demás. Y si aun así, no funciona, tengamos claro que ya funcionará. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

SE PORTAN BIEN CUANDO L@S TRATAN MAL

Publicado en witty.la
Hace muchos muchísimos años, había un comercial de una máquina de afeitar o algo por el estilo, muy machista por lo demás, en el que se daba un doble sentido a la frase “se portan bien, cuando las tratan mal”. En las últimas semanas, esta frase se ha hecho presente en variadas ocasiones y escenarios de mi vida; en conversaciones con amigos, en mi trabajo como terapeuta y, por qué no decirlo, en la exploración de mis propias experiencias.
Hago hincapié en que el asunto del que voy a hablar es un fenómeno transversal que va más allá del género y de la etapa vital de las personas y, aclaro que la elaboración y el análisis que voy a hacer del tema se basa sólo en mi experiencia y especulación.
Términos como “cabrona”, “bruja”, “narciso”, “inestable”, “cuático/a” y otros, tienden a formar parte de la definición de aquel ser que, siendo el objeto de nuestro deseo, nos resulta difícil de alcanzar o de mantener cerca. En muchas ocasiones vemos como las personas que más responden a esos apelativos, al menos en cuanto a su comportamiento en una determinada relación, son aquellas que más obsesión, admiración, “enamora – miento”, afán de conquista, callosidades abdominales y sometimiento generan. Y, por el contrario, quienes más abiertos/as y genuinamente interesados/as se muestran frente a su contraparte en el amor, generan menos interés.
¿Cuántas veces han pensado o han escuchado a alguien decir?: “Nunca me resulta con l@s que realmente me gustan” o, por el contrario, “Cuando alguien no me gusta, tengo un éxito total y no me l@ puedo sacar de encima”. ¿Cuántas veces han vivido esa experiencia de estar con alguien que es tan, demasiado e increíblemente buen@, pero no les gusta lo suficiente? ¿o quizás han tenido la sensación de que su propio despliegue de amor, atención, sinceridad y cuidado no ha sido valorado o ha hecho que pierdan su atractivo frente al otro?
Es un dilema muy complejo como verán. Al parecer “la estrategia de ser estratégico” ha alcanzado los dominios de Eros también. Cupido tira las flechas chuecas y hace que las cosas no sean tan genuinas o que se compliquen para ver si las enderezamos y logramos que “le achunten” como debiesen al corazón del ser deseado.
He visto que, lamentablemente, que cuando le he sugerido a alguien tomar distancia, demostrar menos interés en la otra persona o estar menos disponible, “la tortilla se da vuelta”. Él o la “contrincante” termina rendid@ a los pies de quien lo estuvo ahogando. Todo a costa de triturar las propias ganas de estar presente, ser comprensiv@, cariñoso@ y atento@, disfrazando nuestros sentimientos de una impostada indiferencia.
¿Será que hemos visto muchas teleseries?, ¿Que realmente nos hemos creído el dicho “al que quiere celeste, que le cueste”?, ¿O pensamos que aquello que resulta más simple tiene menos valor?
Yo recuerdo con la añoranza de una anciana aquellos tiempos en los que el amor era tan simple como “me gustas”, “a mí también”… ¿Pololiemos?
Miedo a equivocarse o a sufrir… Necesidad de sentirse importante o atractivo/a… Masoquismo… Tendencias sádicas… O rollos varios: sea la razón que sea, creo que es momento de revisarnos y buscar en nosotros mismos cuál es la causa de este mal de amores que cada vez deja más víctimas en su camino. Volvamos a la inocencia, a lo genuino, a interactuar con menos corazas. Al fin y al cabo, para que una pareja se constituya y se mantenga como tal, lo que se requiere a mi modo de ver, es un balance entre la atención y confirmación del otro, y el misterio de continuar siendo quien uno es, con su vida e intereses personales. El tan preciado misterio, siempre estará presente, pues todos tenemos una parte inasible, a la que nadie puede acceder, un mundo interno que no puede ser completamente conocido y esta cuota de incertidumbre debería bastarnos para amar.

