Vistas de página en total

PASABA

Bienvenidos


martes, 14 de abril de 2009

¿CONSECUENTE?




Aunque mantenerse en la propia ley implique perder lo que uno cree que quiere, es preferible dejar ir lo que va y viene, que perderse a uno mismo en el proceso de acomodación a la ley de otros.

El problema sobreviene cuando la propia ley es tan flexible, que permite mantenerse y acomodarse a la vez… ¡Por la cresta que es difícil ser consecuente!

jueves, 9 de abril de 2009

Crítica psicosocial del posmodernismo




La posmodernidad, como fenómeno global, se erige como una alternativa poco clara a los ideales del modernismo pues es, en sus cimientos, relativista. Se trata de una era paradójica, en la cual, por un lado nos vemos sobrecargados de información, de productos y posibilidades y, por otro, estamos cada vez más carentes, más vacíos y faltos de sentido.

Los avances tecnológicos y los nuevos canales de información han tornado nuestra vida más rápida y compleja, relativizando y transformando el sentido del tiempo y el espacio, al permitirnos enviar y recibir información de latitudes lejanas en sólo cosa de segundos y manteniéndonos atados a máquinas y sistemas, en función de "estar conectados".

Las relaciones sociales se han amplificado y a la vez se han vuelto más superficiales y virtuales. Esto puede verse, por ejemplo, en el fenómeno Facebook, herramienta tecnológica de la que muchos de nosotros somos usuarios y que permite mantener contacto, recibir noticias y seguir los acontecimientos relevantes e irrelevantes de muchísimas personas a la vez, sin establecer una relación real con ellas. Esta tendencia posiblemente se vincula al “terror” a la intimidad que se vive en nuestros tiempos, pues las habilidades sociales se han ido transformando poco a poco en meras estrategias asertivas para conseguir lo que queremos en esta sociedad en que “la imagen es todo”.

La creación de lazos interpersonales y el mantenimiento de la intimidad se hace cada vez más difícil, pues no sabemos ser nosotros mismos e, incluso en algunos casos, no sabemos quiénes somos. Esta es la causa de gran parte de las “crisis existenciales” por las que los pacientes consultan en psicoterapia; la falta de sentido, la sensación de ser un “Bluff” o una farsa … Percepciones que se grafican claramente en frases como por ejemplo… “Juego tantos roles que ya no sé quién soy” o “Si mi familia… en mi trabajo… supieran realmente como soy no me respetarían”… Son pan de cada día en la práctica del terapeuta.

Las personas se sienten presionadas por el contexto a comprender rápidamente y adaptarse a las exigencias percibidas y, puesto que no es posible para muchos lograr una transformación permanente y profunda, es más importante “parecer” que “ser” adaptado, razón por la cual la imagen pasa a tomar una importancia crucial. Aparecer como buenos padres, figurar como buenos amigos, aprender cierta cantidad de datos para aparentar ser cultos e inteligentes, mostrarse interesados, simular ser solidarios es mucho más importante que serlo realmente. Y es en este “parecer” permanente que el ser humano deja de sentir “encarnadamente” sus emociones y empieza a “cognitivizarlas” y a distanciarse de ellas, hasta no ser capaz incluso de reconocerlas. Tonalidades emotivas como la “tristeza”, el “miedo” o la “ira”, definidas como “nucleares” o “puras” son difíciles de ver en estos tiempos, pues generalmente se dan en combinación con otras y no son "sensorialmente" identificables. La vergüenza, la angustia, la impotencia y la ansiedad indiferenciada han comenzado a tomar roles preponderantes en psicoterapia y, en muchos casos, reconocidas con bastante dificultad para el consultante.

En mi opinión y de acuerdo a algunas teorías psicológicas, existe un núcleo de la identidad de sí mismo que se mantiene en el tiempo a pesar que la experiencia vivida momento a momento se re-signifique de acuerdo al contexto. A pesar de ello, se puede afirmar que incluso el modo de construir la identidad ha mutado, debido a los cambios suscitados al interior de la familia. Vemos a padres y madres cada vez más preocupados de “hacerlo bien” que de conectarse realmente con sus hijos para leer sus demandas y coordinarse con ellos. Es por eso que una gran cantidad de madres y cuidadores se comportan de manera inconsistente, estableciendo vínculos desorganizados, dando respuestas intermitentes e incidiendo, de este modo, en una menor predicción de sus respuestas por parte de los niños. Estos, al no ser capaces de predecir las conductas del cuidador, se vuelven hipervigilantes, evitantes o desorganizados, partiendo desde esa base su relación con el mundo que los rodea.

