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PASABA

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

LA MARCA DE LA SOBERANÍA


Hace unos días me junté con un muy buen amigo a la salida del trabajo. Era Viernes y había salido un poco más temprano que de costumbre y, sabiendo que el Sábado tenía que levantarme temprano otra vez, decidí llamarlo para que nos juntáramos en un barcito que queda a medio camino entre nuestros trabajos. Al llegar y saludarlo, inmediatamente noté un detalle increíble; un coquetón y acusador moretoncillo en el cuello... Al hacer evidente mi descubrimiento, el rostro de mi amigo fue invadido por un rubor amoratado.

De la historia en sí no supe demasiado, no quise fastidiarlo con mis preguntas. Sólo me reía y lo cuestionaba una y otra vez por la extrañeza que me generaba que alguien a los “treintitantos” pudiese tener en el cuello esta marca tan ordaca y adolescente... Llegamos finalmente a la conclusión de que probablemente "la Lola Vampireza" no midió la fuerza de su pasión o, tal vez, de manera deliberada quiso dejar su marca para que todas las demás supieran que aquel hombre tenía dueña, al menos por el tiempo que “la marca de la soberanía” permaneciera en su lugar.
Por otra parte, no me quedó claro si el chupeteado en cuestión, se sentía bien o mal en relación con la marca. Sus risas y sus intentos por hacerse el interesante con la historia que había detrás de ella, me hicieron pensar que, tal vez el chupón no era para él motivo de vergüenza, sino más bien un símbolo de virilidad y atractivo... Raro... Lo único que estaba claro, es que a los treinta y tantos aun quedan "amantes chupacabras" o, como en este caso "chupacabros".


domingo, 18 de octubre de 2009

Retrato de un Flaite






A propósito de los desmanes ocurridos tras el triunfo de Chile frente a Colombia y, de todos los desmanes que se producen en general cuando los chilenos ganamos alguna cosa y celebramos, o cuando perdemos y nos lamentamos, o nos enojamos y hacemos manifestaciones culturales, pacíficas o violentas… Hay un personaje que siempre está presente… El Flaite.

El flaite es un personaje que trasciende modas y estilos, géneros y rangos etáreos… Y que siempre está presente aportando con su inconfundible estampa a la historia de nuestra sociedad… Presente en las fiestas, en las mochas, rompiendo paraderos mientras la gente celebra, robando en las micros mientras las personas se trasladan a trabajar, haciendo barricadas en las manifestaciones pacíficas… Dando siempre la nota alta. El flaite tiene un espíritu de superación similar al de un burro… Superarse para ellos implica tener más zapatillas pulentas… O llegar a ser famoso como lanza internacional.

Son tremendamente adaptables, por lo que me he llegado a preguntar si, en la cadena de la evolución Darwiniana posiblemente son el último eslabón, ya que son todo terreno.
La indumentaria del flaite es bastante característica, a pesar de ir cambiando de acuerdo al último grito de la moda punga y en relación al rango etáreo. En la actualidad, se puede reconocer fácilmente a un flaite por su amplio atavío. Pantalones sueltos, estilo rapero con diferentes motivos y estampados y generalmente doblados en la parte inferior. Aquellos con más estilo se hacen dobleces diferentes en cada pierna de manera que quede una napier más descubierta que la otra. Sus zapatillas son claramente mejores que las que cualquiera de nosotros pudiera comprar y son símbolo de rango entre los de su especie. La parte superior de sus vestiduras es variable, sin embargo, suelen estar a torso descubierto en recitales, en la barra del estadio mientras tocan el bombo o tiran papelitos picados, en las pichangas de barrio y cuando cuidan autos en verano. Las cicatrices para ellos son “pulentas” también, porque con ellas se vanaglorian de su hostilidad, sobretodo si esta cicatriz es de una herida de bala o le cruza de lado a lado la guata.

El look se enriquece con aros estilo bling bling que emulan diamantes y piedras preciosas al estilo de los reggetoneros famosos y con un peinado con chasquillas cortitas, acompañado a veces de cejas depiladas. Es posible decir que los flaites dejaron atrás la pichanguera, también conocida como “chocopanda” debido a que los cuicos la hicieron suya hace unos años atrás.

Hace poco tiempo se ha adicionado un accesorio más para completar la percha… Este es el celular con música… fuerte… Con el que caminan por la calle, se suben a las micros y cantan al son de las baladas sound y el reggeton principalmente. Este podría decirse que viene a hacer las veces de la transistor con parlantes que usaban los flaites de los 80’ y 90’s.

Por otra parte, los representantes femeninos de esta especie tienen una marcada preferencia por los colores pastel, siendo el blanco y el rosado los favoritos. Usan mini faldas, pitillos de jeans con las manchas de desgaste bien marcadas o ropa deportiva Everlast. Aquellas menos esbeltas muestran a destajo sus manillas e incluso a veces, dejan que les cuelgue un gran rollo de la guata… con estrías.

Una flaite se reconoce en la calle por su caminar “chorizo”, con el mentón ligeramente levantado y mirada desafiante. Mastica chicle con la boca abierta y juguetea con él, haciendo globos y enrollándoselo en el dedo índice para luego volver a introducirlo en su boquita pintada con brillos perlados y delineador de labios.

Cuando salen a bailar se ponen botas taco aguja blancas, rosadas o zapatillas Adidas grandotas, o, en su defecto “Adivas” o “Mike”. Las más hiphoperas usan grandes argollas en las orejas y todas, tengan el estilo que tengan, después de ir al baño, vuelven a la pista de baile con el pelo mojado, tirando gotitas al compás de la música.

Pasando a otra esfera, podemos analizar el particular lenguaje flaite. Utilizan palabras y conjugaciones absolutamente propias, las que, pronunciadas con el tono nasal flaite, hacen de su dialecto un verdadero “para-lenguaje”.

El tono nahal flaite… eh ahí… Como ustedes pueden darse cuenta, el lumpen no pronuncia la “s”, utilizando en su lugar la “h”. Hagamos un primer ejercicio… Repitan conmigo.. “paha lah tillah”… “cumparito… huerte unah moneah”…

Otra característica a tener en cuenta es la excesiva utilización de pronombres, tales como “me”, “se”, “te”. Es así como el flaite redunda en pronombres al decir “¿te ai a parate conshetumare?”… “Ti voy a dihirte una pura wa… No te vengai a harparte culiao mira que si seguí wando te voy a ponerte la gillé con ajo en la yugular y no te la va a hacártela nadien”.