sábado, 8 de marzo de 2014

SOLTERAS DE TREINTA Y TANTOS


Ya tengo treinta y cinco años, sigo soltera, sin hijos y dispersa para escribir. Soy profesional, con hartos estudios y postgrados que amononan mis tarjetas de presentación y claro, también han contribuido a que sea mejor profesional. Tengo un trabajo muy interesante y entretenido, además de mi peguita independiente. Estudio, tengo una vida social bastante activa y el tiempo me alcanza a duras penas para todo. Al final del día termino rendida, aunque generalmente contenta y prácticamente me arrastro los días Viernes después de la pega y el estudio para llegar al carrete pateándome las ojeras o definitivamente a desparramarme en los brazos del invisible Morfeo. Practico meditación, Qi Gong y de vez en cuando yoga y alguna que otra cosita que me sirva para manejar el estrés, mantenerme concentrada y estirarme un poquito. Intento dejarme un espacio para caminar o hacer aunque sea alguna mínima rutina deportiva... En realidad, ese es un recuerdo de etapas pasadas y, a la vez un plan con el que cumplo con cueva una vez a la semana. Vivo tratando de hacer dieta, aunque es como una misión imposible porque la comida es una de las cosas que más disfruto en la vida. He empezado a comprarme cremas para las "líneas de expresión", cremas reductivas, reafirmantes y para la celulitis, aunque no me de para pagar las caras y, probablemente más efectivas. Uso plano de relajación para el bruxismo, me saco las primeras canas con pinza y de vez en cuando las descubro emergiendo tiesas como antenas. Soy, como ven, parte de una especie bastante común en esta época en Santiago de Chile.

Con mis amigas solteras, además de juntarnos con los amigos emparejados y sus familias, disfrutando mucho de estas instancias, compartiendo con ellos y/o chocheando con sus hijos, vivimos buscando lugares donde salir a pasarlo bien, a veces bailar y conocer gente.

En la búsqueda de espacios para personas de treinta y tantos y cuarenta y pocos hemos terminado, por error de recomendación o por mal ojo, en lugares en los que parece que se estuviera celebrando una fiesta de graduación, con chiquillas que bordean los 20, arregladas como si fueran a una gala y chiquillos universitarios que quizás te ven como la tía buena onda o te saquen a bailar si el lugar está oscuro y no te cachan las patas de gallo o si se pasan el rollo del romance con la mina mayor. A mí, al menos, no me da... Me siento profundamente incómoda en esos lugares.
Pero, en el otro extremo, hemos llegado a sitios donde el público objetivo es la gente que era “lola” en los 70 - 80. Llega a dar envidia ver a las chiquillas entre 45 y 60 bailar contentas con pasos al estilo coreografía de Miss 17, con sus piernos en chaqueta de cuero, vestidos enteros de jeans o con looks ochenteros reloaded... Totalmente en su salsa, mientras uno se siente como poroto en paila marina cada vez que un señor que podría ser nuestro papá, nos saca a bailar con gesto seductor, aunque reconozco que algo de gracia le encuentro a sentirme "pendeja" en algún contexto... Hace que uno tenga la fantasía de ser más joven de lo que es. Pero, en fin, volviendo al tema, si hay algo que es común en todos los lugares de "esparcimiento nocturno", es el exceso de féminas, bien arregladas y pintosas y el déficit de especímenes masculinos, sean como sean.


En mis diferentes grupos de amigas somos varias las solteras, por eso siempre estoy bien acompañada en estas incursiones en la noche Santiaguina. Somos las que no alcanzaron la primera vuelta de los buenos pololos de la época universitaria que luego se transformaron en maridos. Tampoco encontramos a nuestra “alma gemela” en ninguna de las pegas, ni hemos conocido a nuestro hombre definitivo o semi-definitivo en ningún carrete, cumpleaños u otra instancia relativamente corriente. Algunas de mis partners solteras tienen hijos y otras, como yo, no tienen más responsabilidades que sus trabajos y sus propias vidas. Podemos viajar, salir, comprarnos alguna cosita simpática de vez en cuando, dormir hasta tarde, quedarnos en pijama los domingos, ver películas, leer, etc. Lo mismo hacen las mamás solteras o separadas, cuando el padre de sus hijos es correcto y los ve semana por medio.

La situación no es mala, en ocasiones es incluso muy buena, pero es rara. Por una parte, las amigas casadas y/o con hijos a veces desean estar “relajadas” como piensan que estamos nosotras, salir sin preocuparse de nadie, tener más espacio para ellas mismas. Pero nosotras tenemos demasiado espacio para nosotras mismas y a veces dan ganas de compartirlo con alguien más.

