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PASABA

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jueves, 1 de abril de 2010

UNA SEMANA SANTA MUY "POSMO"



NOTAS AL INICIO: Como siempre aclaro... No es mi interés ofender a nadie... Sino expresar mi parecer. Si a alguien no le causa gracia... Puede simplemente no reírse... El título es como una ADVERTENCIA... Si es católico y sensible a la crítica, mejor no lea. Y si lee, puede publicar su opinión.


Conmemorar un "cuento" tan truculento como "la pasión y muerte de Cristo" año a año y por los siglos de los siglos, es una cosa que me llama la atención... Pero lo que me parece realmente brutal es que los cristianos quieran hacerlo justo cuando celebramos el  glorioso "Día Nacional de los productos del Mar"...

Los católicos hicieron una fusión un poco desconcertante... ¡Que desfachatez mezclar la muerte de un procer, con el "ayuno de carnes rojas" y la Oda al congrio, la merluza, las machas y el picoroco!.. Fusionar el sacrificio y la austeridad, con un fin de semana de relajo fuera de la ciudad con mucho pisco sour y vino blanco, para no cometer el pecado de andarse emborrachando con la sangre de Don Jechu que, no está de más decirlo, ni pito tiene que tocar con la albacora y el cebiche...

¡Y celebrar la resurrección al mismo tiempo que "La fiesta de los huevos"!.. (los de chocolate... No se confundan... El día de las Gónadas aun no se ha inventado).
Nada más raro que un conejo paranoide que esconde huevos producidos por una gallina que tiene el poder de generar huevos de chocolate (freaky... Es como el sueño de muchos de "cagar billetes"). Una clásica paradoja del mundo posmoderno... Hasta la religión se ha vuelto "posmo"...

miércoles, 31 de marzo de 2010

LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA DE SEMANA CHANTA



¿QUÉ FUE PRIMERO? ¿EL HUEVO O EL CONEJO?

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿POR QUÉ EL CHILENO DE CLASE ALTA SE CASA MÁS JOVEN QUE EL RESTO DE LA POBLACIÓN?... Estudio comparativo chanta...

Agradeciendo, primero que todo, a mi amiga D.M. por hacer posible el surgimiento de este tema en una de nuestras clásicas conversaciones acerca de lo humano y lo no tan divino, doy paso al tema que hoy nos convoca.

Luego de realizar una encuesta informal y con una metodología absolutamente precaria, he logrado establecer ciertos argumentos que podrían explicar el hecho de por qué los chilenos de clase acomodada se casan más jóvenes que la población en general.

Una de las razones que más se ha repetido y que ha sido argumentada por el psicólogo C. J. y la Periodista D.M., es que los llamados "cuicos", adhieren con mayor frecuencia a modalidades más extremas de la religión católica. Esto implica, como valor moral indiscutible, la virginidad o castidad hasta contraer el sagrado vínculo y, aunque sabemos que la calentura no discrimina estratos socioeconómicos ni religiones, ellos estarían dispuestos a "matrimonearse" antes para "hacer la cosa" (como dice MD) con permiso (lo que no quita que igualmente lo hayan hecho antes o hayan experimentado otras modalidades no explícitamente prohibidas para saciar su apetito sexual... El que a veces incluso se incrementa cuando es algo prohibido).
Otro de los argumentos, explicitado por más de uno de mis amables encuestados, pero explicado con mayor tecnicismo por la Psicóloga A. S.J., es que, de acuerdo a la pirámide de Masslow, aquellos que pertenecen a la clase socioeconómica privilegiada, ya tienen sus necesidades básicas cubiertas y, por supuesto han accedido sin problemas a la educación superior (porque son más inteligentes debido a factores biopsicosociales y no tienen que huevear con becas ni con créditos... eso es de flaite). El auto lo tienen desde los 18 años porque es el regalo clásico y el departamento es sólo cosa de "desearlo", por lo que simplemente les queda para sentirse "realizados" formar familia.
Además, como no requieren juntar peso a peso, mes a mes y año a año para hacer una fiesta de matrimonio, resulta también más simple hacerlo. Como dice el secreto, traducido a la religión del pudiente... Pídelo y Dios te lo concederá.
Una de las razones que me pareció más graciosa y, no por eso menos real, es la expuesta por la Asistente Social N.H. (apellido muy europeo... con muchas schzfshch y de la familia de la cadena de Hoteles NH), que explica que dichos individuos generalmente forman parte también del quintil más "bonito" de nuestra sociedad, en relación a lo que estéticamente valoramos los chilenos que padecemos del conocido "complejo del indio". Tienen rasgos más europeos y finos, por lo que les resulta más fácil encontrar a alguien que "guste de ellos" para reproducirse a montones y, como para reproducirse es necesario tener el permiso de la Iglesia y, por supuesto del todopoderoso... Se casan jóvenes para alcanzar a procrear bastante y aportar con su hermosura a nuestra sociedad. Tenía ciertas dudas con respecto a la relación entre el matrimonio y la reproducción, debido a que, como ya he expuesto en un artículo anterior, los flaites también se sobre-reproducen, pero en definitiva, tomando en cuenta el factor religioso y la belleza como razón para la perpetuación de la raza hermosa y, por tanto, del casorio, a los flaites los dejaremos simplemente como "calientes, herejes y desconsiderados", quedando fuera de todo análisis.
El arquitecto A.H., explicita además, que existen razones económicas y de status para hacerlo, pues mientras más joven se ingrese al Directorio de la Empresa familiar del suegro o suegra, mayores proyecciones existen y se acrecienta la posibilidad de mantener el patrimonio familiar... Sabido es que antaño se estilaba en dicho estrato, casarse entre primos para perpetuar los apellidos y las herencias. Esto ha disminudo por la gran cantidad de niños que nacieron con cola de chancho, condición genética que implicó importantes fugas de dinero debido a lo costosas que resultaban las cirugías estéticas que debían practicarse en esos casos.
Finalmente podemos concluir que quienes se casaron antes de los 30, no perteneciendo al quintil más acomodado, son claramente la excepción a la norma y se encuentran fuera de ésta, así es que no vengan a dárselas de millonarios ni finos por pertenecer a dicho estado civil. Quienes no nos hemos casado pasando los 30 o quienes han esperado a cumplir dicha edad para hacerlo, somos simplemente unos ordinarios. Trabajar para juntar las chauchas mes a mes para la fiesta de matrimonio es de picante y ultra punga. Los solteros somos además todos feos y  si a esto se suma la práctica impúdica del sexo antes del matrimonio... El fracaso es inminente porque Dios no quiere a este tipo de personas.
Se concluye entonces que con la ordinariez y la degeneración se perpetúa el círculo de la pobreza y la soltería... Así es que pónganse a rezar y pídanle a Dios una segunda oportunidad humildemente diciendo...  ¡Oh Dios... No te pido que me des, sino que me pongas donde hay!
Amén...

sábado, 13 de marzo de 2010

EL REMEZÓN DE CHILE

Este artículo fue publicado hace una semana en mi alter/blog que, por motivos prácticos y porque ya sé usar las etiquetas, he suprimido.

Ha pasado casi una semana desde la noche que la tierra se agitó bajo suelo chileno, como un gran animal que se sacude con violencia para expulsar de su lomo a los insectos que lo fastidian.

