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lunes, 6 de febrero de 2017

AMOR EXPRESS

No sé si los solteros y solteras de más de 35 (por poner una edad) se habrán detenido a pensar en lo frecuentes que son en estos tiempos las relaciones express… Esas que se dan con una rapidez abismante, tienen un desarrollo intenso y finalizan también al poco tiempo. Es un fenómeno cada vez más frecuente en nuestra sociedad, que puede ser fuente de placer y de “autoestima” para l@s “coleccionistas de experiencias” o motivo de frustración para quienes desean una relación estable y duradera. He venido observando esta situación desde hace un tiempo, tanto en mi consulta, como en mi círculo y en mi experiencia y, tengo ciertas hipótesis y apreciaciones al respecto que me gustaría compartir.

Sabemos que estamos viviendo en la era de lo desechable. Prueba de ello es la tecnología, que siempre es superada por una más avanzada. La gente está acostumbrada a cambiar su celular por el último modelo, a renovar su auto cada cierto tiempo, a acumular ropa y a cambiar personas. Nunca estamos satisfechos y ya no estamos dispuestos a esperar, a conservar, a intentar mejorar ciertas cosas, sino más bien, estamos muy poco dispuestos a tolerar “defectos” o “fallas” porque incluso sale más barato comprar algo nuevo que arreglar lo viejo en muchos casos.

Esto lamentablemente se ha trasladado también a lo humano y a las relaciones afectivas, principalmente las de pareja. Las personas continúan idealizando; buscando “la media naranja”, “el alma gemela” y relacionándose con mucha rapidez, obnubilados por el proceso hormonal del enamoramiento e idealizando de manera, a veces burda, a personas que recién están conociendo.

Voy a poner como ejemplo las aplicaciones para conocer personas. En ellas la gente se presenta primero por foto, luego comienzan a conversar, si el interés aumenta, se dan más antecedentes de contacto para continuar con el proceso del conocimiento “virtual”, que tiene una duración relativa en cada caso. Se entra en conversaciones más o menos profundas y muchas veces perciben que el momento de verse y conversar en directo será la confirmación o desconfirmación de ese interés mutuo. Una vez pasada esa barrera, se entra en estado de “enamoramiento” (no hablo con este término de amor, sino del proceso hormonal y afectivo que ocurre previamente al amor). 

El enamoramiento, como ya lo he manifestado en otras oportunidades, tiene mucho de autoengaño, lo que no implica que sea negativo. Todo lo contrario, pues es absolutamente necesario que esto ocurra para que las personas busquen una mayor intimidad afectiva y se conozcan mejor en función de establecer relaciones profundas. Pero lo que ocurre frecuentemente, es que tras la primera cita, si el interés mutuo es confirmado, se entra inmediatamente en un proceso de intimidad. Poniéndolo en palabras simples, ocurre que much@s entran en la ilusión de que son el uno para el otro, se sienten eufóricos y comienzan a compartir como si llevaran mucho tiempo juntos. Hay sexo, demostraciones de afecto, promesas, convivencia de un par de días, a veces incluso presentaciones en sociedad y de esta forma se acelera el proceso, llegando en muchos casos a la saturación.

Las personas se ahogan o se sienten defraudadas porque el/la otro/a no es tan perfect@ como prometía ser… Y como se tiene la sensación de que hay muchos peces en el mar, se desecha a la persona y se termina la relación, para buscarse otr@ más buen@ y volverse a “enamorar”.

Historias tales como: “nos conocimos el viernes pasado, nos quedamos juntos ese día en mi casa, y nos vimos todo el fin de semana y desde ahí no nos separamos nunca más. Me hace sentir muy especial, tenemos un fiato perfecto, nunca imaginé encontrar alguien así a estas alturas de mi vida…” son muy comunes en la actualidad. Las palabras de amor brotan a la velocidad de la luz, pero luego afloran las “pifias”, la intolerancia y la frustración. Muchas veces el “no nos separamos nunca más” dura dos, tres semanas, uno, dos o tres meses porque uno de los dos o ambos se saturan y la relación termina. Al día siguiente, entre lágrimas y mocos, en medio de la rabia y/o frustración o con una calma incomprensible, se retoma conversación con algún/a otro/a rezagado/a de la aplicación utilizada, con una nueva persona o se sale y se conoce a otro/a y todo comienza otra vez.