Hay costumbres flaites que, al menos para mí, parecen inexplicables. Por ejemplo, la manía que tienen de escupir o tirar pollos en la calle e incluso en lugares cerrados, cosa que hacen aquellos que ya han pasado al nivel de megacuma flaite. Una vez, afuera del Hospital donde trabajaba hace algún tiempo, me dediqué a contar cuántos pollos tiraba uno de estos especímenes como promedio en un minuto… No lo van a creer… 5 pollos en 60 segundos… ¡lo que implica que se mandan un gargajo cada 12 segundos!... Yo me pregunto ¡cómo producen tanta baba estos sujetos!... ¿será un don?... ¿o el producto de un arduo entrenamiento?... Podríamos reclutar flaites para ganar un ginnes records de escupos o crear un nuevo deporte que nos permita sacar alguna vez medalla de oro en las olimpiadas… En vez del lanzamiento de la bala… “El lanzamiento de la flema”… Cambiar el salto alto por “el “gargajo alto”… y el salto largo por el “Desgarro largo” (este sería un deporte más complejo pues deben considerarse factores de color y textura específicos para cumplir con las bases).

Y dejando atrás las asquerosidades vamos con una última pero importante recomendación… Nunca tenemos que mirar a un punga o longi directamente, con curiosidad, por folcklórico, llamativo o pintoresco que se vea… Y menos aun observarlo de manera desafiante pues, si hay algo que definitivamente los caracteriza es su instinto de supervivencia que, en este caso se podría entender como una predisposición a la mocha.

Cuando se sienten observados o pasados a llevar, los flaites reaccionan violentamente, comenzando con frases desafiantes tales como “¿Qué mirai gil culiao?”…”¿A voh quien te eshó fisha?”, “¿Te deo plata o te guto?”… “¿Andai shorizo chuchetumare?” “¿Tini musha sangre?”… “¿Ti quiri ponerte el pijama de palo monoculiao?”… “¿Quiri tener la honriha eterna en la guata”?... “¿Quirí que te pitee el paño coshinoculiao?”… hasta terminar profiriendo insultos en un lenguaje que llega a ser incomprensible, marcado por sonidos y cadencias en el tono de voz, que puede incluso llegar a asemejarse a un dialecto oriental, con movimientos gatunos en el caso de los flaitos y con alaridos, tirones de mechas y escándalo en el caso de las flaitas… En casos extremos… viene la consiguiente enrollá de polerón en un brazo y la gillé pa cortar sin ser cortao…

En fin, luego de este análisis y, tomando en cuenta que se trata de una raza emergente en rápido crecimiento, poco más nos queda que buscar la reconciliación, aunque eso signifique crear un solo y único Chile flaite... ¡Shigual po!

domingo, 12 de julio de 2009

¿Quiénes fuimos?...



¿Recuerdan su Pubertad?… Nunca me ha gustado esa palabra y creo que tampoco es un período muy disfrutable… El cuerpo empieza a cambiar, las hormonas se desordenan y cada vez que uno se mira al espejo tiene algo distinto… Una gran espinilla nueva que adorna la frente, pelos donde antes no había, etc. Nada se ve armónico… Suceden cosas incómodas para “púberes” y “púberas”; por ejemplo; cuando uno se enferma lo siguen llevando al pediatra, sin pensar que ya nos sentíamos bastante idiotas sentados en camillas con monitos para que más encima el médico te hable como si fueras retardado, usando los mismos términos y tonos que utilizaba cuando tenías cinco años y, más encima, dejando la puerta del box abierta como si uno no tuviera nada que esconder... ¡Y sí hay cosas que uno quiere esconder!.

Y los hombres escuchan al médico hablar con su mamá de mutaciones en sus porciones pudendas, de los cambios y situaciones que pueden llegar a suceder, mientras ella pone una cara que mezcla un interés fingido y un ¡Yo no quería saber!… ¡Por qué la mamá tiene que hablar con el médico de esas cosas tan personales para el púber!

Mientras las mujeres somos víctimas de nuestras madres, que nos hablan con tono cómplice acerca de lo que vendrá, todos esos guácale que uno NO QUERÍA TENER y ellas lo plantean como si fuera lo más lindo del mundo… “la niñita se va a hacer mujer”. Las mamás y las tías empezaban a regalarnos sostenes formadores con monitos y florcitas para que fuera menos dramático usarlos, desodorantes de los olores más ricos para que nos desarrolláramos como mujercitas limpias y de buenas costumbres.

¡Todo el mundo está pendiente del desarrollo del púber!... ¡Y el púber sólo quiere que nadie lo mire, que nadie lo analice, que nadie hable de las cosas que le están apareciendo… “los bellitos”… “que le crece esto”, “que cambia aquello”!...

Podría decirse, en las mujeres, que las púberes se dividen entre las que quieren pasar escondidas un par de años porque se sienten como una oruga antes de ser mariposa y aquellas que quieren ser grandes rápido para poder hacer COSAS DE GRANDE… Siempre ha existido la precocidad en aquellos temas.

Mientras los púberes masculinos, suelen tener una incipiente pelusilla que hace que la zona del bigote se vea “verde”, hablan con gallitos, tienen olores raros y están todo el día pensando en tetas, tetas, tetas… Y riéndose como Beavis and Buthead de estupideces en doble sentido… Definitivamente la edad del Pavo.

Los papás y los tíos les regalan sus primeros desodorantres, perfumes y, por supuesto, su primera crema de afeitar. Y es típico que se sacan una foto de la primera afeitada, con cara de pendejo orgulloso y feliz… “Al fin soy un hombre”.

Era la edad del Patito feo… Para las mujeres el inicio del martirio de la depilación que era dolor para el cuerpo pero miel para el corazón y la autoestima… Por fin podríamos caminar con seguridad con calcetines con nuestras piernas suaves y tersas… Sin pelos. Por fin podríamos conversar con alguien del sexo opuesto sin tener la idea de que nuestro interlocutor tenía su mirada fija en nuestro “bigotillo”… Sentíamos una especie de liberación y de renovada dignidad.

Nosotras andábamos con cambios de humor, escuchando música depre o bailando frente al espejo como locas desatadas, manteniendo largas conversaciones con las amigas, haciendo pijama partyes en los que veíamos películas, jugábamos y comíamos como bestias, mientras ellos hacían deporte, veían revistas porno y ya no querían jugar a las escondidas ni a la pinta… Todo se reducía al intento de jugar a cosas con besos (EJEMMMM) o en las que se pudiera llegar a tocar accidentalmente ALGO del cuerpo de sus otrora “amiguitas”.

Después de un tiempo las cosas cambiaban… las deformidades empezaban a ceder y hombres y mujeres volvíamos a ser armónicos… Bueno… Algunos. Y venían las primeras fiestas… ¿Quién podría olvidar las clásicas fiestas de colegio?... Esas que típicamente se hacían en el gimnasio y eran como una versión freaky de los hipódromos… Podríamos llamarlo… “El huevonódromo”… Donde los hombres daban vueeeeltas y vueeeltas al gimnasio mirando a las niñas, eligiendo y dándose fuerzas para sacar a bailar, mientras las mujeres hacíamos el rol de yeguas en exhibición… Faltaba poco para que se acercaran a ver si teníamos bien puestas las herraduras y nos abrieran la boca para revisarnos los dientes… Y uno a esas alturas no tenía conciencia de la ansiedad que producía en los hombres recorrer el huevonódromo… Que se trataba de un permanente desafío y una competencia… Atreverse a sacar a bailar… Ser capaces de resistir un “No” de una niña linda que los mirara con cara de oliendo “Pun”, como estuviera frente a un adefesio… Y mantener la autoestima y la fortaleza para volver a intentarlo con otra. Era difícil para ambos géneros, pero tenía un "dejo" de emoción... Por algo lo seguíamos haciendo.

