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PASABA

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lunes, 6 de febrero de 2017

AMOR EXPRESS

No sé si los solteros y solteras de más de 35 (por poner una edad) se habrán detenido a pensar en lo frecuentes que son en estos tiempos las relaciones express… Esas que se dan con una rapidez abismante, tienen un desarrollo intenso y finalizan también al poco tiempo. Es un fenómeno cada vez más frecuente en nuestra sociedad, que puede ser fuente de placer y de “autoestima” para l@s “coleccionistas de experiencias” o motivo de frustración para quienes desean una relación estable y duradera. He venido observando esta situación desde hace un tiempo, tanto en mi consulta, como en mi círculo y en mi experiencia y, tengo ciertas hipótesis y apreciaciones al respecto que me gustaría compartir.

Sabemos que estamos viviendo en la era de lo desechable. Prueba de ello es la tecnología, que siempre es superada por una más avanzada. La gente está acostumbrada a cambiar su celular por el último modelo, a renovar su auto cada cierto tiempo, a acumular ropa y a cambiar personas. Nunca estamos satisfechos y ya no estamos dispuestos a esperar, a conservar, a intentar mejorar ciertas cosas, sino más bien, estamos muy poco dispuestos a tolerar “defectos” o “fallas” porque incluso sale más barato comprar algo nuevo que arreglar lo viejo en muchos casos.

Esto lamentablemente se ha trasladado también a lo humano y a las relaciones afectivas, principalmente las de pareja. Las personas continúan idealizando; buscando “la media naranja”, “el alma gemela” y relacionándose con mucha rapidez, obnubilados por el proceso hormonal del enamoramiento e idealizando de manera, a veces burda, a personas que recién están conociendo.

Voy a poner como ejemplo las aplicaciones para conocer personas. En ellas la gente se presenta primero por foto, luego comienzan a conversar, si el interés aumenta, se dan más antecedentes de contacto para continuar con el proceso del conocimiento “virtual”, que tiene una duración relativa en cada caso. Se entra en conversaciones más o menos profundas y muchas veces perciben que el momento de verse y conversar en directo será la confirmación o desconfirmación de ese interés mutuo. Una vez pasada esa barrera, se entra en estado de “enamoramiento” (no hablo con este término de amor, sino del proceso hormonal y afectivo que ocurre previamente al amor). 

El enamoramiento, como ya lo he manifestado en otras oportunidades, tiene mucho de autoengaño, lo que no implica que sea negativo. Todo lo contrario, pues es absolutamente necesario que esto ocurra para que las personas busquen una mayor intimidad afectiva y se conozcan mejor en función de establecer relaciones profundas. Pero lo que ocurre frecuentemente, es que tras la primera cita, si el interés mutuo es confirmado, se entra inmediatamente en un proceso de intimidad. Poniéndolo en palabras simples, ocurre que much@s entran en la ilusión de que son el uno para el otro, se sienten eufóricos y comienzan a compartir como si llevaran mucho tiempo juntos. Hay sexo, demostraciones de afecto, promesas, convivencia de un par de días, a veces incluso presentaciones en sociedad y de esta forma se acelera el proceso, llegando en muchos casos a la saturación.

Las personas se ahogan o se sienten defraudadas porque el/la otro/a no es tan perfect@ como prometía ser… Y como se tiene la sensación de que hay muchos peces en el mar, se desecha a la persona y se termina la relación, para buscarse otr@ más buen@ y volverse a “enamorar”.

Historias tales como: “nos conocimos el viernes pasado, nos quedamos juntos ese día en mi casa, y nos vimos todo el fin de semana y desde ahí no nos separamos nunca más. Me hace sentir muy especial, tenemos un fiato perfecto, nunca imaginé encontrar alguien así a estas alturas de mi vida…” son muy comunes en la actualidad. Las palabras de amor brotan a la velocidad de la luz, pero luego afloran las “pifias”, la intolerancia y la frustración. Muchas veces el “no nos separamos nunca más” dura dos, tres semanas, uno, dos o tres meses porque uno de los dos o ambos se saturan y la relación termina. Al día siguiente, entre lágrimas y mocos, en medio de la rabia y/o frustración o con una calma incomprensible, se retoma conversación con algún/a otro/a rezagado/a de la aplicación utilizada, con una nueva persona o se sale y se conoce a otro/a y todo comienza otra vez.

Si lo analizamos en profundidad, resulta bastante frívolo y triste. Porque las personas no somos teléfonos, computadores ni productos. Ya tenemos exceso de desechos en el planeta como para tener también exceso de desechos en el corazón (aunque suene cursi o hippie). Por eso creo que es importante cuidarnos y cuidar a los demás, por el sólo hecho de que son individuos y, por tanto, tienen emociones, expectativas, alegrías, temores y dolores. Todos hemos sido heridos y hemos dañado alguna vez y, a pesar de que no podemos hacernos cargo de todo lo que siente el otro, sí podemos ser responsables de nuestros actos y, con ello, manejar dentro de lo posible, las expectativas y frustraciones que generamos, actuando desde una base moral de respeto y empatía.

¿Cuál sería la cura de este mal?... La bendita paciencia, el amor y el respeto por nosotros mismos y por los demás. Ser capaces de retardar la consecución del placer, actuar de manera menos impulsiva, tomarnos el tiempo de conocer al/la otr@ más allá de las propias expectativas, dándonos a conocer paulatinamente, compartiendo, tolerando, conversando las diferencias y viendo si existen posibilidades de ajuste, son claves para que una relación se transforme en algo real y duradero. Debemos tener claro, por más obvio que suene, que no existe el “amor instantáneo” que viene en un frasco y se materializa al abrirlo, tampoco las personas perfectas ni hechas a la medida… esos son mitos que, lamentablemente las redes sociales con las publicaciones de amor maravilloso en las que no se ve la parte oscura y conflictiva, la publicidad, el cine y la literatura han inoculado en nuestras mentes como ideales alcanzables. El amor es un proceso que se construye día a día, una decisión que se mantiene y un vínculo que se cuida y que cambia permanentemente.