Si lo analizamos en profundidad, resulta bastante frívolo y triste. Porque las personas no somos teléfonos, computadores ni productos. Ya tenemos exceso de desechos en el planeta como para tener también exceso de desechos en el corazón (aunque suene cursi o hippie). Por eso creo que es importante cuidarnos y cuidar a los demás, por el sólo hecho de que son individuos y, por tanto, tienen emociones, expectativas, alegrías, temores y dolores. Todos hemos sido heridos y hemos dañado alguna vez y, a pesar de que no podemos hacernos cargo de todo lo que siente el otro, sí podemos ser responsables de nuestros actos y, con ello, manejar dentro de lo posible, las expectativas y frustraciones que generamos, actuando desde una base moral de respeto y empatía.

¿Cuál sería la cura de este mal?... La bendita paciencia, el amor y el respeto por nosotros mismos y por los demás. Ser capaces de retardar la consecución del placer, actuar de manera menos impulsiva, tomarnos el tiempo de conocer al/la otr@ más allá de las propias expectativas, dándonos a conocer paulatinamente, compartiendo, tolerando, conversando las diferencias y viendo si existen posibilidades de ajuste, son claves para que una relación se transforme en algo real y duradero. Debemos tener claro, por más obvio que suene, que no existe el “amor instantáneo” que viene en un frasco y se materializa al abrirlo, tampoco las personas perfectas ni hechas a la medida… esos son mitos que, lamentablemente las redes sociales con las publicaciones de amor maravilloso en las que no se ve la parte oscura y conflictiva, la publicidad, el cine y la literatura han inoculado en nuestras mentes como ideales alcanzables. El amor es un proceso que se construye día a día, una decisión que se mantiene y un vínculo que se cuida y que cambia permanentemente.


Repito, a tod@s nos han hecho daño y, con o sin querer, también hemos dañado a otros; seamos conscientes y responsables, cuidémonos y cuidemos, conozcamos nuestros límites, no nos transgredamos ni pasemos a llevar las barreras de los demás. Y si aun así, no funciona, tengamos claro que ya funcionará. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