El desafío máximo para ellos era estar bailando con alguien al momento de los lentos para ver si podían sacar un “atraque” o al menos una bajadita de manos. Mientras la misión de las mujeres… bueno… de algunas… era mantener la distancia necesaria poniendo los codos entre medio, tener plena conciencia de en qué lugar se encontraban las manos del compañero de baile, tener la cabeza bien para el lado para no llegar a tener un roce y, por supuesto… pensar en otra cosa para evitar la tentación… Había que cuidarse de que ¡nadie pudiera decir que uno era una pequeña maraquilla!... Eso era lo peor.

La técnica femenina para captar la atención era estar bailando como Miss diecisiete, con cara de felicidad y entretenimiento máximo aunque uno lo estuviera pasando como las reverendas o, de frentón (y esto no tenía nada de técnico) la otra alternativa era sentarse con cara de culo en algún escalón de la gradería del gimnasio para que nadie se acercara, mirar bestialmente a cualquiera que cruzara miradas con uno y odiar abiertamente a quien se aprovechara de aquel estado de aburrimiento extremo para abordarla con preguntas huevonas.
Hoy los carretes han cambiado y las técnicas son otras. Claramente, algunos se han quedado atrapados en el huevonódromo de la vida... Jajaja... ¡Quizás es momento de salir!

lunes, 8 de junio de 2009

UNA FAMILIA COMÚN

NO EXISTE IMAGEN QUE PUEDA GRAFICAR A UNA FAMILIA TAN COMÚN Y CORRIENTE COMO ÉSTA...


Érase una vez, en Elich, un país corto y ancho ubicado al centro del odnum, en el planeta Arreit, una pareja que vivía muy feliz, Sinforosa y Agapito. Se habían conocido hace veinte años en un Concierto de Rockpunkelectrónicocumbianchero y, desde ese día, supieron que eran el uno para el otro y no volvieron a separarse nunca más. Pololearon tres años y luego se casaron. Compraron una casa maravillosa, con una vista preciosa hacia las ventanas de los simpáticos vecinos del edificio de enfrente y disfrutaban muchísimo cada vez que salían al patio, miraban hacia arriba y se encontraban con los ojos de alguno de los más de 50 propietarios y arrendatarios del vecino edificio que miraban hacia su jardín y los saludaban amablemente… Se sentían muy acompañados.

Ella, una mujer de 40 años y él de 35, habían tenido dos hijos maravillosos. Gudondófila, de 16 y Simeón de 10 años. Este último tenía graves problemas para contener sus orines, pero a sus padres no les preocupaba mayormente, pues de alguna manera, sentían que era una forma de hacer honor a su nombre y agradecerles a ellos por haberlo llamado así… Ambos eran impactantemente feos como la noche oscura y con una impresionante tendencia a la flojera y a la estupidez. Sus padres gozaban yendo a las reuniones de apoderados del colegio de sus hijos, sobretodo cuando recibían sus libretas de notas pintarrajeadas casi completamente de rojo… Se sentían muy orgullosos de que sus hijos fuesen los últimos de la clase, aunque no podían entender por qué no les daban alguna condecoración. Además, sus pequeños aportaban muchísimo a su vida social, ya que cada uno había repetido cuatro veces los cursos y cada vez ellos conocían padres más jóvenes y divertidos.

Gudondófila, la regalona de papá, era muy popular entre sus compañeros, sobretodo entre los hombres. Le gustaba jugar con ellos al papá y la mamá, al Doctor y siempre pasaba horas encerrada en su habitación con varios de sus compañeritos... Al parecer lo pasaba muy bien jugando con ellos, pues salía despeinada, con las prendas fuera de lugar y coloradísima, al igual que sus amiguitos... gastaba mucha energía. Sus padres estaban muy orgullosos de ella porque a su corta edad, ya había sido madre cuatro veces, dándoles unos maravillosos nietos y preocupándose de que éstos fueran variados en apariencia y temperamento, ya que los cuatro eran de diferentes padres… Buenaza para ser madre era esta niñita, y no era para nada egoísta, compartía muchísimo con sus padres, dejándoles cuidar a los niños casi todas las noches… Se iba de farra para darle más tiempo a los abuelos para que los disfrutaran.

Simeón, aparte de marcar permanentemente territorio como los canes, habilidad reconocida como única por sus padres, amaba a su madre por sobre todas las cosas… Tanto la quería, que deseaba con todo su ser parecerse a ella. Muchas veces la observaba con ternura y admiración mientras se maquillaba y le gustaba salir los fines de semana con tacos y cartera. Sus compañeritos de clase lo adoraban, le tiraban flores, le silbaban y de vez en cuando lo sentaban en el basurero para que descansara con mayor comodidad… Que buenos recuerdos tendría de ese basurero Simeón en el futuro.

Para Agapito, Sinforosa era la mujer más bella de Arreit, tenía una bellísima figura, similar a una calabaza sin forma definida. Sus senos, cada vez más cercanos a su gran ombligo, que tenía a su vez, la forma de una amplia sonrisa, eran para Agapito como una obsesión, su joroba y el cototo que distinguidamente se asomaba por su frente eran el complemento perfecto de su peluda espalda, sus fláccidas nalgas y sus especialmente cortas y rodilludas piernas. A su vez, Sinforosa admiraba a Agapito tanto como el día en que se dio cuenta que estaba enamorada de él. Le fascinaba la extremada delgadez de sus extremidades y el sexy contraste que éstas hacían con su abultado vientre y con sus crecientes senitos de macho. Cuando veía su torso desnudo podía imaginar claramente en él la cara de un Gorila… Eso la hacía sentir tan afortunada y protegida.

Ambos trabajaban muy poquito fuera de la casa y ganaban muchísimo dinero, por lo que nunca les faltaba nada. Compartían las labores de la casa y habían contratado a una Asesora del Hogar para que los asesorara en los temas más complejos y, en definitiva, para tener a alguien más a quién regalonear y atender. Le dieron una habitación amplia, con baño en suite, tina con hidromasaje, aire acondicionado, TV Cable, teléfono desbloqueado incluso para llamadas internacionales y acceso a todo lo que pertenecía a la familia. Había que atenderla bien para que no se fuera.