Consecuentemente, tenemos adultos hipervigilantes, que no cuentan con las herramientas personales para decodificar sus emociones por sí mismos y necesitan a los otros como espejo para saber quiénes son. Esta es una realidad muy común y a la vez, muy difícil de reconocer, pues en la era posmoderna, todos queremos parecer independientes.

Observamos como, además de las carencias psicológicas, estamos enfrentados a una verdadera crisis de los valores éticos y morales, pues si bien estos existen, son relativos, por lo que “todo depende del cristal con que se mire”.

Si bien ya no existe un ideal de hombre, al posicionarnos en la ética posmoderna, podríamos decir que éste sería aquel que triunfa y logra sobreponerse y adaptarse con rapidez a los cambios sin tener conflictos éticos. El hombre que brilla hacia el exterior en todos los ámbitos de su vida; laboral, económico, familiar y social. Sin embargo, en la cotidianeidad y en la intimidad del hombre ideal posmoderno; ¿Encontraremos la misma brillantez que muestra hacia fuera?

El modo de luchar contra esta enajenación de la propia conciencia es intentando ser conciente de ella, por paradójico que suene. Siendo capaces de detenernos y de vez en cuando salir de la vorágine posmoderna para reflexionar acerca de nosotros mismos y de nuestra relación con los otros y con el mundo. Auto-observarnos en nuestro transitar por el devenir cotidiano, deteniéndonos en todas aquellas situaciones que nos producen alguna sensación percibida como relevante, positiva o negativa. Pues es ahí, en la experiencia emocional misma, donde nos encontramos con nuestro verdadero “yo”, donde podemos observarnos y despojarnos, al menos por un instante de los significados que hemos adoptado sin que nos pertenezcan realmente. Si no lo hacemos, nos dejaremos envolver hasta perdernos en ellos. Para eso sirve la psicoterapia, para reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestras emociones y motivaciones, para descubrir cómo llegamos a experienciar y dar significado a las vivencias momento a momento, para hacernos más concientes de nosotros mismos en un mundo complejo que nos confunde y nos lleva paulatinamente al autoengaño.

Es posible mantenernos fieles también a nuestros principios, sin embargo, para esto se requiere una gran voluntad y persistencia, para nadar contra la corriente pues, sabemos que es más fácil dejarnos llevar, a pesar que al final del camino podemos terminar perdidos en medio de la confusión.

Es rol de cada uno de nosotros, como seres individuales y sociales, cuidarnos y respetarnos, tener principios que nos permitan establecer relaciones sanas con la sociedad y con el medio y, de ese modo, mostrar a las futuras generaciones que el hombre aun tiene esperanza de crecer y trascender.

domingo, 29 de marzo de 2009

CAVILACIONES DE "CONFUCIA ATOLONDRINA"... Un cuento... mmmm... ¿Diferente?



El mundo interno de Confucia Atolondrina es bastante especial, lo que no significa que sea "fuera de lo común". Es más, si las personas pudiesen escuchar sus pensamientos, probablemente se reconocerían en ellos. Esa es la razón por la que cuento el diálogo interno que esta típical chilean woman tuvo consigo misma durante una tarde de otoño cualquiera, en el camino hacia "No sé dónde", un pueblito pequeño ubicado en el Noroeste del Surponiente de "Peor es nada".

PASABA pasa a ser ahora entonces, una narradora omnisciente, por lo que podrá contarles en detalle todo lo que Confucia Atolondrina pensó y sintió.