Mi familia de origen (vuelvo a aclarar, para los que no saben, que soy hija canguro) es “operada de los nervios” con los temblores y, en general, con este tipo de fenómenos, por eso nadie se movió durante los primeros minutos, pensando que se trataba de un “temblorcito” como aquellos a los que estamos acostumbrados en nuestro querido Chile. Yo tenía sueño e intenté continuar durmiendo, pero en un momento caí en la cuenta que el temblorcito estaba siendo muy largo y cada vez más fuerte y, cuando decidí levantarme, se me hizo muy difícil hacerlo. Me sentía como dentro de la clásica escena del exorcista en que la protagonista endemoniada salta junto con su cama (sin la elongación necesaria para dar vuelta la cabeza en 360° y omitiendo también el vómito verde). Sólo me levanté entre saltos, olvidando toda norma de seguridad (lo del triángulo de la vida, pararse debajo de tal o ponerse en tal posición al lado de blablabla), y caminé hasta el pasillo hasta pararme al lado de mi mamá, esperando a que pasara y con una sensación confusa. No de miedo, sino de extrañeza, como si estuviera siendo protagonista de un hecho paranormal. Lo que vino después fueron los comentarios de mi papá, según quien el “temblor” había sido “espectacular”; la visita de mi hermano y su polola, que estaban muy asustados, pues ambos habían pasado el terremoto en departamento y el movimiento en altura se duplica, haciéndose doble también la sensación. Llamadas, mensajes de y para personas que, con preocupación y cariño, querían saber de nosotros y nosotros de ellos.

Estuvimos sin luz hasta la tarde del Domingo, intentando comunicarnos con nuestra familia y amigos/as y escuchando las noticias a través del “equipo de música” de mi papá; una radio a pilas que siempre lo acompaña en sus actividades y, que esta vez, fue nuestro más fiel medio de contacto con la realidad. Pasando las horas oscuras a la luz de las velas, supe de amigos/as que estaban en el Sur o que debían partir prontamente a saber de sus familiares, de gente que había sufrido desmanes en sus casas, de almacenes, farmacias y supermercados saqueados. Pero sin luz, tenía que llegar el momento en que el celular se descargara, perdiéndose todo contacto con quienes se encuentran fuera del perímetro.

Cuando llegó la electricidad y vi por televisión lo que estaba pasando, recién pude hacerme una idea de la magnitud del desastre y, aunque quede como una ñoña por decirlo… Lloré. Imaginé el dolor de las miles de personas que perdieron a sus seres queridos, que se aterrorizaron frente a la muerte y a la pérdida de todo lo que habían construido con esfuerzo y pensé en la posibilidad de estar en su lugar.

Mis reservas vacacionales ya estaban hechas en una tranquila playa ubicada a dos horas y media al Norte de Santiago. Pensé en lo egoísta que sería irme a “disfrutar” mientras otros sufrían, pero luego me decía a mi misma que tenía derecho a descansar igual que todos quienes ya habían vacacionado, sobretodo después de un año tan particular como el anterior… Y sin convencerme por completo, partí con mi querida madre en dirección al Norte. Estamos en nuestro quinto día de vacaciones y, si bien hemos descansado y disfrutado del sol, el mar y de la mutua compañía, no hemos logrado desconectarnos. Duermo mal, despierto temprano y todo el día me dan vuelta las imágenes que veo por televisión. Todas las mañanas despierto temprano para revisar mi correo, a ver si tengo noticias de mis dos amigas que están en Concepción, de mis otros amigos que, en medio de esta confusión, acaban de tener a su primera hija y para colaborar con las redes que se crean a través de Internet para encontrar personas o dar algún tipo de soporte a grupos en particular.
Al parecer, simplemente NO QUIERO desconectarme, pues se trata de un dolor “encarnado” del que no puedo mantenerme al margen a pesar de poder tener momentos de “disfrute vacacional”. A la distancia, puedo ayudar donando sólo con un “click” a través de mi banco… Una de las maravillas del mundo hiper-moderno, pero extraño la ayuda directa; mano a mano, como era la costumbre en los tiempos de colegio y universidad, en que sin pensarlo demasiado, tomábamos nuestras palas o las herramientas necesarias y simplemente partíamos sin cuestionarnos nada a ayudar, tal como lo hacen hoy los “adolescentes del bicentenario”. Posiblemente ahora, más adulta, el aporte que va más allá de la ayuda económica, debería ser diferente, más técnico y relacionado con mi formación… La próxima semana resolveré como canalizar esta necesidad. Por el momento, he decidido plasmar mis pensamientos, que sin lugar a dudas no pasarán de ser clichés para muchos de los que me lean, pero que de todos modos vale la pena compartir en este espacio, que ha sido creado por y para ello.

El terremoto y el posterior maremoto, (al cual se otorga el nombre “tsunami” a pesar que éste sea simplemente el sinónimo japonés del mismo fenómeno, pero que claramente suena más relamido y esnob), dejaron tras de sí una destrucción total. Es como si nuestro país, sobretodo el Sur de Chile, hubiera quedado “en pelotas”, mostrando la esencia de nuestra patria; La fuerza de quienes se levantan para reconstruir lo perdido, la perseverancia de aquellos que a punta de esfuerzo y aguante lograron sobrevivir, la solidaridad entre vecinos, la miseria, las estafas de las constructoras que ahorran material a costa de la seguridad de sus compradores, el egoísmo y la inmoralidad de quienes vieron en esta tragedia una posibilidad para obtener provecho para sí mismos.

Y surge la mal llamada “picardía o pillería del chileno”, término con el que se intenta dar un título aceptable a aquella mala cualidad tercermundista que tienen muchas personas en esta sociedad, de aprovechar los espacios de confianza o las “oportunidades” ocasionales para robar, engañar y timar a quienes, por diversas circunstancias, no pueden defenderse. Corre por todas partes la patética imagen del “flaite” intentando cubrir su inefable regocijo tras un semblante de fingida seriedad, mientras se roba un plasma “porque tiene hambre” y el “punga” que arranca entusiasta con una secadora, posiblemente “porque tiene frío”. Me da la sensación que se trata de personas que, acostumbradas a verse a sí mismas como carentes de oportunidades y rezagados de la sociedad, tienen tal resentimiento que sienten que el país “les debe” y que si no se les dan las cosas de manera gratuita, es válido “tomarlas” cuando se da la oportunidad, lo que en definitiva, “aquí y en la quebrá del ají” es ROBAR.

Críticas van y vienen para el gobierno central y para el que está por asumir. Las mismas autoridades se pelean el protagonismo y se reprochan entre sí, culpándose unos a otros y achacándose responsabilidades en temas comunicacionales, estratégicos, etc. Fue necesaria la intervención de las Fuerzas Armadas para restablecer el orden en Concepción, decisión que, a mi parecer, debió haber sido tomada de manera casi inmediata, pero que se retardó por resquemores del Gobierno. ¿Es este el momento de buscar responsables?... ¿Deja HOY tranquila a la población saber que la armada fue la culpable de no dar la alerta temprana o que fue la Presidenta la que no entendió el mensaje y no se hizo cargo?... Falló todo, simplemente no estábamos preparados para enfrentar un fenómeno de esta magnitud. No dieron abasto los sistemas, las instituciones ni las estrategias. Posiblemente ninguno de los Gobiernos anteriores podría haber evitado que un terremoto y un maremoto de esta magnitud se resistiera eficientemente a través de una alerta temprana. Sin embargo, este es el momento de enfrentar la emergencia… Ya habrá tiempo para encontrar a los responsables y re-plantearnos el modo de vivir en un país sísmico, de manera que no volvamos a experimentar una situación como esta.

El terremoto y el maremoto arrasaron con todo, botando edificios, filas de casas, haciendo desaparecer pueblos completos, llevándose consigo a muchas personas, dejando madres y padres desconsolados, niños huérfanos, personas impotentes y aterrorizadas.