Somos un poco discriminadas, tanto por hombres como por mujeres, que piensan que andamos con el vestido de novia en la cartera o buscando a un “donante involuntario” para convertirnos en madres. Unas pocas nos ven como amenaza y cuidan a sus maridos para que no nos hablen mucho, porque piensan que somos “levanta hombres”. Y la verdad es que, muchas de nosotras sí queremos tener pareja y probablemente hacer familia antes de parecer abuelitas sin serlo y, lamentablemente no tenemos, como los hombres, toda la vida para eso... ¿Está eso mal?... ¿Es reprochable de alguna manera?... Considero muy injusto que se nos juzgue por nuestra condición genérica-etárea-civil. Ya cumplimos con pagar mucho más que los hombres en las Isapres por tener útero sin siquiera saber si lo vamos a usar o, en algunos casos, seguras de no querer ser madres, sólo porque estamos en "edad fértil", como si los hijos los hiciéramos solas por bipartición. Los hombres viven prácticamente toda su vida en edad fértil y nadie les cobra impuesto por sus gónadas.

A veces, cuando escucho a mis amigas con hijos, me dan ganas de ser mamá y otras veces, creo que con cueva podría criar a un gato. Esa es otra afición que he desarrollado con la madurez, el gusto por los gatos. Siempre me cargaron y hoy encuentro exquisitas las fotos de los gatos de mis amigas y regaloneo con cuática a la gata de los vecinos de mis papás, que se pasa a su patio, me ronronea y me amasa. ¿Qué más viene?... ¿Empezar a juntarme con mis amigas solteras a jugar canasta todos los martes tomándonos un clerycito?... Que miedo.


Hoy, y cuando digo hoy, me refiero tanto a “la actualidad”, como a “hoy sábado”, somos varias las que nos sentimos “raras”. Un poco desmotivadas, sin ganas de salir a hacer siempre lo mismo e intentando pensar en alternativas diferentes para pasarlo bien y conocer gente nueva. Porque en la noche la gente está siempre medio chamberleyn, más alegre y más cocoroca que de costumbre, en la onda de la caza y el joteo. Y yo, al menos, tengo dificultades para hacer contacto visual y no soy muy hábil en la seducción a primera vista, ni muy winner, sino más bien le pego al “hablamiento”, la risa y la talla, sin desmerecer mi estampa, por supuesto, jajaja. Por lo tanto, son espacios en los que difícilmente se puede encontrar a alguien para algo serio.

Hablando con una amiga en la tarde, llegamos a la conclusión de que tal vez es hora de buscar nuevas aficiones, porque la vida nocturna no arroja prospectos reales. Analizamos nuestra situación y nos dimos cuenta que, en realidad, hacemos hartas cosas. No estamos en nuestras casas todo el día esperando enamorarnos del cartero o del repartidor de pizzas a domicilio, menos aun esperamos encontrar al príncipe azul... ¡Ya las cachamos todas! Pero en en la pega, en los seminarios académicos, el gimnasio, el yoga, la meditación, los estudios, los viajes y todas nuestras otras actividades, tampoco hemos tenido la posibilidad de conocer a alguien que se pudiese proyectar tal vez como candidato a prospecto... Y no porque seamos de gustos exquisitos, sino porque NO HAY. No sabemos dónde se esconden los hombres solteros de nuestra edad. ¡Siempre las mujeres doblamos, como mínimo en número a los hombres!, en todos los lugares y no hay solución para ello. Sería ilegal e inmoral comenzar con una campaña "Pitéate una mina" para disminuir la competencia. Somos pares, somos mujeres, solidarias con el género y tenemos que cooperar unas con otras, pero incluso esto es una tarea titánica. No podemos reciclar ex pololos para presentárselos a las amigas porque la mayoría están casados y ya nos quedan pocos amigos solteros y heterosexuales para presentar... ¿Qué hacemos entonces?

Pensamos, como alternativa para conocer gente nueva, entregarnos a la vida sana y sumarnos a algún grupo de Trekking, pero es mala época, sobretodo pensando en que queda lo último del verano y, al menos yo, tras las vacaciones, no tengo estado físico para subir algo más alto que el San Cristóbal, sin quedarme en el camino para que me coman los jotes (los de verdad, los pájaros... Si fueran jotes humanos pintosos quizás me haría la muerta).

¿Grupos de cicleteros?... ¡Fregué!, porque soy parte del 1% de la población que no sabe andar bicicleta (esa historia es para otra columna completa y la estadística es inventada). No tengo auto, así es que no podría pertenecer a ningún tipo de club automovilístico;  “Mini Cooper lovers”, “Amigos de los Escarabajos”, ni “Adoradores fanáticos del Lada (el auto para toda la vida)”. No tengo perro para ser “Dog lover”, ni gato propio para ser "Cat lover", no tengo religión, como para ir a echar un ojo a la misa, al templo, ni a otro lugar sagrado. ¡Ni siquiera podría pertenecer a un club de televitos! porque casi no veo tele... A menos que creara una agrupación de defensores y conservadores de las teles con poto (como les dice una amiga mía a los televisores antiguos), ¡porque una de esas sí tengo! y es la raja...