Repito, a tod@s nos han hecho daño y, con o sin querer, también hemos dañado a otros; seamos conscientes y responsables, cuidémonos y cuidemos, conozcamos nuestros límites, no nos transgredamos ni pasemos a llevar las barreras de los demás. Y si aun así, no funciona, tengamos claro que ya funcionará. 

sábado, 18 de julio de 2015

Solteros de los que conviene escapar

Publicado en witty.la

En la “guerra de los sexos”, los hombres suelen definirnos a nosotras como “cuáticas”, enrolladas, controladoras, brujas, etc. Dicen que sobre-interpretamos las cosas, que somos excesivamente emocionales, que esperamos que ellos adivinen lo que nos pasa y muchas otras cosas más. Pero, a pesar de todo eso, igual nos quieren y nosotras a ustedes… Y es que, ¿qué sería de nosotros si no pudiésemos burlarnos un ratito de algunas cualidades del sexo opuesto cuando resulta tan entretenido?
Y, como yo soy mujer y me gusta jugar un poco con las tipologías, he decidido hacer una especie de resumen de aquellos solteros entre 35 y 45 años (por poner un rango), con los que se puede tener malas experiencias, ya sea en la primera cita, como en el proceso de enamora-miento.
Tómenselo con humor, que para reírse está hecho. A ver si algún hombre puede escribir la contraparte para que podamos reírnos todos.
Congéneres, si se encuentran con alguno de éstos, corran por su vida, antes de que sea demasiado tarde. Aquí vamos:

1. Pepe Le Puf: Es aquel hombre que te conoce y ya te encuentra especial. La primera salida es un panorama increíble del tipo “te invito hoy a almorzar a la playa”. Estando allá te dice que siente una conexión especial y a la semana ya te está diciendo “mi amor” y se ofrece para ir a cocinar a tu casa. Jamás dejes entrar a un hombre así en la intimidad de tu hogar, pues sacarlo te dará un trabajo enorme. Te quiere ir a buscar y a dejar a todos lados, tiene toda la semana planificada para ti y nada en el mundo es más importante para él que estar contigo. Es un tipo tan pegote que ni siquiera te da tiempo de reflexionar acerca de si realmente te gusta o no. Pero en una que otra ocasión uno se las da de relajada y decide simplemente dejarse llevar y ver qué pasa. Y ahí está el problema, porque cuando te das cuenta que no te gusta, zafarte de él es una tarea titánica, principalmente, porque el tipo es tan empalagoso y centrado en lo que su mente le dice que tú eres, que con buenas palabras no entiende y siempre piensa que estás equivocada y que no sabes lo que realmente sientes. Finalmente te armas de valor, le explicas la situación con peras y manzanas y él dice que comprende; pero llora y en palabras menos dramáticas te dice que le has roto el corazón. Te recomiendo que te tomes un par de meses y averigües en qué está; apuesto a que su corazón está absolutamente re-estructurado, y está profundamente enamorado de otra víctima de su meloso proceder.
2. El macho regalito: Es aquel que piensa que viene envuelto en un papel finísimo, con una cintita en la cabeza y que cree que deberías sentirte profundamente feliz y agradecida de que “te haya elegido” para salir contigo. De una soberbia impresionante y con una capacidad sin igual para hablar maravillas de sí mismo por horas y horas. Te aseguro que te mira y ve tu cara como un emoticón con ojos de corazones, aunque en realidad tengas los ojos a medias astas y la cabeza se te esté cayendo de aburrida. Puede que en algún momento pregunte algo acerca de ti, pero en realidad no le importa; sólo lo hace para introducir su siguiente tema personal. Generalmente paga la cuenta, tiene regio auto, habla mucho de los países, los hoteles y los restaurantes que conoce, de los deportes extremos y excéntricos que practica y es capaz de darte su tarjeta desde el momento en que te conoció para que “lo llames si necesitas algo”, simplemente para que te enteres que él “no es na cualquier hueón” (perdón mi inglés), sino que es el Gerente de whatever y, por tanto un buen partido y “un reglito” por donde se lo mire.
3. El hombre estropajo: Es el tipo de hombre que demuestra un gran entusiasmo porque hayas querido salir con él. Te dice todo el tiempo lo linda, inteligente, simpática y divertida que eres y se compara contigo, definiéndose, en términos tragicómicos, como feo, fome y apagado. No tiene ni un brillo y te mira con cara de idiota durante todo el eterno rato que dura la primera y última salida. Luego, al momento de irse, te dice con voz entrecortada y casi llorosa “me imagino que no vas a querer salir conmigo nunca más ¿cierto?…” ¡Absolutamente cierto!
4. El seductor escapista: Es el tipo que demuestra interés por ti y que siempre te hace reír y pasarlo bien. Todo fluye, a ti te gusta, tú pareces gustarle también y todo va ocurriendo en el orden y los tiempos que la moral y las buenas costumbres indican para las damas como nosotras… Pero hay un grave problema; el proceso se ve interrumpido en múltiples ocasiones por una inexplicable tendencia al escapismo. Tras pasar un Sábado absolutamente romántico, puedes no recibir una llamada o un whatsapp en una semana entera, e incluso, no responder si tú lo llamas o le escribes… ¿Dónde se fue…? ¿Por qué se fue…? ¿Qué hizo durante ese tiempo en que no supiste nada de él…? Imposible saberlo, pues una de sus estrategias es, a pesar de actuar como si hubiera un “nosotros”, jamás dejar un espacio para hablar de “nosotros” y, cada vez que vuelve hace todo tan bien, que uno empieza a inventarse teorías acerca de su temporal desaparición; que tiene temor al compromiso, que está traumado por malas relaciones anteriores, que tiene un ritmo particular, que es inseguro, etc… ¡y la verdad está en nuestra propia nariz…! Cuando el seductor escapista desaparece, es porque cruza un pórtico secreto que lleva a otra dimensión, la misma a la que se van los zancudos cuando uno prende la luz para atraparlos después de que han revoloteado un largo rato en nuestra oreja. No desesperéis, así como los zancudos regresan cada vez que volvemos a apagar la luz, este Don Juan también lo hará (más o menos cada semana y media, o dos semanas).