Definitivamente la gran lección que esto nos deja es que somos frágiles. Nacemos en calidad de “terminales”, pues la muerte puede encontrarnos en cualquier minuto. Podemos planificar toda nuestra vida, juntar dinero, posesiones, asegurar nuestra vejez y morir a los 20 años, a los 31, a los 45, 60, 70 o 90, por una enfermedad, atropellados cruzando la calle, porque nos cae un poste o un simple macetero en la cabeza, en fin (no es mi afán continuar alimentando el temor). Pero cuando la muerte nos alcanza no hay nada que hacer. Y cuando la tierra se mueve y el mar arrasa, como en este caso, todo lo que hemos juntado desaparece y se tiene que partir de cero, con la impotencia, la tristeza, el dolor y la amargura que produce ver perdido el esfuerzo de tantos años. Lo único que nos queda es lo que hemos aprendido, lo que sabemos acerca de la vida y el “vivir”, la experiencia, el carácter y la formación para re-construir y educar a las futuras generaciones.

Sin lugar a dudas el dolor más grande es la pérdida de los seres queridos, situación que no tiene vuelta atrás y por la que la mayoría de las personas debe pasar alguna vez. Debido a que en esta ocasión fuimos todos concientes de la posible pérdida, muchos tuvimos la sensación de estar más “sensibles”, con la necesidad de demostrar afecto directamente a quienes queremos. Desaparecieron límites interpersonales, recordamos a aquellos con los que habíamos perdido contacto, hablamos con vecinos a los que nunca les habíamos dirigido la palabra. Estrechamos lazos y empatizamos con el miedo, el dolor y la impotencia de quienes lo perdieron todo.

Solamente espero que esta actitud de solidaridad no desaparezca, que no olvidemos a los que sufren después de un par de meses como sucedió tras el terremoto del Norte frente al cual sólo se reaccionó con soluciones parche y promesas que se desvanecieron con el tiempo.

Donemos cosas útiles y no desperdicios, dejemos de sobre-abastecernos y “asegurarnos” en desmedro de los demás, pues se ha demostrado que podemos acumular, guardar y coleccionar, pero cuando sobreviene una calamidad, nuestras colecciones desaparecen en cosa de segundos. Esta vez la experiencia expone que bajo la cáscara ESTAMOS HECHOS TODOS DE LO MISMO.

Intentemos ser sencillos y sensatos, entreguemos cariño sin dosificar, pues no sabemos si mañana podremos dar ese abrazo que estamos guardando o si podremos decir aquella palabra que hemos evitado por temor o vergüenza. Sería maravilloso que pudiéramos vivir sin miedo a ser dañados y engañados, entregando y recibiendo sin temor. Si todos fuésemos buenos y confiables, no sería necesario “juntar posesiones” ni “asegurar el futuro”, pues estaríamos convencidos de que tendríamos siempre lo necesario para estar bien, compartiendo sin reglas, siendo el amor la única ley universal. Si esto fuese posible, no se requerirían normas ni control, no existiría la propiedad privada ni tampoco necesitaríamos un sistema comunista para que esto se mantuviera, ya que todo sistema trae consigo ventajas para algunos pero también menoscabos y represión.

Ahora bien, siendo realistas, el “amor verdadero, desinteresado e incondicional” está lejos de imponerse en la humanidad, por lo tanto, dejando el “amor universal” para nuestros paseos oníricos con Morfeo, debemos asumir que tendremos que seguir comprando, juntando, coleccionando y asegurándonos el futuro, por si acaso tenemos tiempo de aprovechar la “seguridad” por la que hemos trabajado.
Pero no olvidemos que HOY ES EL MOMENTO DE OCUPARNOS, de aplacar el dolor de quienes sufren, de abrir las billeteras o hacer un simple click para donar, regalar uno de nuestros abrigos, compartir lo que tenemos con quienes se han quedado con lo puesto, dar esperanza a los que han sufrido la pérdida de su familia y amigos. Somos afortunados de estar vivos y tener lo que tenemos… No olvidemos que cualquiera de nosotros podría estar ahora o en el futuro en una situación similar a la de estas personas y si así fuere, nos gustaría recibir una ayuda que nos devuelva la ilusión y la dignidad.

Termino mi “cháchara” con un cliché más grande que los anteriormente expuestos. “La vida continúa”… Pero agrego “para todos quienes decidan que así sea”. Seguiremos trabajando y cobrando por lo que hacemos, juntando “bienes” para asegurar a nuestras familias y a nosotros mismos; porque la vida no es el paraíso que soñamos. Seguirán naciendo niños y volveremos a construir, posiblemente en los mismos lugares. Las empresas constructoras tal vez, después de un tiempo, volverán a ahorrar en materiales a costa de la calidad de las viviendas y los ladrones continuarán robando. Olvidaremos el miedo y dejaremos de tener cuidado… En fin… Seguiremos siendo humanos y chilenos, pero podemos y debemos cambiar de alguna manera nuestro modo de vivir para ofrecer a las nuevas generaciones y a nosotros mismos un mundo más amable, más conciente, solidario y responsable.

Diostores, psicolocos y "pacientes" que pierden la paciencia...


Hace un par de meses, fui con una amiga a la casa de nuestra amiga querida que espera, junto con su marido, la llegada de la cigüeña… Fue una de esas refinadas visitas a “tomar té” que terminan a las 3:00 de la madrugada con cerveza incluida (costumbre muy inglesa y adecuada para los “tecitos long play”). Nos acompañaba además el marido de nuestra “dulce” amiga depositaria del futuro de Chile, amigo nuestro también y único sobreviviente de la guerra de los sexos. El único pololo que se mantuvo firme, a pesar de las bajas en el equipo, que se resignó a la difícil tarea de crear vínculos de macho con los pasajeros del clan y luego a disolverlos por obligación, debido a la repentina desaparición de éstos… Y llegó a ser marido y ahora padre de familia (… Un minuto de silencio por los caídos). Puesto que su profesión es Médico, con especialidad en neurología o, comúnmente pronunciada “nevrología”, lo denominaremos bajo el seudónimo de “Dostor”.

Luego de una nutritiva once y de una animada conversación entre grandes amigas, se nos unió el Dostor, ofreciéndonos unas cervecitas a modo de bajativo. Los temas iban y venían, los comentarios y las risas se hicieron presentes hasta que llegamos al tema de nuestras profesiones.

Viendo en perspectiva el quehacer de los médicos en Chile, el Dostor hizo referencia a varias situaciones que se dan en la relación médico/paciente, condición que nos hizo reflexionar también en torno a la relación psicólogo/paciente. En general los médicos cuentan con muy poco tiempo para atender a sus pacientes y, por tanto, intentan llegar al diagnóstico de la manera más fácil posible. Ya se ha perdido en gran medida “el ojo clínico” con que eran formados los médicos antiguos. Aunque aun existen escuelas que lo estimulan, como por ejemplo, la de la Universidad de Chile, que prepara a sus profesionales para trabajar en ambientes carenciales, en los que no se encuentra a la mano la tecnología de punta y, en los que se requiere en ocasiones una mayor capacidad observativa y de adaptación a los recursos disponibles. Generalmente, en la actualidad, el médico tiende a apoyarse en mil y un exámenes que el paciente debe tomarse para poder descartar enfermedades y diagnosticar otras, suponiendo que el “paciente” tiene el tiempo y el dinero necesarios para pasar por este arduo proceso que, con una actitud o una visión más aguda y acertada, podría acortarse y hacerse más sencillo.

Cuando no existen, en neurología y en otras especialidades, signos fisiológicos de enfermedad, se atribuye generalmente a los síntomas un origen psicológico y, se le dice al paciente… “Sr/a, esto es una cefalea (por ejemplo) NERVIOSA…”. Y con esto, generalmente se deja al paciente tranquilo, en ciertas ocasiones se le deriva al psiquiatra, quien generalmente diagnostica y medica y, con suerte, deriva al paciente a psicoterapia. Porque sabido es también, que entre profesionales existe muchas veces una desconfianza en la eficacia de los métodos de otros.