SE PORTAN BIEN CUANDO L@S TRATAN MAL

Publicado en witty.la
Hace muchos muchísimos años, había un comercial de una máquina de afeitar o algo por el estilo, muy machista por lo demás, en el que se daba un doble sentido a la frase “se portan bien, cuando las tratan mal”. En las últimas semanas, esta frase se ha hecho presente en variadas ocasiones y escenarios de mi vida; en conversaciones con amigos, en mi trabajo como terapeuta y, por qué no decirlo, en la exploración de mis propias experiencias.
Hago hincapié en que el asunto del que voy a hablar es un fenómeno transversal que va más allá del género y de la etapa vital de las personas y, aclaro que la elaboración y el análisis que voy a hacer del tema se basa sólo en mi experiencia y especulación.
Términos como “cabrona”, “bruja”, “narciso”, “inestable”, “cuático/a” y otros, tienden a formar parte de la definición de aquel ser que, siendo el objeto de nuestro deseo, nos resulta difícil de alcanzar o de mantener cerca. En muchas ocasiones vemos como las personas que más responden a esos apelativos, al menos en cuanto a su comportamiento en una determinada relación, son aquellas que más obsesión, admiración, “enamora – miento”, afán de conquista, callosidades abdominales y sometimiento generan. Y, por el contrario, quienes más abiertos/as y genuinamente interesados/as se muestran frente a su contraparte en el amor, generan menos interés.
¿Cuántas veces han pensado o han escuchado a alguien decir?: “Nunca me resulta con l@s que realmente me gustan” o, por el contrario, “Cuando alguien no me gusta, tengo un éxito total y no me l@ puedo sacar de encima”. ¿Cuántas veces han vivido esa experiencia de estar con alguien que es tan, demasiado e increíblemente buen@, pero no les gusta lo suficiente? ¿o quizás han tenido la sensación de que su propio despliegue de amor, atención, sinceridad y cuidado no ha sido valorado o ha hecho que pierdan su atractivo frente al otro?
Es un dilema muy complejo como verán. Al parecer “la estrategia de ser estratégico” ha alcanzado los dominios de Eros también. Cupido tira las flechas chuecas y hace que las cosas no sean tan genuinas o que se compliquen para ver si las enderezamos y logramos que “le achunten” como debiesen al corazón del ser deseado.
He visto que, lamentablemente, que cuando le he sugerido a alguien tomar distancia, demostrar menos interés en la otra persona o estar menos disponible, “la tortilla se da vuelta”. Él o la “contrincante” termina rendid@ a los pies de quien lo estuvo ahogando. Todo a costa de triturar las propias ganas de estar presente, ser comprensiv@, cariñoso@ y atento@, disfrazando nuestros sentimientos de una impostada indiferencia.
¿Será que hemos visto muchas teleseries?, ¿Que realmente nos hemos creído el dicho “al que quiere celeste, que le cueste”?, ¿O pensamos que aquello que resulta más simple tiene menos valor?
Yo recuerdo con la añoranza de una anciana aquellos tiempos en los que el amor era tan simple como “me gustas”, “a mí también”… ¿Pololiemos?
Miedo a equivocarse o a sufrir… Necesidad de sentirse importante o atractivo/a… Masoquismo… Tendencias sádicas… O rollos varios: sea la razón que sea, creo que es momento de revisarnos y buscar en nosotros mismos cuál es la causa de este mal de amores que cada vez deja más víctimas en su camino. Volvamos a la inocencia, a lo genuino, a interactuar con menos corazas. Al fin y al cabo, para que una pareja se constituya y se mantenga como tal, lo que se requiere a mi modo de ver, es un balance entre la atención y confirmación del otro, y el misterio de continuar siendo quien uno es, con su vida e intereses personales. El tan preciado misterio, siempre estará presente, pues todos tenemos una parte inasible, a la que nadie puede acceder, un mundo interno que no puede ser completamente conocido y esta cuota de incertidumbre debería bastarnos para amar.

jueves, 1 de octubre de 2015

TIPOLOGÍA NO OFICIAL DEL ÓSCULO IMPERFECTO


¿Cuál será el mecanismo psico-neuro-fisiológico que hace que los besos sean algo tan importante y placentero para los humanos?.. Habrá alguna explicación científica para ello o simplemente a alguien en algún momento de la historia se le ocurrió que juntar los labios y besarse resultaba erótico y amoroso y, tras años de comunicación y experimentación oral pasó a ser “trending topic” y a masificarse?  

Tan emocionante es el momento de “el primer ósculo” que uno espera con más ansias el beso que el polvo en las películas y las teleseries...  El resto pasa a ser sólo agregado.

Pero como siempre alguien tiene que desperfilar aquello tan bello y poético, vengo yo a mostrar aquella parte de los besos que puede resultar graciosa o, asquerosa, dependiendo de la lectura que cada uno quiera o pueda darle.

En una de las tantas académicas y letradas conversaciones sostenidas con cierto grupo de amigos y amigas, salió el tema a colación, del modo menos glamoroso y romántico que podría haberse pensado. De esta magnánima tertulia surgió una desafortunada lista que, a partir de mi resbaladiza imaginación, terminó transformándose en una vasta tipología de los besos.

Aquí vamos con la tipología no oficial del ósculo imperfecto:

1. El beso tenso: Es aquel beso, tal vez muy esperado, en que los participantes están más preocupados de hacerlo de manera correcta que de entregarse simplemente a la experiencia. Este beso es muy calculado y poco espontáneo; la, ritmicidad es perfecta, el  uso de lengua es moderado, la  apertura y cierre de labios está dentro de lo adecuado y el movimiento de cabeza hacia un lado u otro es bastante coordinado. Luego de ese beso, suelen generarse espacios incómodos seguidos de nuevos besos tensos y, si el contexto lo permite, de a poco puede ir distendiéndose el ambiente y generándose besos más naturales y apasionados.