5. El cuico-curao ordinario: El típico hombre educado, medio pituco que habla con la papa en la boca, sin que sus labios se rocen para pronunciar la “p” o la “b”. Te invita a un lugar exquisito, te trata como una reina y pide una tras otra botella de vino maravilloso hasta quedar “curao como tagua”. En ese momento viene la metamorfosis. Tras pagar la cuenta, tirar la talla con los mozos y botar un par de sillas en su zigzagueante caminar, te abraza, trata de darte un beso baboseado y empieza a hablarte en un tono asquerosillo y con cara de degenerado tratándote con términos como “guashita”, “cosita” y otras palabras que no correspondían a su fina estampa. No es raro que mientras vas, obviamente sola, de vuelta a tu casa, comiencen a llegarte mensajes ordinarios que, probablemente en su estado de ebriedad, el pobre hombre interpreta como “elegantemente insinuantes”. Un asco… Primera y última cita. 

6. El ghosting Flash: Se conocen, él te dice que le gustas, a ti también te gusta, viven todo el proceso del enamoramiento, las salidas, el paso a las diferentes instancias de una relación incipiente como una película en cámara rápida. Parece perfecto y, a pesar de sentir que todo ha sucedido de manera vertiginosa, decides dejar los cuestionamientos a un lado para vivir esta loca aventura. Te escribe poemas o canciones, te llama varias veces al día, quiere estar siempre en tu mente y tiene muchas otras cosas que te parecen espectaculares, pero derrepente, sin decir “agua va”, se ofende por una mínima estupidez, y desaparece para siempre sin dejar huella, eliminándote y bloqueándote de todas las redes sociales y medios a través de los cuáles podrías contactarlo. Y tú, quedas un poco desolada, herida en tu orgullo y con una desagradable sensación en la garganta, repitiendo en tu cabeza una y otra vez, la clásica frase de Condorito “exijo una explicación”.
7. El gay enmascarado: ¿Les ha pasado conocer a un tipo masculino, con buena facha, que usa un perfume exquisito, caballero, galán y que te pregunta qué acondicionador usas y alaba tus zapatos…? Ojo, que puede quererte de pantalla o, por asuntos religiosos, ideológicos, por conservadurismo o por mil otras posibles razones, no se ha atrevido a salir del clóset. Peor aun, puede que ni siquiera él asuma abiertamente para sí mismo que es homosexual y piense que le gustas porque te encuentra linda y simpática. Él puede ser el mejor partner, el más caballero, el hombre que más te va a cuidar, pero aparte de decirte cuando te ves linda, de notar cuando te hiciste un cambio de look por ínfimo que sea, de escuchar tus historias con atención, de bailar embalado contigo, compartir intereses, ser empático, considerado y, en definitiva, perfecto… Nunca te va a tocar un pelo y, esperemos que en algún momento, asuma su condición sexual y pueda ser verdaderamente feliz.
8. El rápido y tortuoso: Comprobado y requetecontra comprobado por miles y millones de mujeres around the word; el hombre que se pasa de respetuoso y que tras muchas salidas, puede incluso acostarse contigo a ver una película y, además darte un beso apasionado, sin pasar al terreno siguiente, probablemente tiene una disfunción sexual; puede ser eyaculador precoz o tener una disfunción eréctil. Si sigue contigo, te sigue invitando, le gusta tu compañía y a ti te gusta él… Juegue, eso tiene solución; pero si es de los que, al destaparse la olla no asume que tiene un problema y tiene siempre una excusa (poco plausible), es momento de dar vuelta la página y a otra cosa mariposa. No se va a tratar un problema que para él no existe, e incluso puede llegar a culparte por la deficiente performance de su otro yo.