El diagnóstico suele ser una especie de “regalo” para el paciente, quien espera contar con un “nombre” para llamar a eso que le sucede y darle personalidad propia. La “enfermedad diagnosticada” pasa a formar parte de la identidad de quien la “padece” y, por tanto, se transforma en un escudo frente a la experiencia. En una explicación acerca de por qué no puedo hacer esto o aquello, en una limitante socialmente aceptada, con suculentas ganancias secundarias.
“Toda mi vida he sido depresiva”, por eso no puedo hacerme cargo de mis hijos, “tengo celafeas nerviosas” por eso no puedo someterme a situaciones de estrés, “soy panicoso” por eso no viajo a ver a mis hijos… Son explicaciones que día a día se escuchan en la consulta del psicólogo y que implican una enajenación de las personas y un volcabulario cada vez más refinado y técnico para hacer referencia a aquello que antes era llamado “pena”, “nervios”, “dolor de cabeza”, “miedo”, etc. Es como si la voluntad sucumbiera ante la depresión, las crisis de pánico, o “los nervios”. Como si después del diagnóstico las personas pasaran a ser parcialmente inválidas, especiales e inmunes a la crítica. (Dejo fuera a los trastornos psicóticos en los que difícilmente el paciente puede ser conciente de la realidad en la que el resto de los seres humanos existen).

Señores/as psiquiatras, neurólogos, psicólogos; Flaco favor le hacemos a los “pacientes” al asignarles un diagnóstico/etiqueta, sin responsabilizarnos por invitar a la persona a hacerse cargo de esto. Claramente nos vemos muy inteligentes y profesionales frente a ellos al “acertar” en el juego y decirle, desde una posición de observador en tercera persona, “Usted tiene… ESTO”… Y el paciente se va satisfecho, con sus medicamentos, dándose una explicación coherente acerca de lo que lo mantiene mal y ahora también con un diagnóstico, que avala su actitud frente a los demás.

Como dice sarcásticamente mi amigo “Dostor”, quien practica la medicina de manera muy responsable, humana y analítica, -“Quizás, si escuchamos a los pacientes, posiblemente podríamos llegar a saber qué les duele, les molesta o les pasa”-. Según señala, los primeros minutos de ESCUCHA en la consulta son primordiales, pues otorgan al “paciente” una sensación agradable, al sentirse realmente atendido y le permiten explicar al médico específicamente qué les duele, qué observan en sí mismos o qué les molesta. Luego vendrán las preguntas, las hipótesis y los exámenes… Pero en primera instancia no hay experto más experto en su propio cuerpo que el mismo “paciente”…

Lo mismo sucede con psicólogos y psiquiatras. La escucha es fundamental, la actitud comprensiva y no evaluadora, la humildad al presentarse como alguien que quiere saber y no como un experto que a priori sabe lo que el paciente tiene. Intentar comprender a la persona desde su experiencia, en vez de tratar de enmarcarlo en un diagnóstico o en una teoría explicativa. La tentación se produce porque el paciente siempre encaja, porque cuando se tiene una teoría en nuestro primer plano mental, las preguntas y las interpretaciones van dirigidas hacia la confirmación de ésta… Y se pierde de vista a la persona, única e individual, que dentro de su “trastorno” vivencia con angustia ciertas experiencias que para otros podrían parecer normales o simples. Nos vemos muy inteligentes y sagaces también, teorizando y diagnosticando, y nuevamente vamos a lo mismo… El diagnóstico es el mejor regalo que podemos darle a nuestros “pacientes” en la consulta, ya que les fortificamos el escudo de explicaciones que lo mantienen girando en su propio eje problemático.

Resulta primordial abrirse, ver a la persona como alguien tan válido como uno mismo, creer en lo que siente a pesar de darnos cuenta que nos “manipula” (algo que generalmente sucede con los profesionales que han desarrollado fuertemente su lado paranóico), entender y empatizar, escuchar activamente y ocuparnos de “devolver” esa confianza con “algo”, ya sea una percepción, una hipótesis “SUGERIDA”, una interpretación planteada como propuesta acerca de lo que le sucede o una explicación acerca de cómo será nuestro plan de acción o tratamiento. Como decía un profesor de mi carrera “El psicólogo es un perturbador estratégicamente orientado, mientras el paciente es un experto en su propia experiencia”… En definitiva, el trabajo es de a dos, ambas partes son fundamentales.

Los “pacientes” pueden llegar a perder la paciencia… Cuando logremos verlos como “usuarios” o, más bien, PERSONAS, lograremos entender que estamos al servicio de quienes nos buscan para que, desde nuestra formación y experiencia contribuyamos a solucionar sus problemas y a hacerlos sentir mejor. Ellos tienen derecho a entender por qué hacemos lo que hacemos, para qué se les pide este u otro exámen, qué viene después de esto, cómo nos vamos a orientar en la búsqueda de la solución.

Definitivamente necesitamos un cambio de actitud, desprendernos un poco del ansia de poder que lleva a los pacientes a llamar a su médico por el título de “Doctor” (que resuena en la mente de muchos como"DIOStor"), sin que éste generalmente sea “doctorado”. Pues es posible mantener el respeto a través del “usted”, que muchas veces utilizan los pacientes, mientras los médicos tutean a diestra y siniestra. Es necesario dejar como “fondo” las “verdades” científicas y como figura a la persona. Hacernos cargo de nuestro ego y de la necesidad de demostrar a los demás que “sabemos”, para limpiar nuestra mirada y dejarla lista para ver a la persona que tenemos al frente. Y así, posiblemente, lleguemos a entenderlos y tratarlos de acuerdo a lo que ellos necesitan.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

LA MARCA DE LA SOBERANÍA


Hace unos días me junté con un muy buen amigo a la salida del trabajo. Era Viernes y había salido un poco más temprano que de costumbre y, sabiendo que el Sábado tenía que levantarme temprano otra vez, decidí llamarlo para que nos juntáramos en un barcito que queda a medio camino entre nuestros trabajos. Al llegar y saludarlo, inmediatamente noté un detalle increíble; un coquetón y acusador moretoncillo en el cuello... Al hacer evidente mi descubrimiento, el rostro de mi amigo fue invadido por un rubor amoratado.

De la historia en sí no supe demasiado, no quise fastidiarlo con mis preguntas. Sólo me reía y lo cuestionaba una y otra vez por la extrañeza que me generaba que alguien a los “treintitantos” pudiese tener en el cuello esta marca tan ordaca y adolescente... Llegamos finalmente a la conclusión de que probablemente "la Lola Vampireza" no midió la fuerza de su pasión o, tal vez, de manera deliberada quiso dejar su marca para que todas las demás supieran que aquel hombre tenía dueña, al menos por el tiempo que “la marca de la soberanía” permaneciera en su lugar.
Por otra parte, no me quedó claro si el chupeteado en cuestión, se sentía bien o mal en relación con la marca. Sus risas y sus intentos por hacerse el interesante con la historia que había detrás de ella, me hicieron pensar que, tal vez el chupón no era para él motivo de vergüenza, sino más bien un símbolo de virilidad y atractivo... Raro... Lo único que estaba claro, es que a los treinta y tantos aun quedan "amantes chupacabras" o, como en este caso "chupacabros".


domingo, 18 de octubre de 2009

Retrato de un Flaite






A propósito de los desmanes ocurridos tras el triunfo de Chile frente a Colombia y, de todos los desmanes que se producen en general cuando los chilenos ganamos alguna cosa y celebramos, o cuando perdemos y nos lamentamos, o nos enojamos y hacemos manifestaciones culturales, pacíficas o violentas… Hay un personaje que siempre está presente… El Flaite.