Sinforosa amaba cuando su marido eructaba tras terminar sus comidas, era para ella la mayor expresión de gratitud y satisfacción que éste podía darle, y cuando el gesto era acompañado de un pedo, mayor era su alegría. También le gustaba el carácter lúdico que Agapito le daba a su vida, cada vez que jugaba a dejar la tapa del WC arriba, la toalla en el suelo y la tina repleta de pelos para que ella tuviera con qué jugar. Le encantaba además cuando él bromeaba haciéndole la desconocida frente a sus amigos mientras veía Fútbol, más aun cuando tomaban muchísima cerveza, gritaban y dejaban todo sucio. Eso era para ella una señal de que en esa casa se disfrutaba muchísimo.

Agapito amaba que su mujer con los años se hubiese vuelto más bigotuda, le gustaba jugar con esos largos y sedosos bellos cuando la besaba. Lo mismo le pasaba con las bellosidades axilares, que para él resultaban tremendamente excitantes. Le fascinaba además, que su mujer saliera con sus amigas, sobretodo cuando iban a bailar y se le pasaban las copas, le encantaba el olor a cigarro y a alcohol que traía impregnado en el cuerpo cuando llegaba.

Pero claro, no todo podía ser color de rosa. Preparando una vez las vacaciones de verano, mientras los nietos corrían desnudos y sucios por el jardín garabateando y escupiendo graciosamente a los vecinos del edificio de enfrente, Agapito se dio cuenta que su mujer ya no estaba tan hermosa como siempre… Había perdido al parecer varios kilos y estaba empezando a notársele algo parecido a una cintura y, al disminuirle la papada, comenzaba a asomarse también una cosa similar a un cuello. Asqueado con la imagen, pero intentando ser lo menos dramático y crítico posible, le dijo a su mujer - Amor, me parece que por alguna razón has adelgazado y no me gustaría que te sintieras mal, cuando en la playa, paseando con tu bikini, alguien pudiera comentar algo acerca de tu cuerpo. Creo que vas a necesitar comer más y consumir más grasas saturadas para redondear aun más tus ángulos y para volver a tener la celulitis y flaccidez que solías tener. Tú sabes que te amo y que te voy a querer aunque te veas delgada y curvilínea, pero lo hago por tu bien, por tu autoestima y por tu salud mental-. En un principio, Sinforosa no se sintió nada bien, tenía la sensación de haber sido criticada. Siempre había hecho lo posible por agradarle a él, evitaba lavarse los dientes, jamás se depilaba, e incluso a veces pasaba una semana completa sin bañarse para complacerlo… pero al parecer, nada era suficiente. Así es que le respondió –Mira Corazón, yo he hecho de todo para complacerte, pero tú también tienes la culpa de que yo haya adelgazado, porque como te encanta cocinar, te tomaste ese rol como personal y te has dedicado a preparar cosas que a mí no me gustan. Quiero volver a comer sesos, ojos de pescado y pulgas de mar-.

Agapito reflexionó y sintió que su mujer tenía razón. Se abrazaron amorosamente y llegaron a un acuerdo. El dejaría que Sinforosa volviera a cocinar y no se entrometería más en las labores del hogar para dejarle a ella la felicidad de atenderlo, siempre que ella se comprometiera a engordar y aumentar su celulitis, y le diera permiso a él para planchar todos los días. Gudondófila y Simeón se pegaban cabezazos entre ellos y se escupían riendo tontamente. Agapito y Sinforosa los miraron amorosamente y se sintieron orgullosos de haber formado una familia tan maravillosa, a pesar de lo común y corriente de sus vidas.


jueves, 14 de mayo de 2009

A PROPÓSITO DE LAS CLASES DE BAILE DEL CAÑO...



Hoy, mientras almorzaba tranquilamente, tuve la oportunidad de ver en la televisión una noticia que, personalmente, me impactó y me dejó A NO NA DA DA ¡¡¡CLASES DE BAILE DEL CAÑO EN LOS GIMNASIOS!!! Increíble, pero cierto… ¡Reflautas!... ¡Calamares en su tinta!... ¡Wow! Me impresiona a lo que ha llegado mi género en función de halagar y estimular a sus machos.

Al parecer, todo comenzó con “La Diosa del Metro”, esa chica que ya hace varios meses, burlaba la seguridad del metro hasta subirse a un vagón y empezar con su distinguido show. Se desvestía frente a los pasajeros, quedando en un diminuto bikini que, por qué no reconocerlo, la hacía lucir bastante bien a pesar que, según mi opinión, se hubiera visto más linda con una capucha en la cabeza, una máscara o, simplemente, sin cabeza. Luego comenzaba a moverse “sensualmente”, utilizando las higiénicas y sanitizadas barras de los vagones para sobajear sus partes pudendas, haciendo una “intensa” presentación, con piruetas, quedando de cabeza, subiendo y bajando por los manoseados agarraderos y dejando embobados a los hombres y horrorizados a los pasajeros más conservadores. Esto, claramente era parte de un proyecto “artíshtico/culturalsss”, cuyo objetivo, de acuerdo a su brillante organizador, era “animar y remover las mentes de quienes se desplazan en este medio de transporte con un show que tiene una calificación de "semi-adultos", por lo cual advirtió, se tomaron todas las precauciones para que ningún menor presenciara el baile” (Gustavo Pradenas... el genio y creador)... ¿Cómo diablos pueden tomarse esas precauciones en el metro cuando a todas horas viajan niños en él?... No me lo puedo imaginar.

Lo que NO llama la atención, pero merece comentarios por lo burdo y folklórico del asunto, son las reacciones y opiniones de quienes presenciaron tan magno evento o lo vieron por televisión o Internet. Hombres embrutecidos, con los ojos desorbitados, la lengua afuera y un hilo de baba colgando coquetamente de sus entreabiertas mandíbulas, que celebraban a esta mujer por la “valentía” de atreverse a realizar un acto que hiciera a la “pacata” sociedad chilena reaccionar, expandir sus límites y terminar con el “doble standard”. Por otro lado había mujeres que condenaban a esta “artishta” comparándola con prostitutas y cabareteras y otras que preguntaban con un entusiasmo inusitado -¿Dónde podría tomar clases de baile del caño?... Porque mi marido quedó loco cuando vio a la Marlen Olivarí haciéndolo en un programa-… Como si para el tal marido fuera lo mismo ver a la Diva de medio kilo en cada teta que a su mujer colgándose de una barra y sobándose con ella.

¡De qué estamos hablando!... Recordemos "instalaciones artísticas" anteriores.

Que una niña, claramente con un trastorno de personalidad limítrofe como Baby Vamp se paseara “en pelotas” y con una mochila por las calles de Santiago custodiada por un tipo de cabeza desteñida con Blondor llamado “Luiso” (¡Quien puede llamarse Luiso!) o que una chica de Cabaret haga del transporte público su escenario, es tan absurdo como el “Proyecto Vaca”, en el cual a una inocente rumiante la “salvaron” de morir en un matadero, para luego torturarla, subiéndola en una grúa a la azotea de un edificio, que estaba completamente llena de pasto… Que consideración. Si la vaca hubiese sabido lo que le esperaba se suicida a mordiscos. O como el “artista” que incluyó en su magnífica muestra un pez en una juguera para “ver la perversión de los chilenos”, pues quien quisiera podía activarla, triturarlo y hacer un delicioso y nutritivo jugo de pescado… Muy inspirador.