9. El hombre con criterio de marciano: Es el tipo que interpreta las cosas de un modo absolutamente exótico y particular, cuyas ideas y suposiciones tienden a ser como de otro planeta. Es capaz de conectarse contigo en ciertos momentos, ser sincero y decirte que le gustas, ser cariñoso y pasar muy buenos momentos junto a tí. Pero frente a vicisitudes de la vida, graves o no tanto, desaparece sin dejar rastro (otro tipo de escapista, pero diferente) y luego, cuando vuelve, ya sea porque decidió hacerlo o porque tú lo hiciste volver, no entiende por qué podrías estar sentida o enojada, si él no ha dejado de recordarte a pesar de todo lo que ha tenido que hacer. Puede dejarte esperando dos horas y llegar al encuentro pactado con cara de nada, como si todo estuviese bien y no entiende por qué estás enojada y siente que “le estás pintando el mono”. No sabe explicarse, no sabe reaccionar frente al conflicto y cuando ya siente que el asunto se enredó demasiado, definitivamente opta por abortar la misión.
10. El antisistémico bolsero: Es aquel sujeto que orgullosamente se define como “anarquista” y que decidió dedicarse a su pasión (sea cual sea), para no ser un esclavo más del “asqueroso sistema capitalista”. A pesar de sus treinti tantos o casi cuarenta años mantiene un look entre rockero desgastado y punketa decadente, pero limpiecito. Vive “independientemente” en una mediagua que se construyó en el patio de la casa de su mamá. ¿Cómo llega uno a conocer a un tipo así? Cuando se intenta ser mejor persona, sacarse los prejuicios y ampliar el círculo social con personas diversas. Decides salir con él, probablemente en onda amigo si no te parece atractivo. No te pregunta dónde quieres ir porque te quiere sorprender y te cita a cierta hora en alguna estación de metro para llevarte orgulloso a un tugurio oscuro, lleno de adolescentes y lolosaurios vestidos de manera similar que incluso puede ser divertido. Pide una cerveza de litro con dos vasos y, en la medida que avanza el tiempo en una animada conversación va pidiendo más y más cervezas hasta casi completar “el metro cuadrado de pilsener”. Al pedir la cuenta, la revisa y la divide por la mitad (a menos que tú hayas comido algo y él no), comienza a hurguetear su billetera, saca unas pocas lucas y continua con el monedero, contando las monedas de cien, cincuenta y diez pesos, hasta que asume que la plata no le alcanza y te pide que “le prestes” o, peor aun, que pagues tú, que para eso trabajas para los cerdos capitalistas (haciéndose el gracioso obviamente). ¡Ay de ti si fumas y él también!, porque te va a bolsear puchos toda la noche, argumentando que no ha encontrado el tabaco orgánico especial, ni los papelillos ecológicos con que se hace sus cigarros artesanales. ¡Pero claro!… Se trata de un tipo antisistémico, coherente que no va a darle dinero a las mafias gringas tabacaleras, pero no tiene problema en fumarse tus cigarros, pues él no los compró. Finalmente, salen del barucho, te pide plata prestada para la micro, otro pucho, lo mandas a la cresta y, obviamente, sintiendo una ira profunda, decides no verlo nunca más. 
En fin, éstos son sólo algunas tipologías tomadas de historias reales, de aquellas que uno escucha por ahí. Obviamente nada de esto me ha pasado a mí, porque como buena psicóloga, tengo ojo clínico para escoger a mis pinches y parejas… (Puedo adelantarme a sus “Ja ja” y “Sí oh”).
A veces, “en casa del herrero, cuchillo de palo”… 

lunes, 13 de abril de 2015

Top Ten de fotografías que un hombre NO debería subir a Tinder

Publicado en witty.la
Confieso que fui una pionera entre mis amigas. Superé los prejuicios y el qué dirán y me lancé a la aventura de conocer gente a través de esta aplicación. Luego, al ver cómo conocía gente, mis amigas empezaron a entusiasmarse y a instalarlo también. El problema es que entre más citas tienes, más pierdes la esperanza (próximamente un post acerca de aquello).
Hay cosas simpáticas en esta aplicación y otras que no lo son tanto. Las fotos, por ejemplo. Yo no he visto qué tipo de fotos ponen las mujeres, pero entre los hombres es muy común tener en su perfil fotos “matás” de malas (como dice una amiga), otras raras y algunas simplemente impresentables.
Queridos hombres, con mucho respeto y humildad, aquí va una guía acerca de qué fotos NO poner en su perfil de Tinder, basada en las opiniones recogidas en los académicos foros de conversación sostenidos con mis amigas solteras, regias y que buscan el amor en los tiempos de Tinder. Vamos en orden inverso, hasta llegar al TOP ONE de lo inaceptable.
10. El outdoor, extreme, hiperactivo y aventurero: Son aquellos que sólo suben fotos practicando deportes extremos para que todas se enteren de que tienen una vida increíble. Aparecen andando en moto, haciendo paracaidismo con ojos de loco y la lengua afuera (para acentuar la adrenalina), surfeando, haciendo esquí acuático, etc. A la mayoría de las mujeres nos gustan los hombres deportistas y aventureros, pero si las cinco fotos que suben son de este toque, uno se imagina que son el tipo de persona que no duerme jamás y que pijamear viendo películas es un panorama que jamás podrían considerar… Y uno se agota antes de conocerlos.
9. El viajero around the world: Que sube solamente fotos de viajes exóticos; posando con animales raros, con gente de tribus, monjes y con otros viajeros extremos; en Marrakech, Yemen, el Tíbet, Kuala Lumpur, etc. Uno puede pensar que se trata de un tipo entretenido, pero que difícilmente querrá alguna cosa un poco estable y, si así fuera… ¿Dónde podría uno viajar con él si ya lo conoce todo..?
8. El que hace alarde de su profesión: Suele aparecer con su delantal de médico y el estetoscopio colgando del cuello, o sube fotografías dando conferencias, se toma selfies con colegas con facha de Pepe Cuacuá o sube fotos de sus diplomas. Queridos; con todo el cariño del mundo les cuento que la mayoría de las mujeres no estamos en busca de un proveedor, sino de un partner y que, ese tipo de fotografías dan la sensación de que se trata de alguien muy inseguro o, peor aún, muy narciso.
7. El guatón parrillero y comilón: Son todos aquellos que suben fotos en las que aparecen parrillando con los amigos y cheleando o en cualquier lugar zampándose un sándwich que es más grande que su cara con la boca abierta a punto de romperse la mandíbula y chorreados de mayonesa. A la mayoría de las mujeres también nos gusta comer; pero esas fotos a veces, más que llamativas, son un poco grotescas. A mí, al menos, me recuerdan a Pedro Picapiedra comiéndose un brontosaurio y eso no es sexy ni atractivo.
6. El musculín a torso desnudo: ¡Qué es eeeeeso…! ¿Cómo no imaginarse que ese tipo de hombre va a excitarse más mirándose al espejo que con uno?… ¡Cómo no pensar que quieren ser admirados por su físico trabajado a punta de muchas horas de gimnasio y huecura extrema? ¿Tendrá el susodicho la capacidad de mantener una conversación interesante o es puro worked body? Está muy bien tener un buen six pack en el torso, nadie niega que eso es atractivo; pero fotos así, a menos que sea una muy casual en la playa, no resulta interesante.
5. El minero full carrete: Es aquel ser humano que sube a Tinder sólo fotos de carrete, bailando como enajenado, chupando como orilla de playa, haciendo el africano con el vaso y abrazado de un lote de “minas” con mini-falda, tremendo escote y labios full carnosos. Para ni una mujer es atractivo un tipo que se la pasa curao y abrazando chiquillas con poca ropa… ¿O me equivoco?
4. El filosófico existencial: Tiene entre sus fotos de perfil obras de arte incomprensibles, fotos de murallas con grafittis existencialistas, frases de poetas y a veces, sólo a veces, una foto de él al final en la que sale tan feo, que uno logra comprender el por qué de tanta imagen que no corresponde a él (pido disculpas por lo superficial). Como dicen por ahí “A nadie le falta Dios”, así que a mostrar lo que hay no más chiquillos que ya va a saltar la liebre.
3. El forever young: Es aquel sujeto que aun no asume que ya está cerca de los 40 y sube fotos añejas, medio desteñidas en las que aparece con cara de púber. ¿Qué puede imaginarse uno…?¿Qué lo acompleja su edad o su estado actual..? ¡Asúmanse..! Toda edad tiene su atractivo y a uno mientras va volviéndose mayor también le cambia el gusto. Nadie les cree que tienen esa cara de pollito recién salido del cascarón a los 30 o a los 40.
2. El flaite de la Selfie en el baño: Perdón, pero no hay nada, pero nada más rasca, que una selfie tomada en el baño. Peor aun si es con una mueca que intenta ser “sensual” o “achorada”, haciendo gestos con las manos y/o además, a torso desnudo… Simplemente… Nadie puede…
TOP ONE: El degenerado, asqueroso exhibicionista: Que sube fotos realmente explícitas, en las que aparece en actos que corresponden a la intimidad o muestra porciones de su cuerpo que idealmente uno sólo quiere ver por decisión propia. A esos, simplemente hay que denunciarlos por fotos inapropiadas. Y no hay más vuelta que darle.
BONUS TRACK: El que sube fotos de niños: Obvio que es porque son sus hijos, pero Tinder no es un lugar apropiado para exponerlos… En esos casos, es inevitable pensar que, obviamente quiere que las mujeres sepan que es papá (cosa que podría explicitar con palabras en su reseña) o que intenta demostrarle al mundo femenino que “hace hijos lindos”… Atroz.