Una tarde de de Otoño, Confucia caminaba sobre las hojas secas que caían de los árboles, intentando identificar cuáles de ellas harían "crack" cuando las pisara y devolviéndose obsesivamente a saltar sobre una que otra hoja crujiente que hubiese quedado atrás. Al levantar la vista y mirar hacia las copas de los árboles, pudo presenciar el momento preciso en que una hoja amarillenta se desprendía de su rama. Esto le generó una extraña emoción y comenzó a sentirse cada vez más confusa acerca de los ciclos de la vida y la muerte, el por qué de las estaciones, el sentido de la vida y la misión de cada ser en la tierra. De pronto se dio cuenta que estaba pensando en "La inmortalidad del Cangrejo", situación que la llevó a analizar de dónde vendría este extraño dicho popular. Llegó a la conclusión que tal vez se trataba de una frase sin sentido que hacía referencia al hecho de pensar en cosas sin sentido... Y que puede responderse con el típico dicho "buscarle la quinta pata al gato"... Aunque no logró convencerse en lo absoluto. Luego siguió con el tema del origen... Qué es primero... ¿El huevo o la Gallina?... Y continuó con "To be or not to be... That's the question", como diría el difunto Willy.

Mientras caminaba hacia "No sé dónde", por "Quién sabe dónde" (La ruta que une "No sé dónde" con "Qué te importa", dos puebluchitos perdidos también por esas zonas) comenzó a sentir la suave brisa primaveral en su rostro y la sutileza con que ésta movía su cabello y se sintió felíz. Decidió dejar de hacerse preguntas inútiles y disfrutar del momento... Y mirando hacia arriba alzó sus brazos y gritó ¡Que rico es el vientoooo!, y el viento quizo devolverle el piropo con una brisa más fresca e intensa, pero el ímpetú fue tanto, que soltó una rama del gran roble bajo el que gritaba Confucia, cayera sobre su cabeza, dejándola bastante atolondrada.
Desde ese día, en el pueblo de "No sé dónde" ya no se escucha hablar de Confucia Atolondrina, pues quedó tan bruta después del "ramazo" en la cabeza, que ahora sólo piensa en colores y casi no habla, sólo sabe decir "sí" y sonreir... Todos la adoran y la llaman simplemente... "Atolondrina".

Fin

viernes, 20 de marzo de 2009

FENÓMENOS DE LA... ¡HIP!... EBRIEDAD



“Ebrio”, “curao”, “curahuilla”, “borracho”, “embriagado”, “cocido” y “beodo” son algunos de los conceptos con los que se denomina a quienes suelen beber más de la cuenta. “Beodo” es una palabra muy interesante, principalmente debido a su origen. Se trata de una abreviación del castellano antiguo, en el cual, muchas palabras que ahora escribimos con “B”, se escribían con “V”. Beodo, para que ustedes sepan, es la abreviación de “veodoble”, palabra que, en su complejidad, grafica en gran medida uno de los síntomas más comunes de la embriaguez…

No es verdad… Si me creyeron… ¡Eso es confianza! (gracias).

¿Se han percatado alguna vez de la cantidad de cambios que ocurren a nivel físico, mental y emocional en el proceso de la embriaguez?...

Para hacer un análisis responsable y apegado a la realidad, he llevado a cabo una investigación en terreno, múltiples entrevistas semi-estructuradas y he recopilado información bibliográfica para hacer una descripción certera del proceso biopsicosocial por el que atraviesa una persona en la medida que se emborracha.

La reacción de las personas frente a la ingesta alcohólica varía notablemente, dependiendo de muchísimos factores; siendo uno de los más importantes la resistencia propia del sujeto, además de la cantidad de etil ingerida, el tipo de alcohol y la "mezcla". Sabido es, que mientras más variada es la ingesta, más rápido y destructivo es el proceso de alcoholización.

Algunos, luego de las primeras dosis, caen en un estado de somnolencia, ante el cual, deben tomar la difícil decisión de irse a dormir o seguir tomando impetuosamente hasta alcanzar el estado de euforia. Otros, inmediatamente comienzan a sentirse más alegres. El mundo se torna encantador, el carrete se percibe más entretenido y la gente se ve cada vez más linda… Una clásica relación, muy conocida por todos es “A mayor cantidad de piscolas… Más linda se vuelve la gente”

Es posible percibir con claridad, como comienzan a brotar los sentimientos de amistad profunda. Las personas, como por arte de magia, sienten la necesidad urgente de expresar a sus amigos cuánto los quieren y lo importantes que son en sus vidas. Se bloquean emociones como la vergüenza y es posible incluso declarar amor a otra persona o hacer comentarios que en otros contextos podrían parecer desubicados pero que, en aquel momento, para quien los expresa, parecen ser absolutamente acertados e incluso necesarios... Confesiones, piropos, perdonazos y todo aquello que en otro espacio uno no se atrevería a decir, comienza paulatinamente a tener cabida tras algunas copas. Obviamente, para no perder la seriedad y la credibilidad, siempre debe terminarse cada frase y cada acto con una aclaración  -“¡Pero no pensí que estoy curá/o!”.