El flaite es un personaje que trasciende modas y estilos, géneros y rangos etáreos… Y que siempre está presente aportando con su inconfundible estampa a la historia de nuestra sociedad… Presente en las fiestas, en las mochas, rompiendo paraderos mientras la gente celebra, robando en las micros mientras las personas se trasladan a trabajar, haciendo barricadas en las manifestaciones pacíficas… Dando siempre la nota alta. El flaite tiene un espíritu de superación similar al de un burro… Superarse para ellos implica tener más zapatillas pulentas… O llegar a ser famoso como lanza internacional.

Son tremendamente adaptables, por lo que me he llegado a preguntar si, en la cadena de la evolución Darwiniana posiblemente son el último eslabón, ya que son todo terreno.
La indumentaria del flaite es bastante característica, a pesar de ir cambiando de acuerdo al último grito de la moda punga y en relación al rango etáreo. En la actualidad, se puede reconocer fácilmente a un flaite por su amplio atavío. Pantalones sueltos, estilo rapero con diferentes motivos y estampados y generalmente doblados en la parte inferior. Aquellos con más estilo se hacen dobleces diferentes en cada pierna de manera que quede una napier más descubierta que la otra. Sus zapatillas son claramente mejores que las que cualquiera de nosotros pudiera comprar y son símbolo de rango entre los de su especie. La parte superior de sus vestiduras es variable, sin embargo, suelen estar a torso descubierto en recitales, en la barra del estadio mientras tocan el bombo o tiran papelitos picados, en las pichangas de barrio y cuando cuidan autos en verano. Las cicatrices para ellos son “pulentas” también, porque con ellas se vanaglorian de su hostilidad, sobretodo si esta cicatriz es de una herida de bala o le cruza de lado a lado la guata.

El look se enriquece con aros estilo bling bling que emulan diamantes y piedras preciosas al estilo de los reggetoneros famosos y con un peinado con chasquillas cortitas, acompañado a veces de cejas depiladas. Es posible decir que los flaites dejaron atrás la pichanguera, también conocida como “chocopanda” debido a que los cuicos la hicieron suya hace unos años atrás.

Hace poco tiempo se ha adicionado un accesorio más para completar la percha… Este es el celular con música… fuerte… Con el que caminan por la calle, se suben a las micros y cantan al son de las baladas sound y el reggeton principalmente. Este podría decirse que viene a hacer las veces de la transistor con parlantes que usaban los flaites de los 80’ y 90’s.

Por otra parte, los representantes femeninos de esta especie tienen una marcada preferencia por los colores pastel, siendo el blanco y el rosado los favoritos. Usan mini faldas, pitillos de jeans con las manchas de desgaste bien marcadas o ropa deportiva Everlast. Aquellas menos esbeltas muestran a destajo sus manillas e incluso a veces, dejan que les cuelgue un gran rollo de la guata… con estrías.

Una flaite se reconoce en la calle por su caminar “chorizo”, con el mentón ligeramente levantado y mirada desafiante. Mastica chicle con la boca abierta y juguetea con él, haciendo globos y enrollándoselo en el dedo índice para luego volver a introducirlo en su boquita pintada con brillos perlados y delineador de labios.

Cuando salen a bailar se ponen botas taco aguja blancas, rosadas o zapatillas Adidas grandotas, o, en su defecto “Adivas” o “Mike”. Las más hiphoperas usan grandes argollas en las orejas y todas, tengan el estilo que tengan, después de ir al baño, vuelven a la pista de baile con el pelo mojado, tirando gotitas al compás de la música.

Pasando a otra esfera, podemos analizar el particular lenguaje flaite. Utilizan palabras y conjugaciones absolutamente propias, las que, pronunciadas con el tono nasal flaite, hacen de su dialecto un verdadero “para-lenguaje”.

El tono nahal flaite… eh ahí… Como ustedes pueden darse cuenta, el lumpen no pronuncia la “s”, utilizando en su lugar la “h”. Hagamos un primer ejercicio… Repitan conmigo.. “paha lah tillah”… “cumparito… huerte unah moneah”…

Otra característica a tener en cuenta es la excesiva utilización de pronombres, tales como “me”, “se”, “te”. Es así como el flaite redunda en pronombres al decir “¿te ai a parate conshetumare?”… “Ti voy a dihirte una pura wa… No te vengai a harparte culiao mira que si seguí wando te voy a ponerte la gillé con ajo en la yugular y no te la va a hacártela nadien”.

Hay costumbres flaites que, al menos para mí, parecen inexplicables. Por ejemplo, la manía que tienen de escupir o tirar pollos en la calle e incluso en lugares cerrados, cosa que hacen aquellos que ya han pasado al nivel de megacuma flaite. Una vez, afuera del Hospital donde trabajaba hace algún tiempo, me dediqué a contar cuántos pollos tiraba uno de estos especímenes como promedio en un minuto… No lo van a creer… 5 pollos en 60 segundos… ¡lo que implica que se mandan un gargajo cada 12 segundos!... Yo me pregunto ¡cómo producen tanta baba estos sujetos!... ¿será un don?... ¿o el producto de un arduo entrenamiento?... Podríamos reclutar flaites para ganar un ginnes records de escupos o crear un nuevo deporte que nos permita sacar alguna vez medalla de oro en las olimpiadas… En vez del lanzamiento de la bala… “El lanzamiento de la flema”… Cambiar el salto alto por “el “gargajo alto”… y el salto largo por el “Desgarro largo” (este sería un deporte más complejo pues deben considerarse factores de color y textura específicos para cumplir con las bases).

Y dejando atrás las asquerosidades vamos con una última pero importante recomendación… Nunca tenemos que mirar a un punga o longi directamente, con curiosidad, por folcklórico, llamativo o pintoresco que se vea… Y menos aun observarlo de manera desafiante pues, si hay algo que definitivamente los caracteriza es su instinto de supervivencia que, en este caso se podría entender como una predisposición a la mocha.

Cuando se sienten observados o pasados a llevar, los flaites reaccionan violentamente, comenzando con frases desafiantes tales como “¿Qué mirai gil culiao?”…”¿A voh quien te eshó fisha?”, “¿Te deo plata o te guto?”… “¿Andai shorizo chuchetumare?” “¿Tini musha sangre?”… “¿Ti quiri ponerte el pijama de palo monoculiao?”… “¿Quiri tener la honriha eterna en la guata”?... “¿Quirí que te pitee el paño coshinoculiao?”… hasta terminar profiriendo insultos en un lenguaje que llega a ser incomprensible, marcado por sonidos y cadencias en el tono de voz, que puede incluso llegar a asemejarse a un dialecto oriental, con movimientos gatunos en el caso de los flaitos y con alaridos, tirones de mechas y escándalo en el caso de las flaitas… En casos extremos… viene la consiguiente enrollá de polerón en un brazo y la gillé pa cortar sin ser cortao…

En fin, luego de este análisis y, tomando en cuenta que se trata de una raza emergente en rápido crecimiento, poco más nos queda que buscar la reconciliación, aunque eso signifique crear un solo y único Chile flaite... ¡Shigual po!

domingo, 12 de julio de 2009

¿Quiénes fuimos?...



¿Recuerdan su Pubertad?… Nunca me ha gustado esa palabra y creo que tampoco es un período muy disfrutable… El cuerpo empieza a cambiar, las hormonas se desordenan y cada vez que uno se mira al espejo tiene algo distinto… Una gran espinilla nueva que adorna la frente, pelos donde antes no había, etc. Nada se ve armónico… Suceden cosas incómodas para “púberes” y “púberas”; por ejemplo; cuando uno se enferma lo siguen llevando al pediatra, sin pensar que ya nos sentíamos bastante idiotas sentados en camillas con monitos para que más encima el médico te hable como si fueras retardado, usando los mismos términos y tonos que utilizaba cuando tenías cinco años y, más encima, dejando la puerta del box abierta como si uno no tuviera nada que esconder... ¡Y sí hay cosas que uno quiere esconder!.