¿Recuerdan la casa de vidrio?... Otro proyecto “artístico”, denominado “Nautilus, casa transparente” financiado con dinero de todos los chilenos, tras ganar el Fondart, que tuvo un costo de, nada más y nada menos que $5.290.000. ¿El resultado?... Mientras Daniela Tobar, la “gran actriz” de entonces tiernitos 21 años, se paseaba por el reducido espacio haciendo su vida cotidiana, comiendo, haciendo pipí, popó y duchándose, miles de oficinistas, juniors, obreros, vagonetas, ancianitos, etc. tras estimularse mirándola y terminar calientes como papa de cazuela, esperaban que saliera a “trabajar” para agarrarle “las nalgas”, las “callaguaguas” y lo que pudieran alcanzar. La linda pidió protección policial, pues lo que ella hacía era arte y no exhibicionismo gratuito. Si hubiese cobrado por agarrón, quizás la cosa se hubiera desordenado menos y todos habrían quedado satisfechos.

El tema de ¿qué es arte? quedará para otra ocasión... Por el momento mi duda es la siguiente: ¿Por qué existen personas que tratan de sobresalir como sujetos "especiales", “snob”, “progresistas”, “artistas” y
“perturbadores” queriendo DESPERTAR a la gente a través de la utilización de otros, generalmente animales o mujeres (fíjense bien… animales o mujeres) posicionándolos ante la sociedad como OBJETOS para probar las reacciones de la gente?... Ya sabemos que hay doble standard. Está claro, por la cantidad de “Cafés con tetas y sexo” (que suelen llamarse cafés con piernas), cabarets y topless de mala muerte; que en Chile hay hombres que llegan donde su “gordita” todos los días y la tratan como una “lleina” o simplemente la ignoran o la maltratan y de vez en cuando se pegan una arrancadita con los amigotes a un topless. Es sabido también que incluso el abuelito más compuesto le dice asquerosidades a la niña que entrega panfletos de un supermercado por la mañana en una esquina para ganarse 10 lucas. Sabemos también que hay mujeres que se desbandan en las despedidas de soltera o en los Martes femeninos tratando de agarrar a toda costa una gónada o un genital manoseado ya por varias de las presentes… Aunque debo decir que, de acuerdo a mi experiencia y conocimiento, son más las despedidas de solterO que terminan con “servicios adicionales”, que las despedidas de solterA… Al menos en mi círculo (que es bastante normal), siempre han sido muy sanas y graciosas a pesar de tener vedettos.

¿Para qué entonces intentar “liberarnos más” a través de la “cosificación” de personas que están dispuestas a ponerse como objetos? (porque los animales lamentablemente son víctimas de los “nuevos artistas” y no pueden elegir si quieren o no participar en sus ideas descabelladas).

Cada vez se habla más del término recientemente creado “femicidio”, de la violencia hacia la mujer, de la igualdad de géneros, mientras en las calles, en el metro, en las playas, vemos permanentemente anuncios de cervezas, bebidas, autos, helados, etc. Publicitados por un “culo turgente” unas “pechugas atómicas que parecieran querer arrancar de lo que las oprime”, mujeres semidesnudas con cara de excitación lengüeteando un helado… ¡Quién come helados en cutis y se calienta cuando lo hace!... Estaríamos hablando ya de una especie de “fetichismo”. En el verano se ven por doquier teams de diferentes marcas promocionando productos con niñas bailando en tanga como taradas debajo de una ducha, simulando una situación casi orgásmica mientras se recagan de frío por horas porque el presupuesto no da para pagar el gas. ¡Concursos de potos!... Poleras mojadas. ¡Eso es doble standard!... y lo peor es que las mismas mujeres son quienes facilitan esta cosificación de ellas mismas. Y después vienen las quejas…

No necesitamos hacer este tipo de cosas para demostrar apertura de mente, no necesitamos ir a re-matarnos de frío para sacarnos una foto en pelotas para un tal Spencer Tunik, posando rodeados de testículos ajenos, bellos de dudosa procedencia, traseros que no sabemos hace cuánto no son aseados, olor a sopapo y a rodilla, hálito alcohólico de quienes, por la humorada, se pasaron del carrete a sentir la libertad que otorga correr con las pelotas o las pechugas al viento en presencia de otros..

Lo que sí necesitamos para disminuir el doble standard es aceptar la diversidad, dejar los prejuicios, tratarnos con respeto y con amor.

¿Aprender el baile del caño nos sirve para eso?... ¡MUJERES!… ¡Cuál es la idea de aprender a menearse, colgarse y sobajearse con un tubo!... ¿Es el mejor modo de estimular a su hombre?... ¿Imitar a quienes por necesidad o limitación hacen de este “arte” su forma de ganar el pan, mientras un montón de loosers, degenerados, frouteristas (dícese de aquellos, cuya parafilia consiste en obtener placer sexual al frotar el pene con mujeres vestidas para lograr el orgasmo, generalmente en público) babean y aplauden como tarados esperando algún día tener un encuentro sexual real y no pagado?

Nooo, en mi opinión, se trata de otra moda decadente y subdesarrollada de quienes están dispuestas a volverse “objetos” y ser tratadas como tales. Aprendan a bailar otras cosas, a ser más activas, a conocer su cuerpo, a conocer a su pareja, a intercambiar expectativas, a contactarse, a darse y recibir. Si les gustan las performances háganlo en pareja; Porque para ver como alguien se cuelga de tubos están los topless y los monos en el zoológico... ¡HE DICHO!

martes, 14 de abril de 2009

¿CONSECUENTE?




Aunque mantenerse en la propia ley implique perder lo que uno cree que quiere, es preferible dejar ir lo que va y viene, que perderse a uno mismo en el proceso de acomodación a la ley de otros.

El problema sobreviene cuando la propia ley es tan flexible, que permite mantenerse y acomodarse a la vez… ¡Por la cresta que es difícil ser consecuente!

jueves, 9 de abril de 2009

Crítica psicosocial del posmodernismo




La posmodernidad, como fenómeno global, se erige como una alternativa poco clara a los ideales del modernismo pues es, en sus cimientos, relativista. Se trata de una era paradójica, en la cual, por un lado nos vemos sobrecargados de información, de productos y posibilidades y, por otro, estamos cada vez más carentes, más vacíos y faltos de sentido.

Los avances tecnológicos y los nuevos canales de información han tornado nuestra vida más rápida y compleja, relativizando y transformando el sentido del tiempo y el espacio, al permitirnos enviar y recibir información de latitudes lejanas en sólo cosa de segundos y manteniéndonos atados a máquinas y sistemas, en función de "estar conectados".

