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PASABA

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viernes, 12 de diciembre de 2014

“Trágame tierra”… Caídas, metidas de pata y otros chascarros

Publicado en witty.la
Todo parece indicar, al menos en mi experiencia, que existe una relación inversa entre los años de vida y los niveles de vergüenza. Recuerdo claramente cómo cuando era niña, situaciones mínimas de inadecuación me generaban gran intranquilidad, siendo la pubertad y la adolescencia las edades en la que más vergüenza sentí por diferentes situaciones que, a los ojos de hoy, pueden parecer casi ridículas.
La primera vez que pensé en esta relación fue trabajando en un Hospital, donde una colega psicóloga que estaba a punto de jubilarse, me hizo el comentario de que “a los sesenta uno no se arruga por nada” (actitudinalmente hablando, por supuesto). Ella me acercaba todos los días en auto a mi casa o a mi consulta y manejaba bastante mal. Siempre cometía alguna falta y le encantaba saludar con cara de Miss Chile y tirarle besos a los automovilistas que le gritaban garabatos cada vez que ella cometía algún error que los perjudicara, y mientras hacía eso, se moría de la risa. Incluso, una vez que quedamos paradas en la mitad de la calle por no parar en el semáforo a tiempo, impidiendo el paso de los autos que venían del otro lado; impresionantemente ella mantuvo el buen humor y se reía a carcajadas hablando de lo histérica que se ponía la gente y de lo poco tolerantes que eran frente a los errores, mientras yo quería enterrarme en el asiento del copiloto de los nervios que sentía al ser partícipe de la situación.
Actualmente, a mis 36 años, me he dado cuenta de que efectivamente la cosa es así. Uno definitivamente va perdiendo la vergüenza, tal vez, de tanta experiencia que se ha tenido con este tipo de situaciones. Las caídas, los comentarios desubicados, las inadecuaciones y los chascarros me resultan mucho menos terribles que antes. Me he atrevido a hacer cosas que a los veintitantos resultaban impensables y he sabido resolver metidas de pata con gracia y patudez, simplemente pensando… “Ya pasó… ¿Y qué?”.
Una clásica situación vergonzosa es la caída en público. Como yo soy buena para el costalazo, tengo que caminar consciente de que voy caminando (en actitud de atención plena). Ya me ha pasado dos veces este año que, por andar con la mente en las nubes o por ir demasiado entusiasmada escuchando música, la gravedad toma ventaja y el suelo se apodera de mi inestable humanidad. Es como si el suelo me amara y quisiera siempre tenerme en sus brazos. Definitivamente tal vez debería asumirme como pachamámica extrema y andar en cuatro patas o arrastrándome para darle el gusto a la tierra y no volver a caerme. Pero en fin, esto sigue sucediendo y, a través de los años, es una situación que me complica cada vez menos en términos de vergüenza. Ya no me hago la loca, recojo mis cosas y sigo rápidamente pensando todo el día en lo idiota que fui, sino que ahora dejo que me ayuden (cuando alguien se digna a hacerlo), me río sólo si me dan ganas, me quejo si me duele, agradezco la ayuda y me pongo de pie con la máxima prestancia posible para continuar camino, sea caminando derecha, cojeando o como sea, sin la necesidad de huir despavorida para no estar cerca de quienes me vieron… Aunque aun me quedo un rato pensando en lo despistada que fui y en la mala suerte que tengo de toparme siempre con las pocas hormigas cabezonas que quedan en el planeta.
Otra situación vergonzosa es el clásico comentario desubicado. Ayer recibí por whatsapp un chiste que me hizo mucha gracia, que decía lo siguiente:
“- ¡Pero qué niño tan feo!
– Es mi hija…
– Ahhh… No sabía que eras padre…
-Soy madre…
– Ah claro, si te ví embarazada…
– Es adoptada…
– Mejor me voy”.
Ese es un ejemplo exagerado de metidas de pata hasta el fondo, pero que no está tan lejos de la realidad. ¿Quién no le ha preguntado a alguien cuántos meses de embarazo tiene y ha recibido una respuesta más o menos amable diciendo que no está embarazada?… ¿Quién no ha hecho alguna vez un comentario feo de alguien y resulta que ese alguien tenía relación de parentesco o amistad con la persona con la que estábamos conversando?… ¿Quién no ha cometido alguna vez el error de pensar algo feo en voz alta?… ¿Quién no ha hecho un comentario inoportuno tras hablar con alguien por teléfono y después se ha dado cuenta de que no había cortado?… ¿A quién no le ha pasado que tras ir al baño se ha dado cuenta de que ha estado conversando por horas con un perejil entre los dientes?, ¿Quién jamás ha estornudado en algún lugar público sin tener a mano un pañuelo?… ¿Quién no ha salido del mar con una porción pudenda de su cuerpo destapada?… Quien nunca haya pasado una plancha que tire la primera piedra.
Los y las invito a contar aquí sus experiencias vergonzosas para que nos riamos un rato y nos relajemos, teniendo la certeza y la tranquilidad de que no es posible pasar por la vida sin errores ni chascarros y que el humor es una de las mejores formas de afrontarlos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