Y los hombres escuchan al médico hablar con su mamá de mutaciones en sus porciones pudendas, de los cambios y situaciones que pueden llegar a suceder, mientras ella pone una cara que mezcla un interés fingido y un ¡Yo no quería saber!… ¡Por qué la mamá tiene que hablar con el médico de esas cosas tan personales para el púber!

Mientras las mujeres somos víctimas de nuestras madres, que nos hablan con tono cómplice acerca de lo que vendrá, todos esos guácale que uno NO QUERÍA TENER y ellas lo plantean como si fuera lo más lindo del mundo… “la niñita se va a hacer mujer”. Las mamás y las tías empezaban a regalarnos sostenes formadores con monitos y florcitas para que fuera menos dramático usarlos, desodorantes de los olores más ricos para que nos desarrolláramos como mujercitas limpias y de buenas costumbres.

¡Todo el mundo está pendiente del desarrollo del púber!... ¡Y el púber sólo quiere que nadie lo mire, que nadie lo analice, que nadie hable de las cosas que le están apareciendo… “los bellitos”… “que le crece esto”, “que cambia aquello”!...

Podría decirse, en las mujeres, que las púberes se dividen entre las que quieren pasar escondidas un par de años porque se sienten como una oruga antes de ser mariposa y aquellas que quieren ser grandes rápido para poder hacer COSAS DE GRANDE… Siempre ha existido la precocidad en aquellos temas.

Mientras los púberes masculinos, suelen tener una incipiente pelusilla que hace que la zona del bigote se vea “verde”, hablan con gallitos, tienen olores raros y están todo el día pensando en tetas, tetas, tetas… Y riéndose como Beavis and Buthead de estupideces en doble sentido… Definitivamente la edad del Pavo.

Los papás y los tíos les regalan sus primeros desodorantres, perfumes y, por supuesto, su primera crema de afeitar. Y es típico que se sacan una foto de la primera afeitada, con cara de pendejo orgulloso y feliz… “Al fin soy un hombre”.

Era la edad del Patito feo… Para las mujeres el inicio del martirio de la depilación que era dolor para el cuerpo pero miel para el corazón y la autoestima… Por fin podríamos caminar con seguridad con calcetines con nuestras piernas suaves y tersas… Sin pelos. Por fin podríamos conversar con alguien del sexo opuesto sin tener la idea de que nuestro interlocutor tenía su mirada fija en nuestro “bigotillo”… Sentíamos una especie de liberación y de renovada dignidad.

Nosotras andábamos con cambios de humor, escuchando música depre o bailando frente al espejo como locas desatadas, manteniendo largas conversaciones con las amigas, haciendo pijama partyes en los que veíamos películas, jugábamos y comíamos como bestias, mientras ellos hacían deporte, veían revistas porno y ya no querían jugar a las escondidas ni a la pinta… Todo se reducía al intento de jugar a cosas con besos (EJEMMMM) o en las que se pudiera llegar a tocar accidentalmente ALGO del cuerpo de sus otrora “amiguitas”.

Después de un tiempo las cosas cambiaban… las deformidades empezaban a ceder y hombres y mujeres volvíamos a ser armónicos… Bueno… Algunos. Y venían las primeras fiestas… ¿Quién podría olvidar las clásicas fiestas de colegio?... Esas que típicamente se hacían en el gimnasio y eran como una versión freaky de los hipódromos… Podríamos llamarlo… “El huevonódromo”… Donde los hombres daban vueeeeltas y vueeeltas al gimnasio mirando a las niñas, eligiendo y dándose fuerzas para sacar a bailar, mientras las mujeres hacíamos el rol de yeguas en exhibición… Faltaba poco para que se acercaran a ver si teníamos bien puestas las herraduras y nos abrieran la boca para revisarnos los dientes… Y uno a esas alturas no tenía conciencia de la ansiedad que producía en los hombres recorrer el huevonódromo… Que se trataba de un permanente desafío y una competencia… Atreverse a sacar a bailar… Ser capaces de resistir un “No” de una niña linda que los mirara con cara de oliendo “Pun”, como estuviera frente a un adefesio… Y mantener la autoestima y la fortaleza para volver a intentarlo con otra. Era difícil para ambos géneros, pero tenía un "dejo" de emoción... Por algo lo seguíamos haciendo.

El desafío máximo para ellos era estar bailando con alguien al momento de los lentos para ver si podían sacar un “atraque” o al menos una bajadita de manos. Mientras la misión de las mujeres… bueno… de algunas… era mantener la distancia necesaria poniendo los codos entre medio, tener plena conciencia de en qué lugar se encontraban las manos del compañero de baile, tener la cabeza bien para el lado para no llegar a tener un roce y, por supuesto… pensar en otra cosa para evitar la tentación… Había que cuidarse de que ¡nadie pudiera decir que uno era una pequeña maraquilla!... Eso era lo peor.

La técnica femenina para captar la atención era estar bailando como Miss diecisiete, con cara de felicidad y entretenimiento máximo aunque uno lo estuviera pasando como las reverendas o, de frentón (y esto no tenía nada de técnico) la otra alternativa era sentarse con cara de culo en algún escalón de la gradería del gimnasio para que nadie se acercara, mirar bestialmente a cualquiera que cruzara miradas con uno y odiar abiertamente a quien se aprovechara de aquel estado de aburrimiento extremo para abordarla con preguntas huevonas.
Hoy los carretes han cambiado y las técnicas son otras. Claramente, algunos se han quedado atrapados en el huevonódromo de la vida... Jajaja... ¡Quizás es momento de salir!

lunes, 8 de junio de 2009

UNA FAMILIA COMÚN

NO EXISTE IMAGEN QUE PUEDA GRAFICAR A UNA FAMILIA TAN COMÚN Y CORRIENTE COMO ÉSTA...


Érase una vez, en Elich, un país corto y ancho ubicado al centro del odnum, en el planeta Arreit, una pareja que vivía muy feliz, Sinforosa y Agapito. Se habían conocido hace veinte años en un Concierto de Rockpunkelectrónicocumbianchero y, desde ese día, supieron que eran el uno para el otro y no volvieron a separarse nunca más. Pololearon tres años y luego se casaron. Compraron una casa maravillosa, con una vista preciosa hacia las ventanas de los simpáticos vecinos del edificio de enfrente y disfrutaban muchísimo cada vez que salían al patio, miraban hacia arriba y se encontraban con los ojos de alguno de los más de 50 propietarios y arrendatarios del vecino edificio que miraban hacia su jardín y los saludaban amablemente… Se sentían muy acompañados.

Ella, una mujer de 40 años y él de 35, habían tenido dos hijos maravillosos. Gudondófila, de 16 y Simeón de 10 años. Este último tenía graves problemas para contener sus orines, pero a sus padres no les preocupaba mayormente, pues de alguna manera, sentían que era una forma de hacer honor a su nombre y agradecerles a ellos por haberlo llamado así… Ambos eran impactantemente feos como la noche oscura y con una impresionante tendencia a la flojera y a la estupidez. Sus padres gozaban yendo a las reuniones de apoderados del colegio de sus hijos, sobretodo cuando recibían sus libretas de notas pintarrajeadas casi completamente de rojo… Se sentían muy orgullosos de que sus hijos fuesen los últimos de la clase, aunque no podían entender por qué no les daban alguna condecoración. Además, sus pequeños aportaban muchísimo a su vida social, ya que cada uno había repetido cuatro veces los cursos y cada vez ellos conocían padres más jóvenes y divertidos.