miércoles, 6 de agosto de 2014

AUTOMOVILISTAS CON COMPLEJO DE GUANACO

Hoy, como todas las mañanas, vi el tiempo en las noticias matutinas para ver si era cierto que iba a llover; porque claro está, que los pronósticos del tiempo en los últimos meses han sido tan poco acertados que a veces me da la sensación de que los hacen del mismo modo en que muchos diarios capitalinos escriben el horóscopo… Jugando al achunte entre diferentes alternativas que se mezclan al azar.
Al ver, en la mañana, que efectivamente San Isidro nos enviaba un regalo del cielo para limpiar y descontaminar un poco nuestro valle de cemento, blindé mi friolento “cuerpecillo de mujer frágil y débil”, “polarizándome” con patas y camiseta de esta fina tela, luego me vestí como persona normal y me puse una parka, gorro y bufanda, que combinaba con mis botas de esquimal. Parecía un globito disfrazado de persona, y así salí, de buen genio a tomar la micro para ir a mi lindo trabajo. Había previsto el taco, así es que nada me preocupaba mayormente. Pero, al bajar de la góndola, que tiene su paradero en un bandejón central, un o una hijo o hija de la Gran Yola intergaláctica del mal, pasó en su 4X4 a toda velocidad, tirándome “todo lo que es” una perfecta OLA de agua con barro que me llegó hasta la cara… Cuando, instintivamente, me eché para atrás, un conchesumismo (porque su pobre madre no tiene la culpa) pasó en un auto “entero flaite”, mandándome encima otra ola que me empapó por atrás. Por suerte andaba con gorro y me había guardado mi rucia pichanguera californiana totalmente a la moda debajo de la parka… Como si lo hubiera vaticinado.
Crucé la cara enchuchada y con vergüenza… Porque todos los peatones de la vereda del frente me habían visto, y no sé por qué cresta me dan vergüenza estas cosas en las que no tengo nungún control, pero de alguna manera siento que quedo como la “pobrecita quemá”… Tal vez, porque uno se imagina a la gente pensando o diciendo de frentón “Shuuuuuu”… o “Ahhhhhh” y pensando “pobre hueona”).
Me picaba la cara por el agua sucia y, al rascarme, me di cuenta que andaba tirando pinta con un chorro de barro en la cara… Pero como yo soy una mujer femenina, saqué mi espejito de la cartera y pude corregir aquel espantoso impasse y seguir caminando con dignidad, hacia mi trabajo, pero con una rabia que me llegó a dar acidez.

¡Automovilistas con complejo de guanaco!... ¡Tengan consciencia de que no todas las personas llegan a secarse en la estufa al trabajo!... (yo sí, al menos en esta oficina). Las calles pueden ser más suyas que nuestras, pero las veredas son nuestras y los espacios se respetan. Si ven peatones esperando para cruzar ¡bajen la velocidad! No les cuesta nada… Así como les patina la cabeza, la moral y la empatía… ¡¡¡A ver si les patina el auto y lo abollan por sacos de hueva!!!

martes, 2 de octubre de 2012

Atracción y eliminación... ¿Técnicas para conseguir la felicidad?

Por todas partes se lee, se escucha y se habla de cómo atraer lo que uno quiere para su vida y de cómo eliminar aquello que no nos gusta o que nos molesta. Son variadas las "técnicas" que se publicitan en el "new age" para lograrlo y, quienes las practican afirman que resultan útiles y beneficiosas. No pongo en duda que así sea, probablemente hay muchas cosas que son inaccesibles para las explicaciones humanas, sin embargo, desde mi particular y humilde perspectiva, pienso que estas estrategias, en muchos casos se configuran como un nuevo modo de consumo, una manera más "espiritualmente aceptable" de desear, anhelar y necesitar de manera permanente nuevos bienes o situaciones para ser felices, además de un medio de negar y reprimir, como si por dejar de expresar nuestras emociones vividas como negativas o difíciles, no las fuésemos a sentir.