ROLLEANDO A LOS 36

Publicado en Witty.la
“Te falta una friega con el carnet”, “ese es un deporte para jóvenes”, “¿Por qué no buscas algo menos riesgoso para ti?” Son los comentarios que más frecuentemente he escuchado en el último mes. Todo en relación a mi irracional y tardía incursión en el mundo de los rollers.
Cuando chica siempre tuve problemas de equilibrio y en mi familia no hubo gran interés por los deportes, razones por las cuales nunca aprendí a andar en bicicleta, no logré aprender a hacer la rueda ni la posición invertida, ni menos a manejarme con paletas, ni hablar de deportes con pelotas. Me salvaba en educación física que tenía buena resistencia, corría, era coordinada y buena para bailar.
En la crisis de los 36 (la acabo de inventar), he tenido la necesidad de hacer cosas que nunca me había atrevido a hacer y, a partir de la iniciativa de unas amigas que quisieron comenzar a salir a andar en patines en línea los domingo en las “ciclo-recreo-vías”, tomé la decisión de volver a patinar, tras 24 años de no haberlo hecho. Irreflexivamente pero con gran entusiasmo, me compré unos rollers y, obviamente protecciones para las manos, casco, rodilleras y coderas. Practiqué una tarde en una callecita cerca de la casa de mis papás un Sábado, tolerando las caídas hasta lograr una performance mínimamente digna y partí ese mismo domingo a andar por la Costanera con nuestro “team rider”. Estando ahí, me di cuenta de que no era llegar y tener el equilibrio que se tenía a los 12 y que los patines en línea se mandan solos y son bastante diferentes a los de 4 ruedas.
Resumiendo la experiencia, deben haber sido, al menos 12 costalazos en el camino de ida y vuelta entre Lyon y Bellas Artes. La gente hacía exclamaciones, me preguntaban si estaba bien y yo, al estilo “Duro de matar” (antigua película ochentera-noventera), ponía buena cara y me paraba como podía y con aquella digna actitud de “sóbate pa callao”, volvía a patinar. Claramente la falta de reflexividad al respecto y mi actitud arrojada trajeron consecuencias nefastas, ya que yo no sabía frenar (y aun no logro hacerlo completamente), ni tampoco me manejaba bien para doblar. Me caí arriba del hijo de una amiga que andaba en su bicicleta y también sobre un carrito en el que iba una guagua durmiendo; me fracturé dos costillas, traumé a un niño, desperté a una guagua y aterroricé a su padre. Terminé con tantos moretones y tan pero tan oscuros (debido al golpe sobre golpe) que, al ir al médico noté que la Doctora intentaba indagar si yo era víctima de violencia intrafamiliar y tuve que aguantar que la tecnóloga médica me dijera que eso me pasaba por “andar haciendo cosas de niña”… Entendiendo que con ese comentario quiso decirme vieja.
Perseverante esperé que cediera un poco el dolor y tomé clases de roller con un estudiante universitario que patina increíble y tiene harta paciencia. Comencé a aprender y practicar. Obviamente, en todas las pistas de patinaje me encontraba sólo con niños, adolescentes y adolescentes tardíos cercanos a los 30 practicando patinaje artístico, skate y otras cosas; lo que me hacía sentir aun más inadecuada. Lo más terrorífico, fue patinar entre medio de un equipo de “Roller Derby”; andaban a toda velocidad con una destreza impresionante, con cara de rudas y llenas de tatuajes, mientras yo me sentía ridícula tratando de mantener el equilibrio y frenar para no chocar con ellas; hasta que, por consideración, decidí dejar la práctica de ese día y dejarles la pista libre. Cada vez que salía de un ensayo y me despedía de “los cabros” con los que había conversado, me dolía el alma al decirles “chao, que estén bien” y recibir de vuelta un “usted también” (cabros de mierrr).
“Volví a la calle” (que rudo suena) el Domingo pasado. Todo anduvo mejor; esta vez fueron sólo 4 caídas, dos de ellas por no poder frenar. Tuve que tolerar que de un auto me gritaran “huachita le compro el freno” y la sensación de ser un desastre. Lamentablemente volví a lesionarme, esta vez fue un desgarro en el hombro por caer de guata con el brazo estirado. Ahora me estoy recuperando, pensando en cómo miéchica aprender a frenar y dudando si seguir intentándolo o hacerle caso a todos aquellos que me dicen “hay que hacerse una friega con el carnet”.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Para ser bella… ¡Puuuta que hay que ver estrellas!