Gudondófila, la regalona de papá, era muy popular entre sus compañeros, sobretodo entre los hombres. Le gustaba jugar con ellos al papá y la mamá, al Doctor y siempre pasaba horas encerrada en su habitación con varios de sus compañeritos... Al parecer lo pasaba muy bien jugando con ellos, pues salía despeinada, con las prendas fuera de lugar y coloradísima, al igual que sus amiguitos... gastaba mucha energía. Sus padres estaban muy orgullosos de ella porque a su corta edad, ya había sido madre cuatro veces, dándoles unos maravillosos nietos y preocupándose de que éstos fueran variados en apariencia y temperamento, ya que los cuatro eran de diferentes padres… Buenaza para ser madre era esta niñita, y no era para nada egoísta, compartía muchísimo con sus padres, dejándoles cuidar a los niños casi todas las noches… Se iba de farra para darle más tiempo a los abuelos para que los disfrutaran.

Simeón, aparte de marcar permanentemente territorio como los canes, habilidad reconocida como única por sus padres, amaba a su madre por sobre todas las cosas… Tanto la quería, que deseaba con todo su ser parecerse a ella. Muchas veces la observaba con ternura y admiración mientras se maquillaba y le gustaba salir los fines de semana con tacos y cartera. Sus compañeritos de clase lo adoraban, le tiraban flores, le silbaban y de vez en cuando lo sentaban en el basurero para que descansara con mayor comodidad… Que buenos recuerdos tendría de ese basurero Simeón en el futuro.

Para Agapito, Sinforosa era la mujer más bella de Arreit, tenía una bellísima figura, similar a una calabaza sin forma definida. Sus senos, cada vez más cercanos a su gran ombligo, que tenía a su vez, la forma de una amplia sonrisa, eran para Agapito como una obsesión, su joroba y el cototo que distinguidamente se asomaba por su frente eran el complemento perfecto de su peluda espalda, sus fláccidas nalgas y sus especialmente cortas y rodilludas piernas. A su vez, Sinforosa admiraba a Agapito tanto como el día en que se dio cuenta que estaba enamorada de él. Le fascinaba la extremada delgadez de sus extremidades y el sexy contraste que éstas hacían con su abultado vientre y con sus crecientes senitos de macho. Cuando veía su torso desnudo podía imaginar claramente en él la cara de un Gorila… Eso la hacía sentir tan afortunada y protegida.

Ambos trabajaban muy poquito fuera de la casa y ganaban muchísimo dinero, por lo que nunca les faltaba nada. Compartían las labores de la casa y habían contratado a una Asesora del Hogar para que los asesorara en los temas más complejos y, en definitiva, para tener a alguien más a quién regalonear y atender. Le dieron una habitación amplia, con baño en suite, tina con hidromasaje, aire acondicionado, TV Cable, teléfono desbloqueado incluso para llamadas internacionales y acceso a todo lo que pertenecía a la familia. Había que atenderla bien para que no se fuera.

Sinforosa amaba cuando su marido eructaba tras terminar sus comidas, era para ella la mayor expresión de gratitud y satisfacción que éste podía darle, y cuando el gesto era acompañado de un pedo, mayor era su alegría. También le gustaba el carácter lúdico que Agapito le daba a su vida, cada vez que jugaba a dejar la tapa del WC arriba, la toalla en el suelo y la tina repleta de pelos para que ella tuviera con qué jugar. Le encantaba además cuando él bromeaba haciéndole la desconocida frente a sus amigos mientras veía Fútbol, más aun cuando tomaban muchísima cerveza, gritaban y dejaban todo sucio. Eso era para ella una señal de que en esa casa se disfrutaba muchísimo.

Agapito amaba que su mujer con los años se hubiese vuelto más bigotuda, le gustaba jugar con esos largos y sedosos bellos cuando la besaba. Lo mismo le pasaba con las bellosidades axilares, que para él resultaban tremendamente excitantes. Le fascinaba además, que su mujer saliera con sus amigas, sobretodo cuando iban a bailar y se le pasaban las copas, le encantaba el olor a cigarro y a alcohol que traía impregnado en el cuerpo cuando llegaba.

Pero claro, no todo podía ser color de rosa. Preparando una vez las vacaciones de verano, mientras los nietos corrían desnudos y sucios por el jardín garabateando y escupiendo graciosamente a los vecinos del edificio de enfrente, Agapito se dio cuenta que su mujer ya no estaba tan hermosa como siempre… Había perdido al parecer varios kilos y estaba empezando a notársele algo parecido a una cintura y, al disminuirle la papada, comenzaba a asomarse también una cosa similar a un cuello. Asqueado con la imagen, pero intentando ser lo menos dramático y crítico posible, le dijo a su mujer - Amor, me parece que por alguna razón has adelgazado y no me gustaría que te sintieras mal, cuando en la playa, paseando con tu bikini, alguien pudiera comentar algo acerca de tu cuerpo. Creo que vas a necesitar comer más y consumir más grasas saturadas para redondear aun más tus ángulos y para volver a tener la celulitis y flaccidez que solías tener. Tú sabes que te amo y que te voy a querer aunque te veas delgada y curvilínea, pero lo hago por tu bien, por tu autoestima y por tu salud mental-. En un principio, Sinforosa no se sintió nada bien, tenía la sensación de haber sido criticada. Siempre había hecho lo posible por agradarle a él, evitaba lavarse los dientes, jamás se depilaba, e incluso a veces pasaba una semana completa sin bañarse para complacerlo… pero al parecer, nada era suficiente. Así es que le respondió –Mira Corazón, yo he hecho de todo para complacerte, pero tú también tienes la culpa de que yo haya adelgazado, porque como te encanta cocinar, te tomaste ese rol como personal y te has dedicado a preparar cosas que a mí no me gustan. Quiero volver a comer sesos, ojos de pescado y pulgas de mar-.

Agapito reflexionó y sintió que su mujer tenía razón. Se abrazaron amorosamente y llegaron a un acuerdo. El dejaría que Sinforosa volviera a cocinar y no se entrometería más en las labores del hogar para dejarle a ella la felicidad de atenderlo, siempre que ella se comprometiera a engordar y aumentar su celulitis, y le diera permiso a él para planchar todos los días. Gudondófila y Simeón se pegaban cabezazos entre ellos y se escupían riendo tontamente. Agapito y Sinforosa los miraron amorosamente y se sintieron orgullosos de haber formado una familia tan maravillosa, a pesar de lo común y corriente de sus vidas.


jueves, 14 de mayo de 2009

A PROPÓSITO DE LAS CLASES DE BAILE DEL CAÑO...



Hoy, mientras almorzaba tranquilamente, tuve la oportunidad de ver en la televisión una noticia que, personalmente, me impactó y me dejó A NO NA DA DA ¡¡¡CLASES DE BAILE DEL CAÑO EN LOS GIMNASIOS!!! Increíble, pero cierto… ¡Reflautas!... ¡Calamares en su tinta!... ¡Wow! Me impresiona a lo que ha llegado mi género en función de halagar y estimular a sus machos.

Al parecer, todo comenzó con “La Diosa del Metro”, esa chica que ya hace varios meses, burlaba la seguridad del metro hasta subirse a un vagón y empezar con su distinguido show. Se desvestía frente a los pasajeros, quedando en un diminuto bikini que, por qué no reconocerlo, la hacía lucir bastante bien a pesar que, según mi opinión, se hubiera visto más linda con una capucha en la cabeza, una máscara o, simplemente, sin cabeza. Luego comenzaba a moverse “sensualmente”, utilizando las higiénicas y sanitizadas barras de los vagones para sobajear sus partes pudendas, haciendo una “intensa” presentación, con piruetas, quedando de cabeza, subiendo y bajando por los manoseados agarraderos y dejando embobados a los hombres y horrorizados a los pasajeros más conservadores. Esto, claramente era parte de un proyecto “artíshtico/culturalsss”, cuyo objetivo, de acuerdo a su brillante organizador, era “animar y remover las mentes de quienes se desplazan en este medio de transporte con un show que tiene una calificación de "semi-adultos", por lo cual advirtió, se tomaron todas las precauciones para que ningún menor presenciara el baile” (Gustavo Pradenas... el genio y creador)... ¿Cómo diablos pueden tomarse esas precauciones en el metro cuando a todas horas viajan niños en él?... No me lo puedo imaginar.