Las relaciones sociales se han amplificado y a la vez se han vuelto más superficiales y virtuales. Esto puede verse, por ejemplo, en el fenómeno Facebook, herramienta tecnológica de la que muchos de nosotros somos usuarios y que permite mantener contacto, recibir noticias y seguir los acontecimientos relevantes e irrelevantes de muchísimas personas a la vez, sin establecer una relación real con ellas. Esta tendencia posiblemente se vincula al “terror” a la intimidad que se vive en nuestros tiempos, pues las habilidades sociales se han ido transformando poco a poco en meras estrategias asertivas para conseguir lo que queremos en esta sociedad en que “la imagen es todo”.

La creación de lazos interpersonales y el mantenimiento de la intimidad se hace cada vez más difícil, pues no sabemos ser nosotros mismos e, incluso en algunos casos, no sabemos quiénes somos. Esta es la causa de gran parte de las “crisis existenciales” por las que los pacientes consultan en psicoterapia; la falta de sentido, la sensación de ser un “Bluff” o una farsa … Percepciones que se grafican claramente en frases como por ejemplo… “Juego tantos roles que ya no sé quién soy” o “Si mi familia… en mi trabajo… supieran realmente como soy no me respetarían”… Son pan de cada día en la práctica del terapeuta.

Las personas se sienten presionadas por el contexto a comprender rápidamente y adaptarse a las exigencias percibidas y, puesto que no es posible para muchos lograr una transformación permanente y profunda, es más importante “parecer” que “ser” adaptado, razón por la cual la imagen pasa a tomar una importancia crucial. Aparecer como buenos padres, figurar como buenos amigos, aprender cierta cantidad de datos para aparentar ser cultos e inteligentes, mostrarse interesados, simular ser solidarios es mucho más importante que serlo realmente. Y es en este “parecer” permanente que el ser humano deja de sentir “encarnadamente” sus emociones y empieza a “cognitivizarlas” y a distanciarse de ellas, hasta no ser capaz incluso de reconocerlas. Tonalidades emotivas como la “tristeza”, el “miedo” o la “ira”, definidas como “nucleares” o “puras” son difíciles de ver en estos tiempos, pues generalmente se dan en combinación con otras y no son "sensorialmente" identificables. La vergüenza, la angustia, la impotencia y la ansiedad indiferenciada han comenzado a tomar roles preponderantes en psicoterapia y, en muchos casos, reconocidas con bastante dificultad para el consultante.

En mi opinión y de acuerdo a algunas teorías psicológicas, existe un núcleo de la identidad de sí mismo que se mantiene en el tiempo a pesar que la experiencia vivida momento a momento se re-signifique de acuerdo al contexto. A pesar de ello, se puede afirmar que incluso el modo de construir la identidad ha mutado, debido a los cambios suscitados al interior de la familia. Vemos a padres y madres cada vez más preocupados de “hacerlo bien” que de conectarse realmente con sus hijos para leer sus demandas y coordinarse con ellos. Es por eso que una gran cantidad de madres y cuidadores se comportan de manera inconsistente, estableciendo vínculos desorganizados, dando respuestas intermitentes e incidiendo, de este modo, en una menor predicción de sus respuestas por parte de los niños. Estos, al no ser capaces de predecir las conductas del cuidador, se vuelven hipervigilantes, evitantes o desorganizados, partiendo desde esa base su relación con el mundo que los rodea.

Consecuentemente, tenemos adultos hipervigilantes, que no cuentan con las herramientas personales para decodificar sus emociones por sí mismos y necesitan a los otros como espejo para saber quiénes son. Esta es una realidad muy común y a la vez, muy difícil de reconocer, pues en la era posmoderna, todos queremos parecer independientes.

Observamos como, además de las carencias psicológicas, estamos enfrentados a una verdadera crisis de los valores éticos y morales, pues si bien estos existen, son relativos, por lo que “todo depende del cristal con que se mire”.

Si bien ya no existe un ideal de hombre, al posicionarnos en la ética posmoderna, podríamos decir que éste sería aquel que triunfa y logra sobreponerse y adaptarse con rapidez a los cambios sin tener conflictos éticos. El hombre que brilla hacia el exterior en todos los ámbitos de su vida; laboral, económico, familiar y social. Sin embargo, en la cotidianeidad y en la intimidad del hombre ideal posmoderno; ¿Encontraremos la misma brillantez que muestra hacia fuera?

El modo de luchar contra esta enajenación de la propia conciencia es intentando ser conciente de ella, por paradójico que suene. Siendo capaces de detenernos y de vez en cuando salir de la vorágine posmoderna para reflexionar acerca de nosotros mismos y de nuestra relación con los otros y con el mundo. Auto-observarnos en nuestro transitar por el devenir cotidiano, deteniéndonos en todas aquellas situaciones que nos producen alguna sensación percibida como relevante, positiva o negativa. Pues es ahí, en la experiencia emocional misma, donde nos encontramos con nuestro verdadero “yo”, donde podemos observarnos y despojarnos, al menos por un instante de los significados que hemos adoptado sin que nos pertenezcan realmente. Si no lo hacemos, nos dejaremos envolver hasta perdernos en ellos. Para eso sirve la psicoterapia, para reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestras emociones y motivaciones, para descubrir cómo llegamos a experienciar y dar significado a las vivencias momento a momento, para hacernos más concientes de nosotros mismos en un mundo complejo que nos confunde y nos lleva paulatinamente al autoengaño.

Es posible mantenernos fieles también a nuestros principios, sin embargo, para esto se requiere una gran voluntad y persistencia, para nadar contra la corriente pues, sabemos que es más fácil dejarnos llevar, a pesar que al final del camino podemos terminar perdidos en medio de la confusión.

Es rol de cada uno de nosotros, como seres individuales y sociales, cuidarnos y respetarnos, tener principios que nos permitan establecer relaciones sanas con la sociedad y con el medio y, de ese modo, mostrar a las futuras generaciones que el hombre aun tiene esperanza de crecer y trascender.

domingo, 29 de marzo de 2009

CAVILACIONES DE "CONFUCIA ATOLONDRINA"... Un cuento... mmmm... ¿Diferente?



El mundo interno de Confucia Atolondrina es bastante especial, lo que no significa que sea "fuera de lo común". Es más, si las personas pudiesen escuchar sus pensamientos, probablemente se reconocerían en ellos. Esa es la razón por la que cuento el diálogo interno que esta típical chilean woman tuvo consigo misma durante una tarde de otoño cualquiera, en el camino hacia "No sé dónde", un pueblito pequeño ubicado en el Noroeste del Surponiente de "Peor es nada".

PASABA pasa a ser ahora entonces, una narradora omnisciente, por lo que podrá contarles en detalle todo lo que Confucia Atolondrina pensó y sintió.