(Publicado el 26/09/2014 en witty.la)
De acuerdo a un estudio de la Florida State University, para los hombres gringos, la “mujer perfecta” debería tener las piernas largas, pies pequeños,
pechugas grandes y caderas angostas… Una combinación extravagante, pensando en las dificultades que tendría esta fémina para mantener el equilibrio y no pasar en el suelo, considerando que sus caderas no tendrían el ancho suficiente y el tamaño de sus pies sería poco acorde a la longitud de sus piernas y al peso de sus voluptuosidades superiores delanteras.
Probablemente, el hombre latino tiene un gusto diferente y un poco más “realista”; sin embargo, somos las mujeres, las que nos llenamos la cabeza de creencias acerca de cómo es una mujer atractiva, imponiéndonos cada vez más exigencias y mal acostumbrando a los “varones”.
Generalizando, en términos superficiales, para ser bellas, las mujeres pensamos que tenemos que ser lampiñas, cero rollos, con un popín encumbrado y un rostro terso y fresco. Debemos vernos esbeltas, tener pestañas largas y tupidas, obvio que no tener celulitis ni estrías, ser fit y además, acompañar todo esto de una linda sonrisa y una actitud relajada.
¿Pero cuál es el costo de este tipo de belleza?… ¡Vamos con la verdad mujeres!
  1. La depilación: Es dolorosa, digan lo que digan. La cera deja el bigote colorado y las axilas irritadas. Y para qué hablar de la depilación brasilera y todas esas últimas modas que implican mayor sufrimiento y exposición de nuestras partes pudendas frente a otras mujeres que lamentablemente tienen que trabajar en esas zonas. La depilación definitiva también duele, y afeitarse es una solución parche, que puede causar estragos si uno por despistada se saca una lonja.
  2. “Todo lo que es” la figura: Aquellas que no tenemos la ventaja de ser delgadas, turgentes y fit pasamos, en tiempos de primavera, por la crisis de ver cómo los “gustitos” que nos dimos en el invierno, cuando la ropa tapaba todo, han dejado estragos en nuestro human body. Los “tutitos” que se juntan desgastando los pantalones en la parte superior interna, los rollitos de las caderas, los bracitos gordos, la doble pera, la celulitis, las estrías… Todo comienza a ser un problema y empiezan las medidas desesperadas: las dietas de shock, los tratamientos milagrosos, las fajas y la ropa interior reductiva para verse bella, pero sintiéndose como un paté. Todas alternativas incómodas y desesperantes. Y cuando falta tiempo y sobra cansancio, chuta que cuesta hacer ejercicio.
  3. El rostro: Las mujeres sin pelos, sin ojeras y sin arrugas pasados los 30 no existen. Las cremas para las líneas de expresión, el contorno de los ojos, las manchas y todas las “pifias” del cutis, hacen ver estrellas a la billetera. Y para qué hablar de la lata que da llegar en la noche a sacarse el maquillaje de los ojos con una loción, el de la cara con otra, la limpieza facial, el tónico y la crema nocturna. A las que no nos da para tanto, sólo nos lavamos los dientes y nos vamos a dormir para despertar como un mapache al día siguiente por la pintura corrida. Las más metódicas, en la mañana se limpian el cutis, se ponen tónico, crema hidratante diferente para cada parte de la cara y bloqueador solar. Posteriormente se borran la cara con tapa ojeras, con base, polvos para no brillar, rubor para darle un color “natural” al rostro, se encrespan y pintan las pestañas, le dan color a los labios para que se vean brillantitos y con vida y, si es de día, tratamos de que todo se vea lo más “natural” posible.
Otro cacho son las cejas. Tener muchas implica la necesidad de perfilarlas con pinzas regularmente… ¡Y anda a que se te pase la mano sacándote pelos en una, que después emparejando la otra, puedes quedarte sin ninguna..! En ese caso, la solución sería la tapa de mentolatum, para dibujarlas al estilo “surprise” o día tras día pintarlas con distinta expresión de acuerdo a tu estado anímico.
En definitiva, para ser bella, hay que ver muchas estrellas. A menos que seamos capaces de tolerar las miradas de desaprobación y andar “peluditas de alita”, ponernos una polera apretada llevando la guata con orgullo como lo hacen muchos hombres o cultivando el estilo Frida, de bigotes y cejas juntas. Quizás algún día estas cosas se pongan de moda. Pero como a las mujeres, al parecer, nos gusta torturarnos, vamos a andar con cosas como –“¡Pásame el dato de esa crema que hace salir más pelos en la axila porfa!”-, o –“Te morí, me encontré con la Cata y está regia, con una ponchera que le cuelga… La odio!” Si bien, estas frases hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción, tal vez, en el futuro, la ficción supere la realidad. Que más quisiera yo…