¿Grupos de análisis literario?... Mmmm, probablemente haya exceso de pseudo-intelectuales posmo que
hablen lindo, sin decir nada. ¿Amantes del vino?... Peligro de caerse al litro con todos los compañeros... ¿Apreciación del arte?... Tal vez mucho chanta que quiera aprender a hacerse el culto para engrupir. ¿Filatelia?... Mucho viejito. ¿Grupos de intercambio de esquelas?... Se me cayó el carnet.

Difícil es pues, la tarea de encontrar a alguien con quien calentarse las patitas este invierno y que continúe refrescándonos la vida el próximo verano y así sucesivamente por años. Queda “lo que botó la ola” y somos “lo que botó la ola”, digámoslo tal cual de una vez por todas. No por pencas, ni por feas, ni por tontas, ni por locas... Tal vez por mala cueva, tal vez por buena cueva, quizás por quisquillosas, por pitis, por no haber estado en el lugar indicado en el momento preciso o simplemente porque sí.

No alcanzamos la primera vuelta y quizás eso es bueno... Viene una segunda vuelta... la de los separados. Espero que podamos encontrarnos, los y las que botó la ola entre sí, o éstos con los separados que vienen por la segunda vuelta... ¡Para no tener que esperar a la tercera!... Porque si el amor de mi vida es un viudo al que voy a conocer en un viaje de la tercera edad de la caja de compensación, me gustaría saberlo para no perder tiempo pensando en la posibilidad de encontrarlo ahora.

Suerte y ánimo a mis congéneres, a quienes están en igual situación, siendo hombres o mujeres... ¡Que se encuentren los corazones!... Y que el amor alcance para todos... ¿Amén?



domingo, 23 de septiembre de 2012

"OPTIMISMO" Y OPTIMISMO



Cuando pienso en aquellas personas que viven en una queja constante, a veces sin darse cuenta, asumo que probablemente, entre otras cosas, necesitan, en primera instancia darse cuenta, entender por qué lo hacen y aprender a ver la vida desde puntos de vista alternativos, simplemente conectándose con su experiencia más que con los significados que tienden a otorgarle de manera regular, entendiendo que la "identidad" no es inmutable y que no vale la pena aferrarse e identificarse con formas que no resultan útiles ni cómodas. Requieren también un shock de optimismo que les permita abrir los ojos al mundo y quitar el velo negro a través del cual ven la vida, para comenzar a maravillarse con la magia de la existencia a través de estar atentos plenamente a su experiencia en el presente.

Sin embargo, el “optimismo”, desde mi punto de vista está mal conceptualizado, es bastante sobrevalorado y puede incluso llegar a ser peligroso. He visto como, en el intento de mantenerse animadas, contentas y esperanzadas, viendo las cosas por el lado positivo, las personas niegan aspectos de sí mismas, de los otros y de las situaciones para hacerlo todo coherente con este optimismo, a veces, inconscientemente forzado.

Creo que, en ocasiones resulta positivo darse cuenta de aquellas cosas que no andan “bien”, enojarse, no estar de acuerdo, poner límites, asumir que hay situaciones que no nos gustan, pues sólo a través de la consciencia es que podemos llegar a aceptar y a aprender de las experiencias. Cuando esto no se hace, entramos en la rueda del “optimismo hueco”, en un des-enraizamiento de nosotros mismos y en una paulatina deshumanización, pues perdemos la oportunidad de conocernos momento a momento de manera realista y perdemos también de vista a los demás, viéndolos sólo como un reflejo optimista de nosotros mismos.

Para mí, un optimista es quien tiene la capacidad de observar las situaciones, siendo consciente de sus emociones, sean estas agradables o no y vivirlas sumergiéndose en ellas. Es quien logra vivenciar cada cosa con todos los sentidos, con el corazón y también con la cabeza, sintiéndose feliz, emocionado, triste, confundido o enrabiado, según sea el caso, pero aceptando y manteniendo firme la convicción de que toda situación es una oportunidad para aprender más de sí mismo, de los otros y del mundo para volverse cada vez más íntegro y más feliz. 

miércoles, 6 de agosto de 2008

EL FENÓMENO "ABRAZO" (Instrucciones e implicancias)



El abrazo, es como un medicamento de rápida acción o, como dirían algunos, un bálsamo para el alma. Es un simple acto, que no requiere demasiada técnica en el que se puede entregar y, a la vez recibir afecto, comprensión, ánimo, energía, etc.