Surge además, en muchas personas, una emotividad fisicoespiritual muy linda. Un deseo de unir las almas a través del cuerpo, emergiendo espontáneamente los abrazos sobajeados y otras muestras de afecto, a vecesacompañados de gritos de euforia, palmotazos o llantos, moqueos y más confesiones.

De pronto, en pleno éxtasis alcohólico se pierde la “propiocepción” y el esquema corporal se desdibuja. Parece que las piernas y los brazos se hicieran más largos, alterándose la capacidad de calcular la velocidad con que las extremidades se desplazan y volviéndose incapaces de estimar la distancia entre los objetos… En resumen, una torpeza extrema que lleva a botar cosas, prender cigarrillos al revés, tomar fuera del vaso o entregar generosamente ofrendas etílicas a la pachamama.

Cabe señalar, que el ebrio tiende a culpar a otros de sus acciones, no por mala voluntad, sino porque se vuelven extrasensorialmente perceptivos, siendo probablemente los únicos que alcanzan a notar todo aquello que sucede en otras dimensiones, imperceptibles para los sobrevalorados sobrios. Por eso reclaman preguntando quién se tomó su trago o quién les dió vuelta el cigarrillo. Ellos saben que, en esos ambientes hay una fuerte actividad paranormal. 

Luego viene la fatal primera visita a Orinoco. Fatal, porque luego de abrir la llave, ya no se puede volver a cerrar. El primer pipí es interminaaaaaaable… Y agotador, sobretodo para las mujeres, quienes luego de hacer una interminable fila, debemos adoptar una posición bastante complicada. La postura en sí ya es un poco degradante, pero además debemos ocuparnos de hacer equilibrio, mientras con una mano afirmamos la puerta, que suele no tener pestillo, y con la otra buscamos y cortamos el papel higiénico, mientras intentamos mantenernos firmes en nuestra tarea, orientando nuestro objetivo hacia la dirección exacta. En esos momentos agradezco ser una "multimujer" y haber aprendido desde chiquitita a caminar mascando chicle.

Cuando los baños son individuales, es imposible escapar de la mirada acusadora del otro yo en el espejo. Un fenómeno bastante inquietante... Tras el proceso del lavado de manos uno se mira al espejo, intentando reconocerse... Todos hemos pasado alguna vez por este trance; nos hemos mirado y tocado la cara, porque algo raro pasa... Es como si ese que está ahí no fuera uno mismo... Y tendemos a hablar con esa extraña imagen del espejo... A retarnos, a reírnos o a hacer muecas...Pero cuidado, porque el espejo de los baños puede ser un portal hacia otras dimensiones y, probablemente, de verdad ese no es uno, sino Alter-uno (ya les dije que los curahuillas están más expuestos a los fenómenos paranormales).

El retorno desde el baño al evento social suele ser complejo. La persona sale algo desorientada y como "pisando huevos", intentando mantener el equilibrio, mientras trata de enfocar al menos un ojo en su objetivo, mientras el otro viaja por el Universo. La articulación de las palabras es compleja y, para que la modulación resulte perfecta, el personaje alcoholizado adopta un elegante acento pronunciadísimo similar al "neutral" de los doblajes o, por el contrario, manda la pronunciación a la cumbre de la colina y se pone a hablar en "raro".

La fiesta continua y cada curahuilla asume su rol: El deshinibido, el bailarín, el conquistador, el desubicado, el "muerto", el todopoderoso, el chistosito, el florero, el llorón, etc. Quiero hacer especial mención al nunca bien ponderado "operador telefónico", presente en todas las fiestas. Ese que, una vez "puestecito", comienza a llamar por teléfono a sus amigos, amigas y ex pololas/os para saludar, para invitar al carrete, para preguntar qué están haciendo (a veces a las cinco de la mañana) para decirles que los quiere, para preguntar si lo/a quieren, etc.