viernes, 29 de agosto de 2014

Tipos de amigas de Facebook

Publicado en witty.la

Facebook, es una de las redes sociales más utilizadas en la actualidad. Día a día millones de personas suben sus fotos, opinan y actualizan sus estados. En este ciber-océano de información, es posible encontrar ciertas generalidades que nos permiten identificar tipologías de “amig@s de facebook”. Vamos a revisar algunas de ellas:
1. La mamá chocha: Es aquella que permanentemente hace comentarios acerca de las frases súper inteligentes y filosóficas que dicen sus hijos y publica fotos de éstos en cada actividad del día, resaltando su belleza, su inteligencia superior o su especial sensibilidad.
2. La quejona: Siempre tiene algo por qué alegar o un “pero” para cada cosa agradable que pueda suceder. Se queja por las injusticias, por sus malestares, porque sí y porque no. Siempre tiene argumentos para demostrarle a cualquier ser que intente subirle el ánimo, que “no es na’ fácil su vida”, pudiendo terminar amargándole el pepino a los demás.
3. La del humor cruel: Son aquellas que suben fotos o frases de un humor negrísimo. De esas cosas que uno no se atrevería a decir en público (aunque las hubiese pensado) porque son absolutamente desubicadas y perniciosas. Lo simpático, es que en general, luego de que el primer sarcástico responde, viene una oleada de relajo y opiniones a veces peores que la enunciada en un principio.
4. La acontecida: La que no hay día que no le pase algo fuera de lo común. Siempre está publicando situaciones o fenómenos que van más allá de lo que a un ser humano promedio podrían sucederle en su vida. Cosas raras, anécdotas divertidas, fenómenos anormales, accidentes ridículos, etc. Éstas “facebookianas” entretienen día a día con sus “cosas que pasan”.
5. La regia ciega: Son aquellas que suben fotos indiscriminadamente, cada vez que sienten que salieron estupendas, sin pensar que probablemente están acabando con la imagen pública de sus amig@s. Pueden salir todas las demás como el forro; ojos semi cerrados, doble pera, abdómenes abultados, poses inadecuadas, etc. Pero este personaje sube la foto porque sólo se fijó en que se veía de lo más regia.
6. La selfie: ¡Obvio!… La que siempre se saca selfies… Con los hijos, carreteando, poniendo caras ridículas con las amig@s, etc. Es una tipología simpática en mi opinión, a menos que la selfie sea tomada frente a un espejo o poniendo cara “sensual” con boca de pato y/o mostrando las “bubis” (usted, no lo haga).
7. La emoticón: Que frente a cualquier publicación, tras poner “me gusta”, escribe un comentario compuesto principalmente de emoticones y exclamaciones como; “Awwww”, “Uhhhhh”, “Pffff”, “cueck”, “Chuuuu” u otra palabra sonajera de alto impacto.
8. La amig@ fan: Es aquella internauta solidaria, que siempre va a hacer comentarios como “Bella”; “¡Que linda te ves!”; “Apolínea”; “Estás regia”; “Hermosa”… Aunque estés en el peor momento de tu vida, tu cara deje mucho que desear y probablemente sueñes bajar como 10 kilos. Ella siempre estará ahí para apoyarte y ver esa belleza, que tal vez en esa fotografía, sólo iba por dentro.
9. La antisistémica: Es la que permanentemente publica noticias en las que se hace alusión a teorías conspirativas relacionadas con el medio ambiente, con política o con lo que sea. Siempre está revisando las actualizaciones de sus contactos para discutir cada cosa que publican y dar una opinión contraria al pensar o sentir de los demás. La idea es “ “discutir”, “pelear” y, obviamente… ganar. Por eso, pueden llegar a gastar horas googleando para buscar nuevos argumentos científicos, filosóficos o políticos para tener la última palabra.
10. La mística: Es la clásica persona que publica el horóscopo del día, el mensaje del sincronario maya, frases espirituales, videos inspiradores, etc. Siempre sabe en qué fase está la luna y maneja rituales para cada día. De vez en cuando “patina” con alguna nueva tendencia espiritual y siempre está en un “proceso terapéutico de algo”. Se saca fotos con los ojos cerrados, con una sonrisa y con los brazos abiertos encorvada hacia atrás. Otras clásicas fotos son; abrazando los árboles, abrazándose a sí misma, con la mirada perdida en el horizonte o en posición de flor de loto; pero siempre en paisajes naturales.
11. La enamorada: Nunca falta la amig@ que sólo sube fotos con el pololo o marido, le dice cosas de amor a través del muro y se hacen “muñi muñis” en cada foto y comentario publicado, de manera que todos nos enteremos de cuánto y cómo se aman locamente y por la eternidad… Y la verdad es que a veces ¡No queremos saber tanto!
En fin… Aquí van sólo algunas de las tipologías que todas conocemos, pero claramente sabemos, que existen muchas más. Quedan invitadas entonces, a completar la lista.

martes, 26 de agosto de 2014

¡DI NO A LA PROMISCUIDAD CAPILAR!