El camino hacia la felicidad probablemente sea menos glamoroso y, al menos para mí, más trabajoso. Creo que el verdadero bienestar se logra cuando logramos estar plenamente presentes, cuando juzgamos cada vez menos y somos capaces de simplemente aceptar todo lo que nos ocurre como parte del proceso o ciclo de la vida, dejando paulatinamente de etiquetarlo todo en términos de "positivo" o "negativo".

Muchas veces pensamos que la situación actual no es la que quisiéramos y nos decimos a nosotros mismos -"Cuando me cambie de trabajo me sentiré realmente feliz", "Cuando cambie el auto estaré muchísimo más cómodo/a y contento/a", "Cuando tenga mi casa propia todo estará bien"- Y lamentablemente podemos ver que la felicidad resulta efímera y que al poco tiempo de conseguir nuestro objetivo, estamos sintiéndonos nuevamente insatisfechos y generando una nueva necesidad como meta para ser felices.

Probablemente cuando dejemos de esperar tener esto o aquello, estar en esta o en esta otra situación y seamos capaces de convivir con nuestras situaciones y estados emocionales actuales de un modo contemplativo, aceptándolo todo como parte del aprendizaje, asumiendo que todo cambia de manera permanente, podremos finalmente sentirnos más tranquilos; a pesar de la angustia, del miedo o de la tristeza que, en ocasiones podamos sentir.

Si bien resulta "raro" pensar en aceptar en incluso abrazar nuestra propia angustia, nuestro miedo, o nuestras dificultades, ese es probablemente el camino de la liberación.

Las técnicas, los rituales, los amuletos y todos los "artefactos" probablemente funcionen de alguna manera mágica y nos otorguen algo de tranquilidad, sin embargo pienso que el peligro reside en  atribuirles tanto poder que terminen volviéndose una necesidad y transformándose en obsesiones y/o compulsiones.

Son pocas las certezas que, como seres humanos podemos tener. Una de ellas es que existimos, otra es que sufrimos y la tercera es que todo es impermanente, todo cambia momento a momento. Por lo tanto, vivir en el presente, aceptando cada una de las situaciones que se nos presenten, dejando de condicionar nuestra felicidad a la obtención de logros o posesiones, sino más bien moviéndonos hacia ellas, agradeciendo cada avance y cada retroceso como un aprendizaje, puede hacernos sentir más satisfechos y menos ansiosos. Probablemente de este modo, conseguiremos muchas cosas que creemos necesitar, sin tanta premura y sin tanta frustración.


jueves, 16 de agosto de 2012

LA NECESARIA REPRESIÓN


La represión es considerada como una acción o medida negativa por gran parte de la sociedad, sin embargo, hay ciertas instancias, situaciones o lugares en los que considero que prohibir es la única forma aparente de generar un ambiente en el que se respeten los espacios y libertades mínimas individuales, ya que la gente no demuestra tener criterio suficiente para mantener un comportamiento adecuado.

Hablo específicamente del Metro, un medio de transporte antaño rápido, cómodo y limpio que en la actualidad se ha transformado en una pesadilla. Cada vez es más difícil entrar y salir de los carros en las horas peak. La gente utiliza los asientos para personas con discapacidad, embarazadas y tercera edad sin ninguna vergüenza y sin cederlos cuando alguno de ellos sube al vagón.  Cuando se encuentra un poco más desocupado es posible ver cómo las bolas de pelo con tierra se movilizan a lo largo del tren, como las pelusas del desierto. Cada vez hay más detenciones entre estaciones, momentos en los que el tren se queda inmóvil con las puertas abiertas o cerradas en determinadas estaciones por largos minutos, inconvenientes, retrasos, accidentes, etc. Todo esto ha contribuido al aumento de las discusiones y peleas entre usuarios del metro, transformándose, los traslados subterráneos, en una verdadera odisea. Sin embargo, lo peor de todo, a mi parecer, son las costumbres de la gente que, en vez de facilitar la convivencia en este insufrible lugar con paciencia y respeto, pasa a llevar el espacio y los derechos del resto de los pasajeros.
Y ya que algunas personas son incapaces de auto-contenerse o gobernarse, parece ser necesario "tapizar" el metro de instrucciones y prohibiciones que acompañen el ya clásico "deje bajar antes de subir" y "no apoye las manos en la puerta".

Desde mi experiencia y desde otras que he escuchado por ahí, mi lista de prohibiciones para tapizar el metro sería la siguiente:

1. Prohibido pararse a esperar el metro en el espacio donde se abre la puerta del vagón (merecedor de multa y beca para cursar nuevamente tercero básico por no entender la instrucción elemental "deje bajar antes de subir").
2. Prohibido escuchar música sin audífonos (multa y patá en la raja si es reggeton).
3. Prohibido comer o llevar empanadas de pino dentro del metro.
4. Prohibido besuquearse con pasión y lengüeteos en el metro... Es incómodo estar al lado y no tener espacio para desviar la mirada y/o taparse los oídos.
5. Por supuesto, prohibidos los roces raros, los rallados de pintura, los punteos, los sobajeos y frotamientos de partes pudendas.
6. Prohibido ser una persona sin limitaciones y sentarse en el asiento preferencial (multa y combo en el hocico pal que más encima se hace el dormido).
7. Prohibido tirarse peos en el metro... Eso sí que denota una gran falta de conciencia social y me parece indignante.
8. Prohibido tomar alcohol en el metro (ya he visto personas tomando chela e incluso haciéndose ron colas en el metro).
9. Prohibido peinarse, limarse o cortarse las uñas, sacarse los mocos o cualquier otra actividad que implique la emanación y expulsión de desechos orgánicos personales (para eso está el baño de su casa).
10. Prohibido toser sin taparse la boca.
11. Prohibido agitar la cabeza vigorosamente de a un lado a otro con el pelo mojado rociando a los vecinos de vagón con las gotas provenientes de su cabello.
12. Prohibido subirse al metro sin haberse duchado, al menos una vez en el día.
13. Prohibido tirar pollos (escupitajos, esputos o gargajos) en la estación o en el tren.
14. Prohibido vender en el metro.
15. Prohibido hacer shows y pedir plata como en las micros.
16. Obvio que prohibido robar.
17. Prohibido no dar el asiento a embarazadas, ancianos y personas con dificultades para moverse.
18. Prohibido poner "el sobaco" sobre una persona de menor tamaño, principalmente si no está seguro/a de que éste huela como la axila de Bárbara Blade.
19. Prohibido tirar basura en las estaciones y al interior del tren.
20. Y, por supuesto, prohibido suicidarse en el metro o asesinar a otros.

