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PASABA

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sábado, 8 de marzo de 2014

SOLTERAS DE TREINTA Y TANTOS


Ya tengo treinta y cinco años, sigo soltera, sin hijos y dispersa para escribir. Soy profesional, con hartos estudios y postgrados que amononan mis tarjetas de presentación y claro, también han contribuido a que sea mejor profesional. Tengo un trabajo muy interesante y entretenido, además de mi peguita independiente. Estudio, tengo una vida social bastante activa y el tiempo me alcanza a duras penas para todo. Al final del día termino rendida, aunque generalmente contenta y prácticamente me arrastro los días Viernes después de la pega y el estudio para llegar al carrete pateándome las ojeras o definitivamente a desparramarme en los brazos del invisible Morfeo. Practico meditación, Qi Gong y de vez en cuando yoga y alguna que otra cosita que me sirva para manejar el estrés, mantenerme concentrada y estirarme un poquito. Intento dejarme un espacio para caminar o hacer aunque sea alguna mínima rutina deportiva... En realidad, ese es un recuerdo de etapas pasadas y, a la vez un plan con el que cumplo con cueva una vez a la semana. Vivo tratando de hacer dieta, aunque es como una misión imposible porque la comida es una de las cosas que más disfruto en la vida. He empezado a comprarme cremas para las "líneas de expresión", cremas reductivas, reafirmantes y para la celulitis, aunque no me de para pagar las caras y, probablemente más efectivas. Uso plano de relajación para el bruxismo, me saco las primeras canas con pinza y de vez en cuando las descubro emergiendo tiesas como antenas. Soy, como ven, parte de una especie bastante común en esta época en Santiago de Chile.

Con mis amigas solteras, además de juntarnos con los amigos emparejados y sus familias, disfrutando mucho de estas instancias, compartiendo con ellos y/o chocheando con sus hijos, vivimos buscando lugares donde salir a pasarlo bien, a veces bailar y conocer gente.

En la búsqueda de espacios para personas de treinta y tantos y cuarenta y pocos hemos terminado, por error de recomendación o por mal ojo, en lugares en los que parece que se estuviera celebrando una fiesta de graduación, con chiquillas que bordean los 20, arregladas como si fueran a una gala y chiquillos universitarios que quizás te ven como la tía buena onda o te saquen a bailar si el lugar está oscuro y no te cachan las patas de gallo o si se pasan el rollo del romance con la mina mayor. A mí, al menos, no me da... Me siento profundamente incómoda en esos lugares.
Pero, en el otro extremo, hemos llegado a sitios donde el público objetivo es la gente que era “lola” en los 70 - 80. Llega a dar envidia ver a las chiquillas entre 45 y 60 bailar contentas con pasos al estilo coreografía de Miss 17, con sus piernos en chaqueta de cuero, vestidos enteros de jeans o con looks ochenteros reloaded... Totalmente en su salsa, mientras uno se siente como poroto en paila marina cada vez que un señor que podría ser nuestro papá, nos saca a bailar con gesto seductor, aunque reconozco que algo de gracia le encuentro a sentirme "pendeja" en algún contexto... Hace que uno tenga la fantasía de ser más joven de lo que es. Pero, en fin, volviendo al tema, si hay algo que es común en todos los lugares de "esparcimiento nocturno", es el exceso de féminas, bien arregladas y pintosas y el déficit de especímenes masculinos, sean como sean.


En mis diferentes grupos de amigas somos varias las solteras, por eso siempre estoy bien acompañada en estas incursiones en la noche Santiaguina. Somos las que no alcanzaron la primera vuelta de los buenos pololos de la época universitaria que luego se transformaron en maridos. Tampoco encontramos a nuestra “alma gemela” en ninguna de las pegas, ni hemos conocido a nuestro hombre definitivo o semi-definitivo en ningún carrete, cumpleaños u otra instancia relativamente corriente. Algunas de mis partners solteras tienen hijos y otras, como yo, no tienen más responsabilidades que sus trabajos y sus propias vidas. Podemos viajar, salir, comprarnos alguna cosita simpática de vez en cuando, dormir hasta tarde, quedarnos en pijama los domingos, ver películas, leer, etc. Lo mismo hacen las mamás solteras o separadas, cuando el padre de sus hijos es correcto y los ve semana por medio.

La situación no es mala, en ocasiones es incluso muy buena, pero es rara. Por una parte, las amigas casadas y/o con hijos a veces desean estar “relajadas” como piensan que estamos nosotras, salir sin preocuparse de nadie, tener más espacio para ellas mismas. Pero nosotras tenemos demasiado espacio para nosotras mismas y a veces dan ganas de compartirlo con alguien más.

Somos un poco discriminadas, tanto por hombres como por mujeres, que piensan que andamos con el vestido de novia en la cartera o buscando a un “donante involuntario” para convertirnos en madres. Unas pocas nos ven como amenaza y cuidan a sus maridos para que no nos hablen mucho, porque piensan que somos “levanta hombres”. Y la verdad es que, muchas de nosotras sí queremos tener pareja y probablemente hacer familia antes de parecer abuelitas sin serlo y, lamentablemente no tenemos, como los hombres, toda la vida para eso... ¿Está eso mal?... ¿Es reprochable de alguna manera?... Considero muy injusto que se nos juzgue por nuestra condición genérica-etárea-civil. Ya cumplimos con pagar mucho más que los hombres en las Isapres por tener útero sin siquiera saber si lo vamos a usar o, en algunos casos, seguras de no querer ser madres, sólo porque estamos en "edad fértil", como si los hijos los hiciéramos solas por bipartición. Los hombres viven prácticamente toda su vida en edad fértil y nadie les cobra impuesto por sus gónadas.