Publicado en witty.la
Hace días comenzó a rondar por mi cabeza la idea de hacerme un cambio de look. Tenía en mi mente la imagen perfecta de lo que quería. Dos semanas atrás, después de comprar un regalo de cumpleaños, me decidí a cumplir mi objetivo. Llegué a la peluquería, noté que algo me faltaba… ¡El regalo se me había quedado en el baño! Y, obviamente, ya no estaba. Tras las recriminaciones pertinentes, me empeñé en encontrar otro regalo y no pude concretar mi anhelado cambio. No noté que era un designio divino, pues ese día mi mente estaba entre Urano y Júpiter. Así es que hoy, al salir del trabajo, decidí ir otra vez tras mi nueva yo.
Entré a una peluquería de una conocida cadena y me atendió amablemente una chica que guardó mi abrigo y me dejó esperando a que llegara la “estilista”. Minutos después, apareció una mujer grandota de aspecto intimidante. Tenía el pelo naranja y la chasquilla rubia. Le conté que quería hacerme unas mechas; como una especie de californianas pero más largas y degradadas en tonos ceniza, enfatizando que no quería mechas “amarillas” y le mostré unas fotos que tenía en el celular.
Después de alabar el color de mi virginal cabello no intervenido por años, al menos en la parte superior, comenzó a manipularlo con unas técnicas extrañas, mientras llamaba a sus compañeras para que admiraran su forma de trabajar. A mi lado, su hermana -una mujer extremadamente bronceada que parecía la versión rubia de Cruz-Johnson-, despotricaba, con la cabeza metida en la gorra para hacer visos, contra una mujer embarazada, contándole, en tono humorístico pero inquietante, lo terrible y horroroso había sido para ella tener hijos. Yo estaba distraída en eso, cuando la “estilista” me dijo -voy a iluminar un poco tu chasquilla- y me mandó encima un chorro de decolorante. Le pedí que no tocara más la parte superior de mi pelo, que quería dejarlo natural. Ella me dijo que confiara, que era sólo un “toque”.
Al cabo de unos minutos, me lavaron el pelo, me pusieron el color, me hicieron el masaje que había pedido y me volvieron a sentar en el sillón frente al espejo. Mi sorpresa fue grande cuando me vi “rucia tirando para colorina”. Decir que me veía ordinaria es poco… Me veía macabra. Le dije tranquilamente que no me gustaba, que estaba demasiado claro. Ella se enojó y me dijo que lo arreglaría con un “tonalizante”, mientras se defendía alegando que ella había hecho lo mismo que yo le mostré en las fotos… Cosa que no era verdad. Me puso otro color encima y me dejó bajo esos aparatos que tiran viento frío y calor, mientras me pelaba con sus compañeras que me miraban con cara de “alega y te dejamos pelá”. Yo estaba nerviosa y apenada, tanto así, que no me dieron ganas de reclamar. Sólo quería salir de ahí y me desahogaba whatsappeando con un amigo. Terminó, sin grandes cambios, me secó el pelo al lote y me dejó como perro colorín mojado. Cuando pagué, la administradora me preguntó por qué había demorado tanto y le expliqué que me habían dejado la embarrada y habían tratado de arreglarla, pero no lo habían logrado. Con gesto compasivo, me preguntó si necesitaba algo más, porque obviamente notó que me veía pésimo, pero yo le dije que nica dejaba que me volvieran a hacer algo ahí.
Me hice un moño al lote y corrí al supermercado a comprar una tintura de cinco lucas y un chocolate chico para pasar las penas. Me fui hecha un bólido a mi departamento y una vez ahí, me tomé fotos pokemonas con cara de atrocidad para que mis amigas y amigos se rieran y me subieran el ánimo a través del bullying que amorosamente nos hacemos cuando estamos en ese tipo de problemas. Luego, me sumergí en la tarea de arreglar la calamidad que colgaba de mi atribulada cabeza. Me tinturé, sin renunciar a dejar unas mechas levemente más claras en la parte de abajo, haciendo rápidamente una técnica que no sabía si resultaría. Esperé histérica los 35 minutos y seguí las instrucciones siguientes… ¿El resultado?… Bastante potable… Un cabello nuevamente castaño, pero seco, con mechas en degradé de la mitad hacia abajo… Cosa que la grandota colorina rubia no fue capaz de hacer. Lo triste, es que mi cabello ya no era virgen. Me sentí sucia y promiscua por dejar que alguien a quién recién había conocido dispusiera de mi pelo.
De mala manera comprendí que la promiscuidad estética trae consecuencias negativas. Me hubiese gustado perder la virginidad capilar con alguien de confianza y no haberme entregado por un par de piropos dirigidos a mi ex natural castaño cabello. ¡Nunca confíen en una peluquera de pelo naranja!… ¡No a la promiscuidad capilar!