Lo que NO llama la atención, pero merece comentarios por lo burdo y folklórico del asunto, son las reacciones y opiniones de quienes presenciaron tan magno evento o lo vieron por televisión o Internet. Hombres embrutecidos, con los ojos desorbitados, la lengua afuera y un hilo de baba colgando coquetamente de sus entreabiertas mandíbulas, que celebraban a esta mujer por la “valentía” de atreverse a realizar un acto que hiciera a la “pacata” sociedad chilena reaccionar, expandir sus límites y terminar con el “doble standard”. Por otro lado había mujeres que condenaban a esta “artishta” comparándola con prostitutas y cabareteras y otras que preguntaban con un entusiasmo inusitado -¿Dónde podría tomar clases de baile del caño?... Porque mi marido quedó loco cuando vio a la Marlen Olivarí haciéndolo en un programa-… Como si para el tal marido fuera lo mismo ver a la Diva de medio kilo en cada teta que a su mujer colgándose de una barra y sobándose con ella.

¡De qué estamos hablando!... Recordemos "instalaciones artísticas" anteriores.

Que una niña, claramente con un trastorno de personalidad limítrofe como Baby Vamp se paseara “en pelotas” y con una mochila por las calles de Santiago custodiada por un tipo de cabeza desteñida con Blondor llamado “Luiso” (¡Quien puede llamarse Luiso!) o que una chica de Cabaret haga del transporte público su escenario, es tan absurdo como el “Proyecto Vaca”, en el cual a una inocente rumiante la “salvaron” de morir en un matadero, para luego torturarla, subiéndola en una grúa a la azotea de un edificio, que estaba completamente llena de pasto… Que consideración. Si la vaca hubiese sabido lo que le esperaba se suicida a mordiscos. O como el “artista” que incluyó en su magnífica muestra un pez en una juguera para “ver la perversión de los chilenos”, pues quien quisiera podía activarla, triturarlo y hacer un delicioso y nutritivo jugo de pescado… Muy inspirador.

¿Recuerdan la casa de vidrio?... Otro proyecto “artístico”, denominado “Nautilus, casa transparente” financiado con dinero de todos los chilenos, tras ganar el Fondart, que tuvo un costo de, nada más y nada menos que $5.290.000. ¿El resultado?... Mientras Daniela Tobar, la “gran actriz” de entonces tiernitos 21 años, se paseaba por el reducido espacio haciendo su vida cotidiana, comiendo, haciendo pipí, popó y duchándose, miles de oficinistas, juniors, obreros, vagonetas, ancianitos, etc. tras estimularse mirándola y terminar calientes como papa de cazuela, esperaban que saliera a “trabajar” para agarrarle “las nalgas”, las “callaguaguas” y lo que pudieran alcanzar. La linda pidió protección policial, pues lo que ella hacía era arte y no exhibicionismo gratuito. Si hubiese cobrado por agarrón, quizás la cosa se hubiera desordenado menos y todos habrían quedado satisfechos.

El tema de ¿qué es arte? quedará para otra ocasión... Por el momento mi duda es la siguiente: ¿Por qué existen personas que tratan de sobresalir como sujetos "especiales", “snob”, “progresistas”, “artistas” y
“perturbadores” queriendo DESPERTAR a la gente a través de la utilización de otros, generalmente animales o mujeres (fíjense bien… animales o mujeres) posicionándolos ante la sociedad como OBJETOS para probar las reacciones de la gente?... Ya sabemos que hay doble standard. Está claro, por la cantidad de “Cafés con tetas y sexo” (que suelen llamarse cafés con piernas), cabarets y topless de mala muerte; que en Chile hay hombres que llegan donde su “gordita” todos los días y la tratan como una “lleina” o simplemente la ignoran o la maltratan y de vez en cuando se pegan una arrancadita con los amigotes a un topless. Es sabido también que incluso el abuelito más compuesto le dice asquerosidades a la niña que entrega panfletos de un supermercado por la mañana en una esquina para ganarse 10 lucas. Sabemos también que hay mujeres que se desbandan en las despedidas de soltera o en los Martes femeninos tratando de agarrar a toda costa una gónada o un genital manoseado ya por varias de las presentes… Aunque debo decir que, de acuerdo a mi experiencia y conocimiento, son más las despedidas de solterO que terminan con “servicios adicionales”, que las despedidas de solterA… Al menos en mi círculo (que es bastante normal), siempre han sido muy sanas y graciosas a pesar de tener vedettos.

¿Para qué entonces intentar “liberarnos más” a través de la “cosificación” de personas que están dispuestas a ponerse como objetos? (porque los animales lamentablemente son víctimas de los “nuevos artistas” y no pueden elegir si quieren o no participar en sus ideas descabelladas).

Cada vez se habla más del término recientemente creado “femicidio”, de la violencia hacia la mujer, de la igualdad de géneros, mientras en las calles, en el metro, en las playas, vemos permanentemente anuncios de cervezas, bebidas, autos, helados, etc. Publicitados por un “culo turgente” unas “pechugas atómicas que parecieran querer arrancar de lo que las oprime”, mujeres semidesnudas con cara de excitación lengüeteando un helado… ¡Quién come helados en cutis y se calienta cuando lo hace!... Estaríamos hablando ya de una especie de “fetichismo”. En el verano se ven por doquier teams de diferentes marcas promocionando productos con niñas bailando en tanga como taradas debajo de una ducha, simulando una situación casi orgásmica mientras se recagan de frío por horas porque el presupuesto no da para pagar el gas. ¡Concursos de potos!... Poleras mojadas. ¡Eso es doble standard!... y lo peor es que las mismas mujeres son quienes facilitan esta cosificación de ellas mismas. Y después vienen las quejas…

No necesitamos hacer este tipo de cosas para demostrar apertura de mente, no necesitamos ir a re-matarnos de frío para sacarnos una foto en pelotas para un tal Spencer Tunik, posando rodeados de testículos ajenos, bellos de dudosa procedencia, traseros que no sabemos hace cuánto no son aseados, olor a sopapo y a rodilla, hálito alcohólico de quienes, por la humorada, se pasaron del carrete a sentir la libertad que otorga correr con las pelotas o las pechugas al viento en presencia de otros..

Lo que sí necesitamos para disminuir el doble standard es aceptar la diversidad, dejar los prejuicios, tratarnos con respeto y con amor.

¿Aprender el baile del caño nos sirve para eso?... ¡MUJERES!… ¡Cuál es la idea de aprender a menearse, colgarse y sobajearse con un tubo!... ¿Es el mejor modo de estimular a su hombre?... ¿Imitar a quienes por necesidad o limitación hacen de este “arte” su forma de ganar el pan, mientras un montón de loosers, degenerados, frouteristas (dícese de aquellos, cuya parafilia consiste en obtener placer sexual al frotar el pene con mujeres vestidas para lograr el orgasmo, generalmente en público) babean y aplauden como tarados esperando algún día tener un encuentro sexual real y no pagado?

Nooo, en mi opinión, se trata de otra moda decadente y subdesarrollada de quienes están dispuestas a volverse “objetos” y ser tratadas como tales. Aprendan a bailar otras cosas, a ser más activas, a conocer su cuerpo, a conocer a su pareja, a intercambiar expectativas, a contactarse, a darse y recibir. Si les gustan las performances háganlo en pareja; Porque para ver como alguien se cuelga de tubos están los topless y los monos en el zoológico... ¡HE DICHO!