2. El beso atáxico: Ocurre cuando, ya sea por ansiedad o simplemente incompatibilidad bucal o mandibular, los contendientes no logran coordinar sus movimientos, generándose desencuentros menores, como el choque de dientes, o mayores, como mordeduras, enredos linguales, cabezazos, narizazos u otros accidentes.

3. El beso escrutador: Es aquel en el que uno de los dos o ambos, utilizan una lengua telescópica escrutadora que pasea por toda la boca de manera invasiva, investigando muelas, espacios entre inter-dentales, encías e incluso en ocasiones, puede llegar a generar reacciones adversas al tocar las amígdalas o la “campanita”.

4. El beso baboso: Así de corto... Es aquel beso en el que uno o ambos copartícipes aportan con una cantidad de fluido salival inusual o, en ocasiones, imprudente, generando pausas para tragar. Cuando el beso no es del gusto de ambos, puede ser altamente desagradable. Lo “romántico” que tiene este tipo de besos, es que incluso, al dejar de besarse, ambos pueden continuar unidos por un hilito que ha quedado, concretamente, perpetuando la alianza.

5. El beso ventilador: Es aquel en el cual uno o ambos besadores, mueve la lengua rítmica y ordenadamente como un asa de ventilador dentro de la boca del otro, de manera repetitiva e insistente, como si no hubiese otros movimientos posibles para innovar.

6. El beso chupeteado: Se da cuando uno de los dos o ambos, además de simplemente besar, chupetean o lengüetean la pera, las mejillas y el cuello del otro... Ese beso, dependiendo de los PH y sensibilidades, puede requerir un pronto lavado con jabón suave para que el cutis no se reseque ni se erosione.

7. El beso irritante: Ocurre cuando una pareja afronta sus primeros besos, los PH aun no son compatibles y/o el hombre tiene una barba incipiente (que es la más compleja). Cada movimiento “oscular” va acompañado de raspones en la pera, en la nariz y en la zona entre la nariz y la boca. Esos besos son complicados, porque terminan siendo muy delatores para la fémina en cuestión, que queda con toda esa zona irritada, despellejada o francamente pelada. ¿Y qué explicación da uno?... ¿Alergia?... ¿Resfrío extremo con irritación hasta en la pera de tanto sonarse?... La verdad es que nadie se la cree.

8. El beso almeja: Es ese beso en el que uno o ambos besadores sacan tímidamente un poquito la lengua y luego la vuelven a entrar, en repetidas ocasiones, como una frágil almejita tanteando el territorio exterior.

9. El beso lengua gorda: Es el beso en el que uno de los dos tiene una lengua gorda e invasiva, que limita la respiración y el movimiento oscular del otro. Un asco desde cualquier punto de vista.

10. El beso “Munra, el inmortal”: Prefiero no explicarlo por respeto a los lectores. Los mayores de 30 años que hayan visto dibujos animados en su infancia podrán imaginárselo.

Y, tras esta serie de desafortunadas descripciones, para dar un final apropiado a esta columna, terminaré describiendo “el beso perfecto”. Es aquel en el que de manera absolutamente natural todo ocurre de manera coordinada, los elementos e implementos se utilizan en su justa medida y la ritmicidad, velocidad e intensidad varían de acuerdo a los niveles de pasión imperantes.
En fin; tal vez más de algún lector o lectora pueda aportar a esta útil clasificación con una nueva e interesante tipología.

“Bésensen y ámensen” todos, pero mantengan siempre una buena higiene bucal.


Esta columna ha sido auspiciada por la Asociación Internacional “Dentistas por besos más limpios”. 

viernes, 18 de septiembre de 2015

Payas weviás

“¡Aro aro aro! Dijo la bien portá
-Brindo por estas fiestas, llenas de alegría
Alegría sí, con harto baile y comía
Pero ojo con el copete y con mandarse cagás
que la depresión post party no se las sacan ni a patás!-
¡Vueltaaaaa!”
"Brindo dijo la psicóloga...
por este mes de la nación
Y también porque en primavera
aumenta la depresión...
Aumenta la depresión ay sí
y se llenan nuestras arcas
pa poder sobrevivir
cuando estén las vacas flacas... Güeeeeeltaaaa!"