miércoles, 6 de agosto de 2014

AUTOMOVILISTAS CON COMPLEJO DE GUANACO

Hoy, como todas las mañanas, vi el tiempo en las noticias matutinas para ver si era cierto que iba a llover; porque claro está, que los pronósticos del tiempo en los últimos meses han sido tan poco acertados que a veces me da la sensación de que los hacen del mismo modo en que muchos diarios capitalinos escriben el horóscopo… Jugando al achunte entre diferentes alternativas que se mezclan al azar.
Al ver, en la mañana, que efectivamente San Isidro nos enviaba un regalo del cielo para limpiar y descontaminar un poco nuestro valle de cemento, blindé mi friolento “cuerpecillo de mujer frágil y débil”, “polarizándome” con patas y camiseta de esta fina tela, luego me vestí como persona normal y me puse una parka, gorro y bufanda, que combinaba con mis botas de esquimal. Parecía un globito disfrazado de persona, y así salí, de buen genio a tomar la micro para ir a mi lindo trabajo. Había previsto el taco, así es que nada me preocupaba mayormente. Pero, al bajar de la góndola, que tiene su paradero en un bandejón central, un o una hijo o hija de la Gran Yola intergaláctica del mal, pasó en su 4X4 a toda velocidad, tirándome “todo lo que es” una perfecta OLA de agua con barro que me llegó hasta la cara… Cuando, instintivamente, me eché para atrás, un conchesumismo (porque su pobre madre no tiene la culpa) pasó en un auto “entero flaite”, mandándome encima otra ola que me empapó por atrás. Por suerte andaba con gorro y me había guardado mi rucia pichanguera californiana totalmente a la moda debajo de la parka… Como si lo hubiera vaticinado.
Crucé la cara enchuchada y con vergüenza… Porque todos los peatones de la vereda del frente me habían visto, y no sé por qué cresta me dan vergüenza estas cosas en las que no tengo nungún control, pero de alguna manera siento que quedo como la “pobrecita quemá”… Tal vez, porque uno se imagina a la gente pensando o diciendo de frentón “Shuuuuuu”… o “Ahhhhhh” y pensando “pobre hueona”).
Me picaba la cara por el agua sucia y, al rascarme, me di cuenta que andaba tirando pinta con un chorro de barro en la cara… Pero como yo soy una mujer femenina, saqué mi espejito de la cartera y pude corregir aquel espantoso impasse y seguir caminando con dignidad, hacia mi trabajo, pero con una rabia que me llegó a dar acidez.

¡Automovilistas con complejo de guanaco!... ¡Tengan consciencia de que no todas las personas llegan a secarse en la estufa al trabajo!... (yo sí, al menos en esta oficina). Las calles pueden ser más suyas que nuestras, pero las veredas son nuestras y los espacios se respetan. Si ven peatones esperando para cruzar ¡bajen la velocidad! No les cuesta nada… Así como les patina la cabeza, la moral y la empatía… ¡¡¡A ver si les patina el auto y lo abollan por sacos de hueva!!!

sábado, 8 de marzo de 2014

SOLTERAS DE TREINTA Y TANTOS


Ya tengo treinta y cinco años, sigo soltera, sin hijos y dispersa para escribir. Soy profesional, con hartos estudios y postgrados que amononan mis tarjetas de presentación y claro, también han contribuido a que sea mejor profesional. Tengo un trabajo muy interesante y entretenido, además de mi peguita independiente. Estudio, tengo una vida social bastante activa y el tiempo me alcanza a duras penas para todo. Al final del día termino rendida, aunque generalmente contenta y prácticamente me arrastro los días Viernes después de la pega y el estudio para llegar al carrete pateándome las ojeras o definitivamente a desparramarme en los brazos del invisible Morfeo. Practico meditación, Qi Gong y de vez en cuando yoga y alguna que otra cosita que me sirva para manejar el estrés, mantenerme concentrada y estirarme un poquito. Intento dejarme un espacio para caminar o hacer aunque sea alguna mínima rutina deportiva... En realidad, ese es un recuerdo de etapas pasadas y, a la vez un plan con el que cumplo con cueva una vez a la semana. Vivo tratando de hacer dieta, aunque es como una misión imposible porque la comida es una de las cosas que más disfruto en la vida. He empezado a comprarme cremas para las "líneas de expresión", cremas reductivas, reafirmantes y para la celulitis, aunque no me de para pagar las caras y, probablemente más efectivas. Uso plano de relajación para el bruxismo, me saco las primeras canas con pinza y de vez en cuando las descubro emergiendo tiesas como antenas. Soy, como ven, parte de una especie bastante común en esta época en Santiago de Chile.

Con mis amigas solteras, además de juntarnos con los amigos emparejados y sus familias, disfrutando mucho de estas instancias, compartiendo con ellos y/o chocheando con sus hijos, vivimos buscando lugares donde salir a pasarlo bien, a veces bailar y conocer gente.