Una tarde de de Otoño, Confucia caminaba sobre las hojas secas que caían de los árboles, intentando identificar cuáles de ellas harían "crack" cuando las pisara y devolviéndose obsesivamente a saltar sobre una que otra hoja crujiente que hubiese quedado atrás. Al levantar la vista y mirar hacia las copas de los árboles, pudo presenciar el momento preciso en que una hoja amarillenta se desprendía de su rama. Esto le generó una extraña emoción y comenzó a sentirse cada vez más confusa acerca de los ciclos de la vida y la muerte, el por qué de las estaciones, el sentido de la vida y la misión de cada ser en la tierra. De pronto se dio cuenta que estaba pensando en "La inmortalidad del Cangrejo", situación que la llevó a analizar de dónde vendría este extraño dicho popular. Llegó a la conclusión que tal vez se trataba de una frase sin sentido que hacía referencia al hecho de pensar en cosas sin sentido... Y que puede responderse con el típico dicho "buscarle la quinta pata al gato"... Aunque no logró convencerse en lo absoluto. Luego siguió con el tema del origen... Qué es primero... ¿El huevo o la Gallina?... Y continuó con "To be or not to be... That's the question", como diría el difunto Willy.

Mientras caminaba hacia "No sé dónde", por "Quién sabe dónde" (La ruta que une "No sé dónde" con "Qué te importa", dos puebluchitos perdidos también por esas zonas) comenzó a sentir la suave brisa primaveral en su rostro y la sutileza con que ésta movía su cabello y se sintió felíz. Decidió dejar de hacerse preguntas inútiles y disfrutar del momento... Y mirando hacia arriba alzó sus brazos y gritó ¡Que rico es el vientoooo!, y el viento quizo devolverle el piropo con una brisa más fresca e intensa, pero el ímpetú fue tanto, que soltó una rama del gran roble bajo el que gritaba Confucia, cayera sobre su cabeza, dejándola bastante atolondrada.
Desde ese día, en el pueblo de "No sé dónde" ya no se escucha hablar de Confucia Atolondrina, pues quedó tan bruta después del "ramazo" en la cabeza, que ahora sólo piensa en colores y casi no habla, sólo sabe decir "sí" y sonreir... Todos la adoran y la llaman simplemente... "Atolondrina".

Fin

viernes, 20 de marzo de 2009

FENÓMENOS DE LA... ¡HIP!... EBRIEDAD



“Ebrio”, “curao”, “curahuilla”, “borracho”, “embriagado”, “cocido” y “beodo” son algunos de los conceptos con los que se denomina a quienes suelen beber más de la cuenta. “Beodo” es una palabra muy interesante, principalmente debido a su origen. Se trata de una abreviación del castellano antiguo, en el cual, muchas palabras que ahora escribimos con “B”, se escribían con “V”. Beodo, para que ustedes sepan, es la abreviación de “veodoble”, palabra que, en su complejidad, grafica en gran medida uno de los síntomas más comunes de la embriaguez…

No es verdad… Si me creyeron… ¡Eso es confianza! (gracias).

¿Se han percatado alguna vez de la cantidad de cambios que ocurren a nivel físico, mental y emocional en el proceso de la embriaguez?...

Para hacer un análisis responsable y apegado a la realidad, he llevado a cabo una investigación en terreno, múltiples entrevistas semi-estructuradas y he recopilado información bibliográfica para hacer una descripción certera del proceso biopsicosocial por el que atraviesa una persona en la medida que se emborracha.

La reacción de las personas frente a la ingesta alcohólica varía notablemente, dependiendo de muchísimos factores; siendo uno de los más importantes la resistencia propia del sujeto, además de la cantidad de etil ingerida, el tipo de alcohol y la "mezcla". Sabido es, que mientras más variada es la ingesta, más rápido y destructivo es el proceso de alcoholización.

Algunos, luego de las primeras dosis, caen en un estado de somnolencia, ante el cual, deben tomar la difícil decisión de irse a dormir o seguir tomando impetuosamente hasta alcanzar el estado de euforia. Otros, inmediatamente comienzan a sentirse más alegres. El mundo se torna encantador, el carrete se percibe más entretenido y la gente se ve cada vez más linda… Una clásica relación, muy conocida por todos es “A mayor cantidad de piscolas… Más linda se vuelve la gente”

Es posible percibir con claridad, como comienzan a brotar los sentimientos de amistad profunda. Las personas, como por arte de magia, sienten la necesidad urgente de expresar a sus amigos cuánto los quieren y lo importantes que son en sus vidas. Se bloquean emociones como la vergüenza y es posible incluso declarar amor a otra persona o hacer comentarios que en otros contextos podrían parecer desubicados pero que, en aquel momento, para quien los expresa, parecen ser absolutamente acertados e incluso necesarios... Confesiones, piropos, perdonazos y todo aquello que en otro espacio uno no se atrevería a decir, comienza paulatinamente a tener cabida tras algunas copas. Obviamente, para no perder la seriedad y la credibilidad, siempre debe terminarse cada frase y cada acto con una aclaración  -“¡Pero no pensí que estoy curá/o!”.

Surge además, en muchas personas, una emotividad fisicoespiritual muy linda. Un deseo de unir las almas a través del cuerpo, emergiendo espontáneamente los abrazos sobajeados y otras muestras de afecto, a vecesacompañados de gritos de euforia, palmotazos o llantos, moqueos y más confesiones.

De pronto, en pleno éxtasis alcohólico se pierde la “propiocepción” y el esquema corporal se desdibuja. Parece que las piernas y los brazos se hicieran más largos, alterándose la capacidad de calcular la velocidad con que las extremidades se desplazan y volviéndose incapaces de estimar la distancia entre los objetos… En resumen, una torpeza extrema que lleva a botar cosas, prender cigarrillos al revés, tomar fuera del vaso o entregar generosamente ofrendas etílicas a la pachamama.

Cabe señalar, que el ebrio tiende a culpar a otros de sus acciones, no por mala voluntad, sino porque se vuelven extrasensorialmente perceptivos, siendo probablemente los únicos que alcanzan a notar todo aquello que sucede en otras dimensiones, imperceptibles para los sobrevalorados sobrios. Por eso reclaman preguntando quién se tomó su trago o quién les dió vuelta el cigarrillo. Ellos saben que, en esos ambientes hay una fuerte actividad paranormal. 

Luego viene la fatal primera visita a Orinoco. Fatal, porque luego de abrir la llave, ya no se puede volver a cerrar. El primer pipí es interminaaaaaaable… Y agotador, sobretodo para las mujeres, quienes luego de hacer una interminable fila, debemos adoptar una posición bastante complicada. La postura en sí ya es un poco degradante, pero además debemos ocuparnos de hacer equilibrio, mientras con una mano afirmamos la puerta, que suele no tener pestillo, y con la otra buscamos y cortamos el papel higiénico, mientras intentamos mantenernos firmes en nuestra tarea, orientando nuestro objetivo hacia la dirección exacta. En esos momentos agradezco ser una "multimujer" y haber aprendido desde chiquitita a caminar mascando chicle.