Finalmente, tras múltiples copetes, confesiones, revelaciones, bailes exóticos y quién sabe qué más, el carrete llega a su fin. Viene el proceso de llegar a la casa, meter bien la llave, ponerse el pijama y acostarse... Que suena simple, pero puede ser una seguidilla de dificultades para un etilín.


Y tras las pesadillas asociadas generalmente con la "sed" viene el "despertar del día siguiente"... Mal...

Cerebro inflamado y palpitante o, por el contrario... Un cerebro compungido que se contrae avergonzado y se balancea dentro del cráneo chocando con las paredes a cada movimiento, acompañado de inestabilidad estomacal, en algunos casos.

Todo mal, hasta que sobrevienen los recuerdos y todo se vuele peor... -¡Por qué dije eso!- ¡Noooooooo... ¡Por qué hice eso!- Y comienzan los arrepentimientos que alimentan la caña moral y la depresión post-party que incita nuevamente a decir, como tantas otras veces...  “¡No tomo nunca más!”…  

domingo, 15 de marzo de 2009

LAS MUJERES Y EL CHOCOLATE...



Hoy tuve un ataque de “necesito chocolate”. Por lo que tengo entendido, a muchas mujeres les pasa lo mismo… No sé si a algunos hombres también (los que estén leyendo tal vez podrían contarnos si esto les pasa). La sensación es extraña… Es como una necesidad urgente y angustiosa que puede llegar a hacer que uno salga en pijama a comprar un chocolate al lugar más cercano. Claro está que la mayoría de las veces uno lo come por gusto. Sabido es que son pocas las mujeres capaces de resistir la tentación de un cuadradito, una barrita de chocolate o un bombón… Bueno, en el caso particular de “hoy” se trataba de un ataque de “Chocolatemanía”… "Chocolatorexia"... "Chocolatimia" o como se llame. Pero, por gracia divina, mi amiga DT me había regalado un chocolatito ayer, así que, ya habiéndolo disfrutado, puedo escribir con una sensación de placer y satisfacción acerca de este tema.

En fin... La “necesidad URGENTE” de chocolate, que no se asocia a un compartir o a un “comer algo rico” de manera espontánea, puede ser una alerta de que “algo anda mal”… ¿Les ha pasado por ejemplo a las mujeres que están leyendo este artículo que en el período pre-menstrual sienten una fuerte ansiedad por comer chocolate?... ¿O que cuando tienen una pena de amor pueden llegar a consolarse y sentirse realmente mejor tras haberse "tragado entre lágrimas" una barra de chocolate?... ¿Qué el chocolate relaja?... ¿Qué el chocolate estimula?... ¿Qué el chocolate produce una sensación de felicidad inexplicable?...

Siempre se ha hablado de estudios que otorgan al chocolate cualidades terapéuticas increíbles, y quería saber qué factores incidían en aquello, así que me puse a averiguar acerca del tema en Internet y esto fue lo que encontré:

1.El chocolate induce en el cerebro la producción de una sustancia vinculada a la serotonina, produciendo tranquilidad, sedación y felicidad. Por esta razón, algunos expertos han relacionado directamente el "deseo de comer chocolate" con el padecimiento de sensaciones de angustia, tristeza o irritabilidad.
2.El chocolate ejerce un efecto estimulante sobre el Sistema Nervioso Central similar al de la cafeína y contiene además una sustancia llamada “feniletilamina” que produce efectos similares a los de la anfetamina, es decir, mejora el estado de ánimo.
3.Actúa como diurético al activar el funcionamiento renal.
4.Es rico en magnesio, sustancia que disminuye en el organismo durante el período pre-menstrual. Por lo tanto un chocolatito podría ayudar a disminuir los síntomas de este horrible período, sobretodo los psicológicos y hacernos más simpáticas y menos irritables y sensibles.
5.Contiene carbohidratos y grasas, que producen sensación de saciedad y rapidez mental. O sea, que nos quita el hambre y nos pone más inteligentes y sagaces.
6.El chocolate contiene antioxidantes naturales que ayudan a prevenir las enfermedades cardíacas, las degenerativas (lo que no quita que cada vez todas ustedes se vayan volviendo más degeneradas), el envejecimiento celular e incluso el cáncer.
7.Finalmente, contiene un compuesto químico llamado “anandamina” que activa los mismos receptores cerebrales que se ponen en funcionamiento con la marihuana, produciendo, sobretodo cuando la cantidad supera los estándares de lo “normal”, una sensación placentera y de bienestar. Esta sustancia se encuentra en doble proporción en el cacao y en el chocolate puro, en comparación con el popular chocolate de leche.