En la búsqueda de espacios para personas de treinta y tantos y cuarenta y pocos hemos terminado, por error de recomendación o por mal ojo, en lugares en los que parece que se estuviera celebrando una fiesta de graduación, con chiquillas que bordean los 20, arregladas como si fueran a una gala y chiquillos universitarios que quizás te ven como la tía buena onda o te saquen a bailar si el lugar está oscuro y no te cachan las patas de gallo o si se pasan el rollo del romance con la mina mayor. A mí, al menos, no me da... Me siento profundamente incómoda en esos lugares.
Pero, en el otro extremo, hemos llegado a sitios donde el público objetivo es la gente que era “lola” en los 70 - 80. Llega a dar envidia ver a las chiquillas entre 45 y 60 bailar contentas con pasos al estilo coreografía de Miss 17, con sus piernos en chaqueta de cuero, vestidos enteros de jeans o con looks ochenteros reloaded... Totalmente en su salsa, mientras uno se siente como poroto en paila marina cada vez que un señor que podría ser nuestro papá, nos saca a bailar con gesto seductor, aunque reconozco que algo de gracia le encuentro a sentirme "pendeja" en algún contexto... Hace que uno tenga la fantasía de ser más joven de lo que es. Pero, en fin, volviendo al tema, si hay algo que es común en todos los lugares de "esparcimiento nocturno", es el exceso de féminas, bien arregladas y pintosas y el déficit de especímenes masculinos, sean como sean.


En mis diferentes grupos de amigas somos varias las solteras, por eso siempre estoy bien acompañada en estas incursiones en la noche Santiaguina. Somos las que no alcanzaron la primera vuelta de los buenos pololos de la época universitaria que luego se transformaron en maridos. Tampoco encontramos a nuestra “alma gemela” en ninguna de las pegas, ni hemos conocido a nuestro hombre definitivo o semi-definitivo en ningún carrete, cumpleaños u otra instancia relativamente corriente. Algunas de mis partners solteras tienen hijos y otras, como yo, no tienen más responsabilidades que sus trabajos y sus propias vidas. Podemos viajar, salir, comprarnos alguna cosita simpática de vez en cuando, dormir hasta tarde, quedarnos en pijama los domingos, ver películas, leer, etc. Lo mismo hacen las mamás solteras o separadas, cuando el padre de sus hijos es correcto y los ve semana por medio.

La situación no es mala, en ocasiones es incluso muy buena, pero es rara. Por una parte, las amigas casadas y/o con hijos a veces desean estar “relajadas” como piensan que estamos nosotras, salir sin preocuparse de nadie, tener más espacio para ellas mismas. Pero nosotras tenemos demasiado espacio para nosotras mismas y a veces dan ganas de compartirlo con alguien más.

Somos un poco discriminadas, tanto por hombres como por mujeres, que piensan que andamos con el vestido de novia en la cartera o buscando a un “donante involuntario” para convertirnos en madres. Unas pocas nos ven como amenaza y cuidan a sus maridos para que no nos hablen mucho, porque piensan que somos “levanta hombres”. Y la verdad es que, muchas de nosotras sí queremos tener pareja y probablemente hacer familia antes de parecer abuelitas sin serlo y, lamentablemente no tenemos, como los hombres, toda la vida para eso... ¿Está eso mal?... ¿Es reprochable de alguna manera?... Considero muy injusto que se nos juzgue por nuestra condición genérica-etárea-civil. Ya cumplimos con pagar mucho más que los hombres en las Isapres por tener útero sin siquiera saber si lo vamos a usar o, en algunos casos, seguras de no querer ser madres, sólo porque estamos en "edad fértil", como si los hijos los hiciéramos solas por bipartición. Los hombres viven prácticamente toda su vida en edad fértil y nadie les cobra impuesto por sus gónadas.

A veces, cuando escucho a mis amigas con hijos, me dan ganas de ser mamá y otras veces, creo que con cueva podría criar a un gato. Esa es otra afición que he desarrollado con la madurez, el gusto por los gatos. Siempre me cargaron y hoy encuentro exquisitas las fotos de los gatos de mis amigas y regaloneo con cuática a la gata de los vecinos de mis papás, que se pasa a su patio, me ronronea y me amasa. ¿Qué más viene?... ¿Empezar a juntarme con mis amigas solteras a jugar canasta todos los martes tomándonos un clerycito?... Que miedo.