sábado, 18 de julio de 2015

Solteros de los que conviene escapar

Publicado en witty.la

En la “guerra de los sexos”, los hombres suelen definirnos a nosotras como “cuáticas”, enrolladas, controladoras, brujas, etc. Dicen que sobre-interpretamos las cosas, que somos excesivamente emocionales, que esperamos que ellos adivinen lo que nos pasa y muchas otras cosas más. Pero, a pesar de todo eso, igual nos quieren y nosotras a ustedes… Y es que, ¿qué sería de nosotros si no pudiésemos burlarnos un ratito de algunas cualidades del sexo opuesto cuando resulta tan entretenido?
Y, como yo soy mujer y me gusta jugar un poco con las tipologías, he decidido hacer una especie de resumen de aquellos solteros entre 35 y 45 años (por poner un rango), con los que se puede tener malas experiencias, ya sea en la primera cita, como en el proceso de enamora-miento.
Tómenselo con humor, que para reírse está hecho. A ver si algún hombre puede escribir la contraparte para que podamos reírnos todos.
Congéneres, si se encuentran con alguno de éstos, corran por su vida, antes de que sea demasiado tarde. Aquí vamos:

1. Pepe Le Puf: Es aquel hombre que te conoce y ya te encuentra especial. La primera salida es un panorama increíble del tipo “te invito hoy a almorzar a la playa”. Estando allá te dice que siente una conexión especial y a la semana ya te está diciendo “mi amor” y se ofrece para ir a cocinar a tu casa. Jamás dejes entrar a un hombre así en la intimidad de tu hogar, pues sacarlo te dará un trabajo enorme. Te quiere ir a buscar y a dejar a todos lados, tiene toda la semana planificada para ti y nada en el mundo es más importante para él que estar contigo. Es un tipo tan pegote que ni siquiera te da tiempo de reflexionar acerca de si realmente te gusta o no. Pero en una que otra ocasión uno se las da de relajada y decide simplemente dejarse llevar y ver qué pasa. Y ahí está el problema, porque cuando te das cuenta que no te gusta, zafarte de él es una tarea titánica, principalmente, porque el tipo es tan empalagoso y centrado en lo que su mente le dice que tú eres, que con buenas palabras no entiende y siempre piensa que estás equivocada y que no sabes lo que realmente sientes. Finalmente te armas de valor, le explicas la situación con peras y manzanas y él dice que comprende; pero llora y en palabras menos dramáticas te dice que le has roto el corazón. Te recomiendo que te tomes un par de meses y averigües en qué está; apuesto a que su corazón está absolutamente re-estructurado, y está profundamente enamorado de otra víctima de su meloso proceder.
2. El macho regalito: Es aquel que piensa que viene envuelto en un papel finísimo, con una cintita en la cabeza y que cree que deberías sentirte profundamente feliz y agradecida de que “te haya elegido” para salir contigo. De una soberbia impresionante y con una capacidad sin igual para hablar maravillas de sí mismo por horas y horas. Te aseguro que te mira y ve tu cara como un emoticón con ojos de corazones, aunque en realidad tengas los ojos a medias astas y la cabeza se te esté cayendo de aburrida. Puede que en algún momento pregunte algo acerca de ti, pero en realidad no le importa; sólo lo hace para introducir su siguiente tema personal. Generalmente paga la cuenta, tiene regio auto, habla mucho de los países, los hoteles y los restaurantes que conoce, de los deportes extremos y excéntricos que practica y es capaz de darte su tarjeta desde el momento en que te conoció para que “lo llames si necesitas algo”, simplemente para que te enteres que él “no es na cualquier hueón” (perdón mi inglés), sino que es el Gerente de whatever y, por tanto un buen partido y “un reglito” por donde se lo mire.
3. El hombre estropajo: Es el tipo de hombre que demuestra un gran entusiasmo porque hayas querido salir con él. Te dice todo el tiempo lo linda, inteligente, simpática y divertida que eres y se compara contigo, definiéndose, en términos tragicómicos, como feo, fome y apagado. No tiene ni un brillo y te mira con cara de idiota durante todo el eterno rato que dura la primera y última salida. Luego, al momento de irse, te dice con voz entrecortada y casi llorosa “me imagino que no vas a querer salir conmigo nunca más ¿cierto?…” ¡Absolutamente cierto!
4. El seductor escapista: Es el tipo que demuestra interés por ti y que siempre te hace reír y pasarlo bien. Todo fluye, a ti te gusta, tú pareces gustarle también y todo va ocurriendo en el orden y los tiempos que la moral y las buenas costumbres indican para las damas como nosotras… Pero hay un grave problema; el proceso se ve interrumpido en múltiples ocasiones por una inexplicable tendencia al escapismo. Tras pasar un Sábado absolutamente romántico, puedes no recibir una llamada o un whatsapp en una semana entera, e incluso, no responder si tú lo llamas o le escribes… ¿Dónde se fue…? ¿Por qué se fue…? ¿Qué hizo durante ese tiempo en que no supiste nada de él…? Imposible saberlo, pues una de sus estrategias es, a pesar de actuar como si hubiera un “nosotros”, jamás dejar un espacio para hablar de “nosotros” y, cada vez que vuelve hace todo tan bien, que uno empieza a inventarse teorías acerca de su temporal desaparición; que tiene temor al compromiso, que está traumado por malas relaciones anteriores, que tiene un ritmo particular, que es inseguro, etc… ¡y la verdad está en nuestra propia nariz…! Cuando el seductor escapista desaparece, es porque cruza un pórtico secreto que lleva a otra dimensión, la misma a la que se van los zancudos cuando uno prende la luz para atraparlos después de que han revoloteado un largo rato en nuestra oreja. No desesperéis, así como los zancudos regresan cada vez que volvemos a apagar la luz, este Don Juan también lo hará (más o menos cada semana y media, o dos semanas).