Cuando los baños son individuales, es imposible escapar de la mirada acusadora del otro yo en el espejo. Un fenómeno bastante inquietante... Tras el proceso del lavado de manos uno se mira al espejo, intentando reconocerse... Todos hemos pasado alguna vez por este trance; nos hemos mirado y tocado la cara, porque algo raro pasa... Es como si ese que está ahí no fuera uno mismo... Y tendemos a hablar con esa extraña imagen del espejo... A retarnos, a reírnos o a hacer muecas...Pero cuidado, porque el espejo de los baños puede ser un portal hacia otras dimensiones y, probablemente, de verdad ese no es uno, sino Alter-uno (ya les dije que los curahuillas están más expuestos a los fenómenos paranormales).

El retorno desde el baño al evento social suele ser complejo. La persona sale algo desorientada y como "pisando huevos", intentando mantener el equilibrio, mientras trata de enfocar al menos un ojo en su objetivo, mientras el otro viaja por el Universo. La articulación de las palabras es compleja y, para que la modulación resulte perfecta, el personaje alcoholizado adopta un elegante acento pronunciadísimo similar al "neutral" de los doblajes o, por el contrario, manda la pronunciación a la cumbre de la colina y se pone a hablar en "raro".

La fiesta continua y cada curahuilla asume su rol: El deshinibido, el bailarín, el conquistador, el desubicado, el "muerto", el todopoderoso, el chistosito, el florero, el llorón, etc. Quiero hacer especial mención al nunca bien ponderado "operador telefónico", presente en todas las fiestas. Ese que, una vez "puestecito", comienza a llamar por teléfono a sus amigos, amigas y ex pololas/os para saludar, para invitar al carrete, para preguntar qué están haciendo (a veces a las cinco de la mañana) para decirles que los quiere, para preguntar si lo/a quieren, etc.

Finalmente, tras múltiples copetes, confesiones, revelaciones, bailes exóticos y quién sabe qué más, el carrete llega a su fin. Viene el proceso de llegar a la casa, meter bien la llave, ponerse el pijama y acostarse... Que suena simple, pero puede ser una seguidilla de dificultades para un etilín.


Y tras las pesadillas asociadas generalmente con la "sed" viene el "despertar del día siguiente"... Mal...

Cerebro inflamado y palpitante o, por el contrario... Un cerebro compungido que se contrae avergonzado y se balancea dentro del cráneo chocando con las paredes a cada movimiento, acompañado de inestabilidad estomacal, en algunos casos.

Todo mal, hasta que sobrevienen los recuerdos y todo se vuele peor... -¡Por qué dije eso!- ¡Noooooooo... ¡Por qué hice eso!- Y comienzan los arrepentimientos que alimentan la caña moral y la depresión post-party que incita nuevamente a decir, como tantas otras veces...  “¡No tomo nunca más!”…  

domingo, 15 de marzo de 2009

LAS MUJERES Y EL CHOCOLATE...



Hoy tuve un ataque de “necesito chocolate”. Por lo que tengo entendido, a muchas mujeres les pasa lo mismo… No sé si a algunos hombres también (los que estén leyendo tal vez podrían contarnos si esto les pasa). La sensación es extraña… Es como una necesidad urgente y angustiosa que puede llegar a hacer que uno salga en pijama a comprar un chocolate al lugar más cercano. Claro está que la mayoría de las veces uno lo come por gusto. Sabido es que son pocas las mujeres capaces de resistir la tentación de un cuadradito, una barrita de chocolate o un bombón… Bueno, en el caso particular de “hoy” se trataba de un ataque de “Chocolatemanía”… "Chocolatorexia"... "Chocolatimia" o como se llame. Pero, por gracia divina, mi amiga DT me había regalado un chocolatito ayer, así que, ya habiéndolo disfrutado, puedo escribir con una sensación de placer y satisfacción acerca de este tema.

En fin... La “necesidad URGENTE” de chocolate, que no se asocia a un compartir o a un “comer algo rico” de manera espontánea, puede ser una alerta de que “algo anda mal”… ¿Les ha pasado por ejemplo a las mujeres que están leyendo este artículo que en el período pre-menstrual sienten una fuerte ansiedad por comer chocolate?... ¿O que cuando tienen una pena de amor pueden llegar a consolarse y sentirse realmente mejor tras haberse "tragado entre lágrimas" una barra de chocolate?... ¿Qué el chocolate relaja?... ¿Qué el chocolate estimula?... ¿Qué el chocolate produce una sensación de felicidad inexplicable?...

Siempre se ha hablado de estudios que otorgan al chocolate cualidades terapéuticas increíbles, y quería saber qué factores incidían en aquello, así que me puse a averiguar acerca del tema en Internet y esto fue lo que encontré:

1.El chocolate induce en el cerebro la producción de una sustancia vinculada a la serotonina, produciendo tranquilidad, sedación y felicidad. Por esta razón, algunos expertos han relacionado directamente el "deseo de comer chocolate" con el padecimiento de sensaciones de angustia, tristeza o irritabilidad.
2.El chocolate ejerce un efecto estimulante sobre el Sistema Nervioso Central similar al de la cafeína y contiene además una sustancia llamada “feniletilamina” que produce efectos similares a los de la anfetamina, es decir, mejora el estado de ánimo.
3.Actúa como diurético al activar el funcionamiento renal.
4.Es rico en magnesio, sustancia que disminuye en el organismo durante el período pre-menstrual. Por lo tanto un chocolatito podría ayudar a disminuir los síntomas de este horrible período, sobretodo los psicológicos y hacernos más simpáticas y menos irritables y sensibles.
5.Contiene carbohidratos y grasas, que producen sensación de saciedad y rapidez mental. O sea, que nos quita el hambre y nos pone más inteligentes y sagaces.
6.El chocolate contiene antioxidantes naturales que ayudan a prevenir las enfermedades cardíacas, las degenerativas (lo que no quita que cada vez todas ustedes se vayan volviendo más degeneradas), el envejecimiento celular e incluso el cáncer.
7.Finalmente, contiene un compuesto químico llamado “anandamina” que activa los mismos receptores cerebrales que se ponen en funcionamiento con la marihuana, produciendo, sobretodo cuando la cantidad supera los estándares de lo “normal”, una sensación placentera y de bienestar. Esta sustancia se encuentra en doble proporción en el cacao y en el chocolate puro, en comparación con el popular chocolate de leche.

Luego de leer estas propiedades está claro que el chocolate alimenta el cuerpo y el alma y que, aparte de hacernos engordar y aumentar el porcentaje de grasa, puede otorgarnos felicidad inmediata cuando no tenemos a mano otras alternativas. Por lo tanto, ¡a comer chocolate se ha dicho!...