Tiene, en general, mayor significado e intensidad que una palabra, ya que con este solo gesto podemos transmitirle a una persona diferentes mensajes y sensaciones de manera simultánea; como por ejemplo, “te quiero”, “estoy orgulloso de ti”, “que gusto verte”, “felicitaciones”, “te entiendo”, “lo siento”, “te pasaste”, “no quiero separarme de ti”; en fin, tantos mensajes como tipos de abrazos existen.

El abrazo implica contacto físico, complicidad del alma e intercambio emocional. En ocasiones, puede incluso contribuir a la disminución de una dolencia física. ¿Han notado como a veces, cuando nos duele la cabeza nuestro malestar disminuye considerablemente si ponemos la palma de nuestra mano sobre la zona de la cabeza que nos mortifica? Es como si el dolor se transmitiera en parte a la mano, sin que ésta sufra, absorbiéndolo y aliviando un poco a la cabeza. Lo mismo ocurre cuando una persona brinda un abrazo a otra que está siendo aquejada por una dolencia física o emocional. El que ofrece su abrazo puede absorber algo de ese malestar, sin llegar a padecerlo, pero sí conectándose emocionalmente y coordinándose con sus sensaciones, pudiendo traspasarle a cambio amor, comprensión, energía y protección.

Yo los invito a que intenten abrazar a alguien con conciencia de lo que hacen; percibiendo momento a momento lo que sucede con ustedes y con el otro en el proceso, tanto física como emocionalmente... Y que lo disfruten.

Para quienes no saben bien como hacerlo, a continuación les entrego algunos “tips” e instrucciones simples para realizar un abrazo básico:

En primer lugar, es necesario que haya, al menos, dos personas dispuestas a abrazar y ser abrazados en determinado momento y lugar. Para llevar a cabo el abrazo, se utiliza principalmente la parte superior del cuerpo. Los hombros y los brazos son de gran ayuda y dan al proceso una mayor intensidad, no obstante, a falta de extremidades superiores, éstas pueden ser sustituidas por una mayor expresividad de la cabeza, el cuello y el pecho. El resto del cuerpo participa dependiendo de la tonalidad emotiva y de la intencionalidad del abrazo.


Para simplificar la descripción del procedimiento, se ejemplificará sólo el abrazo de a dos personas. Las mismas recomendaciones pueden ser utilizadas en el caso de los abrazos grupales, pero se recomienda calcular la orientación y los ángulos de acuerdo al espacio disponible para una mejor coordinación y acople de los participantes.

En primera instancia, tenemos dos personas frente a frente o lado a lado… En el primer caso, generalmente se utilizan ambos brazos y, en el segundo uno, aunque también es posible usar los dos, pero resulta un poco más incómodo. Se requiere inicialmente un acercamiento que puede terminar en un contacto cuerpo a cuerpo o no necesariamente. Se acercan los brazos hacia la otra persona en posición frontal o hacia los lados y se estiran hasta tocar a la persona y rodearla por encima o por debajo de sus brazos. Si el abrazo es coordinado, este proceso se da simultáneamente entre ambos hasta que los brazos se cierran en torno a la otra persona. Cuánto del cuerpo del otro alcancemos a rodear, depende fundamentalmente de cuan “sustancioso” sea nuestro compañero/a o, dicho en vulgar chileno, de cuántas cazuelas le falten o le sobren.

Y de ahí viene lo anexo, que es lo que otorga un matiz emocional y un sentido al acto. Esto es, apoyar la cabeza en el hombro del otro, un apretón, un leve contoneo, palmoteos “a lo mero macho”, caricias, besos, palabras, sobones en la espalda, giros, saltos, gritos, risas, etc. Si se está frente a frente y, en algunas ocasiones también en la posición “side by side” es posible percibir los latidos del corazón del abrazado/abrazante, condición que incide en una mayor coordinación e intimidad.

Nada malo debería resultar de un abrazo consciente y aceptado, a menos que alguno de los participantes se sobrepase o le otorgue un sentido inadecuado al gesto, en oposición a las intenciones del otro. Si se está en la misma frecuencia... Todo va a estar bien y, si no, un abrazo puede sintonizar a dos o más personas fácilmente.

En consecuencia, después de estas breves y útiles instrucciones, no queda más que practicar para ir perfeccionando la técnica, hacer de ésta una actividad frecuente y transformarnos en expertos del abrazo.

Un abrazo para todos los que lean este artículo...