5. El cuico-curao ordinario: El típico hombre educado, medio pituco que habla con la papa en la boca, sin que sus labios se rocen para pronunciar la “p” o la “b”. Te invita a un lugar exquisito, te trata como una reina y pide una tras otra botella de vino maravilloso hasta quedar “curao como tagua”. En ese momento viene la metamorfosis. Tras pagar la cuenta, tirar la talla con los mozos y botar un par de sillas en su zigzagueante caminar, te abraza, trata de darte un beso baboseado y empieza a hablarte en un tono asquerosillo y con cara de degenerado tratándote con términos como “guashita”, “cosita” y otras palabras que no correspondían a su fina estampa. No es raro que mientras vas, obviamente sola, de vuelta a tu casa, comiencen a llegarte mensajes ordinarios que, probablemente en su estado de ebriedad, el pobre hombre interpreta como “elegantemente insinuantes”. Un asco… Primera y última cita. 

6. El ghosting Flash: Se conocen, él te dice que le gustas, a ti también te gusta, viven todo el proceso del enamoramiento, las salidas, el paso a las diferentes instancias de una relación incipiente como una película en cámara rápida. Parece perfecto y, a pesar de sentir que todo ha sucedido de manera vertiginosa, decides dejar los cuestionamientos a un lado para vivir esta loca aventura. Te escribe poemas o canciones, te llama varias veces al día, quiere estar siempre en tu mente y tiene muchas otras cosas que te parecen espectaculares, pero derrepente, sin decir “agua va”, se ofende por una mínima estupidez, y desaparece para siempre sin dejar huella, eliminándote y bloqueándote de todas las redes sociales y medios a través de los cuáles podrías contactarlo. Y tú, quedas un poco desolada, herida en tu orgullo y con una desagradable sensación en la garganta, repitiendo en tu cabeza una y otra vez, la clásica frase de Condorito “exijo una explicación”.
7. El gay enmascarado: ¿Les ha pasado conocer a un tipo masculino, con buena facha, que usa un perfume exquisito, caballero, galán y que te pregunta qué acondicionador usas y alaba tus zapatos…? Ojo, que puede quererte de pantalla o, por asuntos religiosos, ideológicos, por conservadurismo o por mil otras posibles razones, no se ha atrevido a salir del clóset. Peor aun, puede que ni siquiera él asuma abiertamente para sí mismo que es homosexual y piense que le gustas porque te encuentra linda y simpática. Él puede ser el mejor partner, el más caballero, el hombre que más te va a cuidar, pero aparte de decirte cuando te ves linda, de notar cuando te hiciste un cambio de look por ínfimo que sea, de escuchar tus historias con atención, de bailar embalado contigo, compartir intereses, ser empático, considerado y, en definitiva, perfecto… Nunca te va a tocar un pelo y, esperemos que en algún momento, asuma su condición sexual y pueda ser verdaderamente feliz.
8. El rápido y tortuoso: Comprobado y requetecontra comprobado por miles y millones de mujeres around the word; el hombre que se pasa de respetuoso y que tras muchas salidas, puede incluso acostarse contigo a ver una película y, además darte un beso apasionado, sin pasar al terreno siguiente, probablemente tiene una disfunción sexual; puede ser eyaculador precoz o tener una disfunción eréctil. Si sigue contigo, te sigue invitando, le gusta tu compañía y a ti te gusta él… Juegue, eso tiene solución; pero si es de los que, al destaparse la olla no asume que tiene un problema y tiene siempre una excusa (poco plausible), es momento de dar vuelta la página y a otra cosa mariposa. No se va a tratar un problema que para él no existe, e incluso puede llegar a culparte por la deficiente performance de su otro yo.