Luego de leer estas propiedades está claro que el chocolate alimenta el cuerpo y el alma y que, aparte de hacernos engordar y aumentar el porcentaje de grasa, puede otorgarnos felicidad inmediata cuando no tenemos a mano otras alternativas. Por lo tanto, ¡a comer chocolate se ha dicho!...

sábado, 25 de octubre de 2008

¡QUIÉN NO HA SALIDO CON UN AMARRETE!





Voy a hablar de un tema cada vez más mencionado entre las mujeres. Parto declarando que escribo acerca del tema sin la intención de hacer una crítica sexista, sino simplemente para contar algunas experiencias que, vistas con perspectiva, resultan graciosas. Algunos hombres se ofenden con este tipo de análisis, pero sepan que no lo hago con maldad, sino simplemente con el afán de divertirme con ciertas situaciones que me ha tocado vivir. Más de alguno de mis amigos o algún “ex algo” se puede ver retratado en alguno de los episodios… Sólo les sugiero que se relajen y lo tomen con humor y, si pueden aprender algo acerca de esto, mejor aun. Las identidades nunca serán reveladas… Porque las damas tampoco tenemos memoria.

Comienzo declarando que si hay una característica humana que me carga es la tacañería y el delirio de ruina. No considero, para nada, que los hombres siempre deban invitar, pero es lindo y valorable que lo hagan, al menos en algunas ocasiones, principalmente en la etapa de conquista. Cuando los hombres invitan, es realmente un gusto. Asimismo, cuando nosotras invitamos, también debemos hacerlo con gusto y de buena gana.

He tenido varias experiencias con tacaños. La primera fue a los tiernos 16 años. Un amigo de un amigo, que se estaba haciendo el lindo, me invitó a tomar un helado. Al llegar a la heladería abrió su billetera mientras yo tomaba suavemente la mía en gesto de "por siaca, tengo plata" y, acto seguido dice… -“Creeeeesta… ando sin plata, cómo tan hueón”- Y terminando de estropear la situación me dice con una soltura de cuerpo impresionante –“Ya po… Vai a tener que invitar tú, como mujer moderna… Yo quiero uno doble de chocolate suizo y bañado en chocolate”-. Quedé en tal estado de shock que fui incapaz de hacer nada y le compré su cagón helado de mierda de chocolate suizo bañado asquerosamente en chocolate. A mí, de pura pica se me quitó el hambre y no comí nada.

Pero como la vida es justa, el tipo se chorreó el brazo entero con chocolate y, cuando fue a una bencinera cercana a lavarse, no notó que la llave del agua apuntaba hacia el frente y no hacia abajo (yo si lo noté, pero no le avisé a propósito), y se mojó los pantalones quedando con la imagen inconfundible de un incontinente urinario… Como si se hubiera meado hasta los tobillos… Jajajaja… Castigo divino. Me reí de él hasta más no poder… Obviamente, no salimos otra vez.

Ya mayorcita, como a los 25 años invité a mi pololo reciente a comer a un restaurant especial para celebrar mi cambio de pega. Era caro, pero bonito, yo estaba contenta de poder pagarlo… Quería que fuera una salida atípica y romántica, porque aun no sabía cómo era él realmente. Como se imaginarán, lo romántico se fue a las pailas cuando empecé a notar que mi invitado pedía y pedía como si se tratara de un “tenedor libre” y que, al parecer, había estado juntando apetito todo el día, porque el picante comió como si tuviera más hambre que el Chavo. Pidió el aperitivo más caro y se lo repitió, también pidió un “picoteo” para el traguito, la entrada más cuica, cara y rebuscada de la carta, un vino espectacular, plato de fondo, postre y bajativo. Yo de puro hueona no alegué... No quería quedar como cagona, pero sentí terror y agradecí enormemente que existiera la Redcompra… ¡Una cosa era estar celebrando tener pega y otra muy diferente era haberse ganado el Kino!.. Fue la ruina... Tiempo después, con más confianza, fui capaz de limitarlo cuando se desubicaba.