A veces, cuando escucho a mis amigas con hijos, me dan ganas de ser mamá y otras veces, creo que con cueva podría criar a un gato. Esa es otra afición que he desarrollado con la madurez, el gusto por los gatos. Siempre me cargaron y hoy encuentro exquisitas las fotos de los gatos de mis amigas y regaloneo con cuática a la gata de los vecinos de mis papás, que se pasa a su patio, me ronronea y me amasa. ¿Qué más viene?... ¿Empezar a juntarme con mis amigas solteras a jugar canasta todos los martes tomándonos un clerycito?... Que miedo.


Hoy, y cuando digo hoy, me refiero tanto a “la actualidad”, como a “hoy sábado”, somos varias las que nos sentimos “raras”. Un poco desmotivadas, sin ganas de salir a hacer siempre lo mismo e intentando pensar en alternativas diferentes para pasarlo bien y conocer gente nueva. Porque en la noche la gente está siempre medio chamberleyn, más alegre y más cocoroca que de costumbre, en la onda de la caza y el joteo. Y yo, al menos, tengo dificultades para hacer contacto visual y no soy muy hábil en la seducción a primera vista, ni muy winner, sino más bien le pego al “hablamiento”, la risa y la talla, sin desmerecer mi estampa, por supuesto, jajaja. Por lo tanto, son espacios en los que difícilmente se puede encontrar a alguien para algo serio.

Hablando con una amiga en la tarde, llegamos a la conclusión de que tal vez es hora de buscar nuevas aficiones, porque la vida nocturna no arroja prospectos reales. Analizamos nuestra situación y nos dimos cuenta que, en realidad, hacemos hartas cosas. No estamos en nuestras casas todo el día esperando enamorarnos del cartero o del repartidor de pizzas a domicilio, menos aun esperamos encontrar al príncipe azul... ¡Ya las cachamos todas! Pero en en la pega, en los seminarios académicos, el gimnasio, el yoga, la meditación, los estudios, los viajes y todas nuestras otras actividades, tampoco hemos tenido la posibilidad de conocer a alguien que se pudiese proyectar tal vez como candidato a prospecto... Y no porque seamos de gustos exquisitos, sino porque NO HAY. No sabemos dónde se esconden los hombres solteros de nuestra edad. ¡Siempre las mujeres doblamos, como mínimo en número a los hombres!, en todos los lugares y no hay solución para ello. Sería ilegal e inmoral comenzar con una campaña "Pitéate una mina" para disminuir la competencia. Somos pares, somos mujeres, solidarias con el género y tenemos que cooperar unas con otras, pero incluso esto es una tarea titánica. No podemos reciclar ex pololos para presentárselos a las amigas porque la mayoría están casados y ya nos quedan pocos amigos solteros y heterosexuales para presentar... ¿Qué hacemos entonces?

Pensamos, como alternativa para conocer gente nueva, entregarnos a la vida sana y sumarnos a algún grupo de Trekking, pero es mala época, sobretodo pensando en que queda lo último del verano y, al menos yo, tras las vacaciones, no tengo estado físico para subir algo más alto que el San Cristóbal, sin quedarme en el camino para que me coman los jotes (los de verdad, los pájaros... Si fueran jotes humanos pintosos quizás me haría la muerta).

¿Grupos de cicleteros?... ¡Fregué!, porque soy parte del 1% de la población que no sabe andar bicicleta (esa historia es para otra columna completa y la estadística es inventada). No tengo auto, así es que no podría pertenecer a ningún tipo de club automovilístico;  “Mini Cooper lovers”, “Amigos de los Escarabajos”, ni “Adoradores fanáticos del Lada (el auto para toda la vida)”. No tengo perro para ser “Dog lover”, ni gato propio para ser "Cat lover", no tengo religión, como para ir a echar un ojo a la misa, al templo, ni a otro lugar sagrado. ¡Ni siquiera podría pertenecer a un club de televitos! porque casi no veo tele... A menos que creara una agrupación de defensores y conservadores de las teles con poto (como les dice una amiga mía a los televisores antiguos), ¡porque una de esas sí tengo! y es la raja...

¿Grupos de análisis literario?... Mmmm, probablemente haya exceso de pseudo-intelectuales posmo que
hablen lindo, sin decir nada. ¿Amantes del vino?... Peligro de caerse al litro con todos los compañeros... ¿Apreciación del arte?... Tal vez mucho chanta que quiera aprender a hacerse el culto para engrupir. ¿Filatelia?... Mucho viejito. ¿Grupos de intercambio de esquelas?... Se me cayó el carnet.

Difícil es pues, la tarea de encontrar a alguien con quien calentarse las patitas este invierno y que continúe refrescándonos la vida el próximo verano y así sucesivamente por años. Queda “lo que botó la ola” y somos “lo que botó la ola”, digámoslo tal cual de una vez por todas. No por pencas, ni por feas, ni por tontas, ni por locas... Tal vez por mala cueva, tal vez por buena cueva, quizás por quisquillosas, por pitis, por no haber estado en el lugar indicado en el momento preciso o simplemente porque sí.

No alcanzamos la primera vuelta y quizás eso es bueno... Viene una segunda vuelta... la de los separados. Espero que podamos encontrarnos, los y las que botó la ola entre sí, o éstos con los separados que vienen por la segunda vuelta... ¡Para no tener que esperar a la tercera!... Porque si el amor de mi vida es un viudo al que voy a conocer en un viaje de la tercera edad de la caja de compensación, me gustaría saberlo para no perder tiempo pensando en la posibilidad de encontrarlo ahora.

Suerte y ánimo a mis congéneres, a quienes están en igual situación, siendo hombres o mujeres... ¡Que se encuentren los corazones!... Y que el amor alcance para todos... ¿Amén?