Hoy, y cuando digo hoy, me refiero tanto a “la actualidad”, como a “hoy sábado”, somos varias las que nos sentimos “raras”. Un poco desmotivadas, sin ganas de salir a hacer siempre lo mismo e intentando pensar en alternativas diferentes para pasarlo bien y conocer gente nueva. Porque en la noche la gente está siempre medio chamberleyn, más alegre y más cocoroca que de costumbre, en la onda de la caza y el joteo. Y yo, al menos, tengo dificultades para hacer contacto visual y no soy muy hábil en la seducción a primera vista, ni muy winner, sino más bien le pego al “hablamiento”, la risa y la talla, sin desmerecer mi estampa, por supuesto, jajaja. Por lo tanto, son espacios en los que difícilmente se puede encontrar a alguien para algo serio.

Hablando con una amiga en la tarde, llegamos a la conclusión de que tal vez es hora de buscar nuevas aficiones, porque la vida nocturna no arroja prospectos reales. Analizamos nuestra situación y nos dimos cuenta que, en realidad, hacemos hartas cosas. No estamos en nuestras casas todo el día esperando enamorarnos del cartero o del repartidor de pizzas a domicilio, menos aun esperamos encontrar al príncipe azul... ¡Ya las cachamos todas! Pero en en la pega, en los seminarios académicos, el gimnasio, el yoga, la meditación, los estudios, los viajes y todas nuestras otras actividades, tampoco hemos tenido la posibilidad de conocer a alguien que se pudiese proyectar tal vez como candidato a prospecto... Y no porque seamos de gustos exquisitos, sino porque NO HAY. No sabemos dónde se esconden los hombres solteros de nuestra edad. ¡Siempre las mujeres doblamos, como mínimo en número a los hombres!, en todos los lugares y no hay solución para ello. Sería ilegal e inmoral comenzar con una campaña "Pitéate una mina" para disminuir la competencia. Somos pares, somos mujeres, solidarias con el género y tenemos que cooperar unas con otras, pero incluso esto es una tarea titánica. No podemos reciclar ex pololos para presentárselos a las amigas porque la mayoría están casados y ya nos quedan pocos amigos solteros y heterosexuales para presentar... ¿Qué hacemos entonces?

Pensamos, como alternativa para conocer gente nueva, entregarnos a la vida sana y sumarnos a algún grupo de Trekking, pero es mala época, sobretodo pensando en que queda lo último del verano y, al menos yo, tras las vacaciones, no tengo estado físico para subir algo más alto que el San Cristóbal, sin quedarme en el camino para que me coman los jotes (los de verdad, los pájaros... Si fueran jotes humanos pintosos quizás me haría la muerta).

¿Grupos de cicleteros?... ¡Fregué!, porque soy parte del 1% de la población que no sabe andar bicicleta (esa historia es para otra columna completa y la estadística es inventada). No tengo auto, así es que no podría pertenecer a ningún tipo de club automovilístico;  “Mini Cooper lovers”, “Amigos de los Escarabajos”, ni “Adoradores fanáticos del Lada (el auto para toda la vida)”. No tengo perro para ser “Dog lover”, ni gato propio para ser "Cat lover", no tengo religión, como para ir a echar un ojo a la misa, al templo, ni a otro lugar sagrado. ¡Ni siquiera podría pertenecer a un club de televitos! porque casi no veo tele... A menos que creara una agrupación de defensores y conservadores de las teles con poto (como les dice una amiga mía a los televisores antiguos), ¡porque una de esas sí tengo! y es la raja...

¿Grupos de análisis literario?... Mmmm, probablemente haya exceso de pseudo-intelectuales posmo que
hablen lindo, sin decir nada. ¿Amantes del vino?... Peligro de caerse al litro con todos los compañeros... ¿Apreciación del arte?... Tal vez mucho chanta que quiera aprender a hacerse el culto para engrupir. ¿Filatelia?... Mucho viejito. ¿Grupos de intercambio de esquelas?... Se me cayó el carnet.

Difícil es pues, la tarea de encontrar a alguien con quien calentarse las patitas este invierno y que continúe refrescándonos la vida el próximo verano y así sucesivamente por años. Queda “lo que botó la ola” y somos “lo que botó la ola”, digámoslo tal cual de una vez por todas. No por pencas, ni por feas, ni por tontas, ni por locas... Tal vez por mala cueva, tal vez por buena cueva, quizás por quisquillosas, por pitis, por no haber estado en el lugar indicado en el momento preciso o simplemente porque sí.

No alcanzamos la primera vuelta y quizás eso es bueno... Viene una segunda vuelta... la de los separados. Espero que podamos encontrarnos, los y las que botó la ola entre sí, o éstos con los separados que vienen por la segunda vuelta... ¡Para no tener que esperar a la tercera!... Porque si el amor de mi vida es un viudo al que voy a conocer en un viaje de la tercera edad de la caja de compensación, me gustaría saberlo para no perder tiempo pensando en la posibilidad de encontrarlo ahora.

Suerte y ánimo a mis congéneres, a quienes están en igual situación, siendo hombres o mujeres... ¡Que se encuentren los corazones!... Y que el amor alcance para todos... ¿Amén?