En fin, creo que con estas prohibiciones ya podría sentirme más tranquila en mis viajes subterráneos. Si alguien quiere agregar alguna otra, bienvenida sea... Prontamente podemos hacer alguna marcha afuera de las estaciones de mayor afluencia, presentando nuestras demandas... Aunque, tal vez sería positivo prohibir las marchas en el metro, para no seguir retrasando los viajes... ¿O no?

lunes, 16 de julio de 2012

SOLTERA OTRA VEZ




“Soltera otra vez”... Otro furor televisivo, en mi opinión, insufrible. La he intentado ver dos veces porque me dijeron que era divertida, pero está tan mal actuada y la encontré tan caricaturesca que me dieron espasmos estomacales de vergüenza ajena y no pude terminar de verla.

Me dediqué a alegar harto con amigas y amigos diciendo que la porquería de teleserie ridiculizaba a la mujer soltera de treinta y tantos, que era burda, ridícula, irreal y patética. Pero luego de las pocas semanas que llevo de vuelta en la condición de soltera, debo admitir que, disculpándome de antemano con mis pares, tal vez me equivoqué.

La realidad es, al parecer un poco parecida a la de la teleserie. En algunos medios de la soltería se respira un ambiente de desesperación, tanto en hombres como en mujeres. No digo que esté mal que las personas quieran encontrar pareja, todo lo contrario, me parece muy bien, porque estar en pareja puede ser muy lindo y agradable. Pero las condiciones "carretísticas" actuales de la soltería no me gustan. Estuve sólo cinco meses fuera de estas pistas y siento que la cosa ha cambiado y no para bien.

No quiero caer en estereotipos (aunque inevitablemente siempre lo hago), pero el fenómeno de conocer personas del sexo opuesto está siendo poco natural, al menos a mi edad. En el caso de los hombres es algo diferente, porque en general tienen más permiso social para ser jotes y son menos juzgados que las mujeres, así es que ellos nunca son tema, aunque salgan a bailar sólo para "agarrarse" a alguien, aunque se tiren encima de la primera mina que les parezca un poco atractiva o aunque su meta sea al menos un touch and go por salida.

Las mujeres son las más juzgadas, sobretodo desde cierta edad para adelante, se piensa que todas quieren casarse y tener hijos (aunque reconozco que en muchos casos es así y no tiene por qué ser algo malo, quienes quieren ser madres lógicamente se preocupan por su reloj biológico). Por otra parte, las féminas que se comportan como los jotes son tachadas, incluso por las mismas mujeres, de “maracas”, término claramente más fuerte y dañino que el primero, entre otros juicios y prejuicios. 

Muchos piensan que la soltería no es una opción, sino una condición generada por dificultades, trancas o cosas por el estilo, sin tomar en cuenta que para estar en pareja se necesitan muchísimas condiciones difíciles de coordinar, que cuando no fluyen, simplemente no fluyen. Se requiere, como primera condición que a uno le guste alguien que esté disponible y que al mismo tiempo se interese en uno. Que ambos sean capaces de demostrarlo de un modo adecuado para que alguno de los dos dé el paso necesario para comenzar una relación... Y por supuesto, que pasado el período del ahuevonamiento, más comúnmente llamado enamoramiento, ambas escobas, ya menos nuevas, sigan barriendo bien. Nada fácil, sobretodo cuando uno es medio exigente.   

Volviendo al tema anterior, conocer personas se ha vuelto poco natural. Hablando en este caso sólo de las mujeres, y que me perdonen mis pares, porque no es un juicio, sino más bien, una descripción, algunas que conozco, por ejemplo, salen sólo de a dos o máximo de a tres, porque dicen que en grupos mayores los hombres no se acercan y eso implica, obviamente, excluir a algunas amigas de los carretes. Otras, salen pero se desaniman a priori en algunas situaciones sociales que implican interacción hombre/mujer, pensando que siempre habrá otras mujeres más atractivas que ellas y, consiguientemente, dando una imagen de desánimo y desinterés, olvidando que si se quiere conocer a alguien, mucho hace la actitud. Algunas salen a carretear con el objetivo de conocer a alguien y, cuando no lo logran se frustran y lo pasan mal. Otras, se comportan como asesinas, poniendo el ojo y la bala en el hombre que les interesa y pobre de la que ose acercarse. Este fin de semana, por ejemplo, tuve una anécdota con eso. Me fui de tirón de brazo y amenaza, por parte de la amiga de una amiga, por el sólo hecho de conversar con un sujeto que, sin yo saber, había sido capturado por su ojo asesino unos minutos antes. Mientras yo conversaba animadamente, sin ningún interés más que socializar, ella me tironeó el brazo y me dijo en tono violento –“¡Ni se te ocurra!... ¡Pobre de ti!... ¡Ese hueón es mío!”... Sinceramente, nunca me había pasado algo semejante. De haber sabido que ella se lo había apropiado con sólo mirarlo, nica me acerco. ¡Que gran poder de adquisición tienen algunas!