Han sido bastantes las situaciones de "amarretismo" con las que me he encontrado. Paso a continuación a describirlas a modo de"revisión de casos" (como si no me hubieran pasado a mí):

1.- El caso del cajero automático que se echó a perder:

-¡Chuuucha, el cajero automático está malo! Paga tú las entradas al cine y de ahí pasamos a sacar plata y te pago… ahhh… ¿y te queda plata pa comprar cabritas?”-

Extrañamente, de acuerdo al desenlace de la historia... Ese fue el día en que todos los cajeros automáticos de Santiago "desaparecieron por arte de magia".

2.- La invitación transaccional… Te pago el favor (pero la saca barata)

-Ya po, gracias, erí la raja, te ganaste una invitación a comer. Acá venden unos sándwiches súper ricos…
Mmmm… Me falta plata pa la propina ¿Andai con un par de luquitas?...
¡Creeeesta!... Puuucha, sorry… ¿Tení monedas pal estacionador?...-

Y terminas invirtiendo más en la propina y el estacionador que lo que él pagó por tu sandwich


3.- El que se hace el huevón con el vuelto:

El "príncipe" se baja del auto a comprar y tú le encargas un chicle con un billete de dos lucas. El vuelve al auto con tu chicle y una energética... Que se compró con tu vuelto...

4.- La falsa invitación:

- ¿Salgamos hoy a celebrar que me subieron el sueldo? Yo invito...-
Te lleva al cine y saca la plata justa para pagar su entrada. Estira la mano pidiéndote la tuya.
Luego del cine te invita a tomar algo... Adivina si la invitación es de verdad...

5.- El hombre con delirio de ruina:

Pidamos algo baratito…
- ¿Tení mucha hambre?... ¿Por qué no mejor nos comemos un pancito en la casa?...
Naaaa… Esperemos hasta el Miércoles pa ir al cine que es más barato, aparte tengo unos cupones del publimetro que te hacen descuento en las cabritas… ¡Y llevémonos una botella de agua de la casa porque allá te sacan un ojo de la cara por una bebida!...

6.- El hombre moderno:

- Llevan la cuenta a la mesa, él la toma, la mira, calcula que lo que él "consumió" fueron 3 lucas, mientras tú consumiste 7, entonces espera que pongas tus diez lucas y te pasa "sus tres". Muy muy moderno... ¡Obviamente no quiere pasarte a llevar en tu condición de multi-mujer independiente!

Esos casos son los que recuerdo, a veces mezclados, a veces magnificados... Agradezco a mis musos inspiradores, esperando que ya hayan cumplido su ciclo y su misión en mi vida.




martes, 23 de septiembre de 2008

Pa too lo brocas que le pegan al léxico


Hace algunas semanas, en el cumpleaños de un amigo, la mayoría de los comensales había emprendido la retirada y sólo quedábamos los “pegados de siempre”, esos de los que se piensa que nunca tienen algo más interesante que hacer, o que lo pasan chancho en todas partes y por eso nunca se van… Creo que yo me pondría en esta última categoría.

Como siempre, en esas condiciones, empiezan a surgir temas de conversación bastante interesantes, pues emerge de cada persona el sociólogo que lleva dentro, iniciándose así el intercambio de opiniones acerca de temáticas cotidianas como el “haular bien”. No recuerdo detalladamente cómo comenzó la plática, pero todos empezamos a nombrar palabras que, aunque estén bien utilizadas no nos gusta como suenan, palabras mal utilizadas, deformaciones del lenguaje, “modismos flaites” y neologismos (palabras inventadas). Obviamente, la conversación se fue enriqueciendo con ideas nuevas y sacó muchísimas carcajadas que duraron hasta alrededor de las cinco de la mañana.

Para comenzar, pensemos en un ejemplo relativamente cotidiano. Cuántas veces en alguna tienda o mall (obviamente no de los pirulis) alguna promotora nos ha sugerido con voz dulce ¿”desea” “olorosar” este perfume?... O peor aun… ¿”Gusta” de “alorosar” este perfume?

“Tenimoh”, “querimoh” “sabimoh” es como clásicamente se hace referencia a cuando dos o más personas realizamos una acción o tenemos una intención en común… En la práctica sonaría más o menos así “Losotroh querimoh salir temprano”… “Tenimoh tillible hambre”… o, exagerando menos “Nosotroh tenimos una duda”…

Como pueden ver, la “h” del final de cada palabra reemplaza en algunos casos a la “s” que otorga el plural al verbo. En este sentido, podemos agregar que dentro del cuiquismo flaite es muy mal visto este reemplazo de las “s” por “h”, razón por la cual, para no ser confundidos de categoría, el flaite cuico remarca con fuerza las “SSSS”… Pronunciándolas con decisión y perseverancia –“Nossssotrassss nossss veímossss enterassss de ricasss”…

“Entero” “de” simpático, “terrible de bonito”, “Entero de buena onda”, “Terrible de shooooro”… Son nuevas frases que están “Tillible de moda” y que “prenunciadas” arrastrando la voz “te pueden dejarte terrible de bien parado con el lérsico”.

Continuemos ahora con la siguiente deformación del lenguaje, más común y más antigua que la anterior; El indiscriminado uso del “TE” y el “ME ”en la oración. ¡Antes de un verbo y, a la vez, como sufijo del mismo!... “Me quiero puro matarme” “Te juro que te voy a quererte por siempre”…

En este punto, habiendo ya revisado algunos ejemplos, considero que ha llegado la hora de hacer un ejercicio para evaluar nuestro aprendizaje hasta el momento. Identifiquen el error en esta frase compuesta -“Te voy a contarte algo, pero no se lo podí decírselo a nadien… A la ésta le gusta el éste”- …¿Dónde está el error?... Que hermosa es nuestra cultura pop.

¿Se imaginan ustedes qué pensarían si alguien los invita a salir y, en determinado momento les dijera -”Ufff Princesa (o Rey)… tengo cuarquier hambre ¿y usté?... ¿Quiere que los pasemos a servirlos una cosita?... (Suspiro)... Que dulzura...


¿“Tiéneme” a "la niña"?... Otro clásico…
¿“Díceme” la hora?...
Mañana hay que “dispertarse” temprano…  
“Gánate por ahí no más”...  “Hace una calor”… 
“Es entero de bueno el local; te tiene de todo”, “le lleva cualesquiera cantidad de cosas”
“Voy a tener que saber hacerlo no más”...  
"Tenimos que llevar todo lo que es el dinero"
"¿Cuál es tu vehículo?" 
 "¡Estás esperando un bebééé!... ¿Ya sabes si va a ser niñito hombre o niñita mujer?"

En fin… Son muchísimos y muy variados dichos y modismos populares que escuchamos a diario.

Pasando a otro plano, en la práctica clínica, también he ganado mucha experiencia en la traducción de los mensajes... "Me duele la mente", "me duele el celebro" y "me duele el tungo" son tres dolores diferentes e inconfundibles. Porción delantera, media y posterior de la cabeza respectivamente... No lo olviden para que puedan hacer una descripción certera de su dolor la próxima vez que acudan al médico.

Para continuar, abordemos lo que ya no se relaciona con flaitismos, sino con palabras simplemente mal utilizadas. Por ejemplo, el uso del plural para hacer referencia a conceptos singulares. Por ejemplo, “los sostenes” cuando se habla de un sostén. Es un solo objeto que “sostiene” dos porciones de la fisonomía femenina, por tanto lo correcto es decir “el sostén”. Lo que no alcanzo a comprender entonces, es si estaría bien hablar de los “calzones” o “calzoncillos”, porque aunque el trasero o vulgarmente llamado poto, esté compuesto por dos porciones idealmente redondeadas es sólo uno. Partido en dos, pero uno al fin y al cabo. Infiero entonces que lo correcto sería “el calzón” y “el calzoncillo”.

Y finalmente, una palabra que, si bien, en ocasiones está bien utilizada simplemente NO me gusta y no sé realmente por qué es “colocar”. Tengo claro que “colocar” el lápiz sobre la mesa está bien dicho, pero NO ME GUSTA… Encuentro que suena feo. Claro está que el término “colocar” también se usa bastante mal como concepto.

Aunque no la utilice, sé que esta palabra sirve como sinónimo de “poner” en términos de “posicionar un objeto en un determinado lugar”… Pero extrañamente hay personas que “se colocan contentas” o “se colocan nerviosas”… mal, mal, mal...

¡Usted no lo diga!