La cosa está dura... Violenta y exageradamente estratégica. Me gustaría volver a los tiempos en los que se salía a bailar por bailar, en los que uno conocía gente sin pensar en la intención que había detrás, en los que las amigas no la excluían a una de los carretes por constituirse como un número más y en los que no era necesario tener acompañante para los matrimonios porque mucha gente iba sola y siempre había alguien con quien bailar. 

MUCHA TELE


Hace poco tiempo una buena amiga me recomendó, medio en serio, medio en broma, “ver más tele”, porque yo no cachaba nada de actualidad farandulera, no entendía algunas conversaciones y por tanto, no se podía conversar de cualquier cosa conmigo. Anteriormente, varias veces me habían tachado de fome y de grave por no saber quién era éste o este otro personaje de tal o cual realitie y, al momento siguiente, las personas se justificaban como si yo las estuviese juzgando, explicándome que “después de tanto trabajar, necesitaban ver algo livianito”... En fin, es cosa de cada uno lo que considere livianito.

Yo casi no veo televisión abierta, porque exceptuando unos pocos programas, francamente me genera entre rabia y vergüenza. Considero que la mayoría de los programas son insulsos y que la publicidad mete ideas y necesidades en la cabeza que perjudican a las personas, sin que éstas se den cuenta. Pienso que la farándula es adormecedora de cerebros, ridícula y burda y que las noticias que dan por televisión manejan la información que recibimos, inoculando creencias, miedos y manipulando nuestra visión del país y del mundo.

A falta de temas más relevantes, la gente suele hablar de los actores, de los personajes de realities y de animadores como si fueran personas cercanas a ellos, opinando y discutiendo acerca de su comportamiento como si fuese algo trascendental, sin darse cuenta de que son sólo personajes maqueteados, asesorados en términos de imagen o pobres jóvenes manipulados por los medios que buscan suscitar una actitud en los televidentes para conseguir más rating y generar más consumo.

Sé que esta opinión probablemente a muchos no les hace sentido, pero invito a quienes lean esta columna a ver de manera crítica la televisión, siendo conscientes de cuáles son los mensajes, los valores, las necesidades y las creencias que, sin darse cuenta, los comerciales y muchos programas les meten en la cabeza. Por ejemplo: Los comerciales de "Mabe", una marca de electrodomésticos y línea blanca que introdujo masivamente el concepto de "multi-mujer", como algo fantástico. Yo no sé a quién le puede generar gracia tener que trabajar como loca para luego llegar a hacerse cargo de absolutamente todo en la casa sin ninguna ayuda más que la de una mágica lavadora, una magnífica plancha o una súper cocina que, en realidad, no hace más que otras. Propagandas como las de los malls que los hacen ver como una alternativa de paseo familiar, cuando lo que en realidad buscan es generar un mayor consumo encerrando a la gente en un espacio alejado de la naturaleza en el que todo se vende. Comerciales de grandes tiendas que invitan a llenar el vacío existencial con ropa. Avisos de yoghurt que intentan hacerte pensar que consumiéndolos no te vas a hinchar aunque el resto del tiempo comas puras mugres sólo porque tienen "actiregularis" que puede ser lo mismo que "activumcagunisbacilus". Publicidad como la de Coca Cola que intenta hacer pensar a la gente que tomándola se sentirá muy bien, e incluso estará ayudando al planeta con los recicladores, cuando en realidad Coca Cola es una de las industrias que más agua contamina en el mundo y es una bebida tremendamente dañina y adictiva. Comerciales de tecnología que transforman los gustos en necesidades y que crean una urgencia por tener siempre lo último potenciando la cultura de lo desechable, entre otros. Son demasiados los ejemplos que se pueden dar.

Probablemente muchos deben estar pensando que saben que esto es así y que son conscientes de lo que la publicidad y las noticias hacen con sus cerebros... Yo les digo, por experiencia propia, que no siempre estamos tan alertas.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Acerca de la fe, los rituales y lo divino...


Dicen que "la fe mueve montañas", pero cuando la fe se deposita sobre una religión o un sistema de creencias, suele suceder que las personas se quedan sentadas deseando, decretando como héroes y heroínas de dibujo animado japonés y haciendo rituales en vez de orientarse hacia sus objetivos... 

¿Eso es bueno? ¿Eso es malo?... Depende del cristal con que se mire. Para mí, ello genera un afán "pedigüeño" y una atribución vacía y ciega de lo bueno y de lo malo a un ente o a circunstancias externas a nosotros mismos y nos hace perder tiempo y energía. Para otros, es el modo de conectarse con la divinidad y de hacer mágicamente que las cosas ocurran.

Sé que somos simples humanos, mortales y limitados y que probablemente no llegaremos a comprender el misterio de la divinidad y de la trascendencia, por eso no niego la existencia de Dios y me quedo incómodamente sentada en la silla del "no sé". Desde este espacio trabajo en pos de resolver la pregunta de quién soy, en esta vida que es la única que hoy sé, con certeza relativa, que tengo. 

Desde mi humilde visión, considero que hay rituales vacíos e inútiles que llevan a las personas a la obsesión por repetir tal o cual movimiento o frase para que suceda tal o cual cuestión; rituales que terminan por transformar a las personas en esclavas de su repetición. Pero muchos se sienten cómodos y seguros en esta compulsión. 

Acepto, por otra parte, que hay rituales hermosos que nos ayudan a establecer, de manera simbólica, una relación con aquello que queremos divinizar, a pesar de no saber, en lo concreto, si ellos tienen un efecto real fuera de lo que generan en nosotros mismos.  

Divinizamos, tal vez para no sentirnos solos, para dar un sentido a nuestras vidas a través de la esperanza de trascender o quizás porque en nuestra cualidad de humanos corruptos, ese es el único modo que tenemos de mantener el respeto por todo lo que existe, fuera de nosotros mismos, en el universo.