9. El hombre con criterio de marciano: Es el tipo que interpreta las cosas de un modo absolutamente exótico y particular, cuyas ideas y suposiciones tienden a ser como de otro planeta. Es capaz de conectarse contigo en ciertos momentos, ser sincero y decirte que le gustas, ser cariñoso y pasar muy buenos momentos junto a tí. Pero frente a vicisitudes de la vida, graves o no tanto, desaparece sin dejar rastro (otro tipo de escapista, pero diferente) y luego, cuando vuelve, ya sea porque decidió hacerlo o porque tú lo hiciste volver, no entiende por qué podrías estar sentida o enojada, si él no ha dejado de recordarte a pesar de todo lo que ha tenido que hacer. Puede dejarte esperando dos horas y llegar al encuentro pactado con cara de nada, como si todo estuviese bien y no entiende por qué estás enojada y siente que “le estás pintando el mono”. No sabe explicarse, no sabe reaccionar frente al conflicto y cuando ya siente que el asunto se enredó demasiado, definitivamente opta por abortar la misión.
10. El antisistémico bolsero: Es aquel sujeto que orgullosamente se define como “anarquista” y que decidió dedicarse a su pasión (sea cual sea), para no ser un esclavo más del “asqueroso sistema capitalista”. A pesar de sus treinti tantos o casi cuarenta años mantiene un look entre rockero desgastado y punketa decadente, pero limpiecito. Vive “independientemente” en una mediagua que se construyó en el patio de la casa de su mamá. ¿Cómo llega uno a conocer a un tipo así? Cuando se intenta ser mejor persona, sacarse los prejuicios y ampliar el círculo social con personas diversas. Decides salir con él, probablemente en onda amigo si no te parece atractivo. No te pregunta dónde quieres ir porque te quiere sorprender y te cita a cierta hora en alguna estación de metro para llevarte orgulloso a un tugurio oscuro, lleno de adolescentes y lolosaurios vestidos de manera similar que incluso puede ser divertido. Pide una cerveza de litro con dos vasos y, en la medida que avanza el tiempo en una animada conversación va pidiendo más y más cervezas hasta casi completar “el metro cuadrado de pilsener”. Al pedir la cuenta, la revisa y la divide por la mitad (a menos que tú hayas comido algo y él no), comienza a hurguetear su billetera, saca unas pocas lucas y continua con el monedero, contando las monedas de cien, cincuenta y diez pesos, hasta que asume que la plata no le alcanza y te pide que “le prestes” o, peor aun, que pagues tú, que para eso trabajas para los cerdos capitalistas (haciéndose el gracioso obviamente). ¡Ay de ti si fumas y él también!, porque te va a bolsear puchos toda la noche, argumentando que no ha encontrado el tabaco orgánico especial, ni los papelillos ecológicos con que se hace sus cigarros artesanales. ¡Pero claro!… Se trata de un tipo antisistémico, coherente que no va a darle dinero a las mafias gringas tabacaleras, pero no tiene problema en fumarse tus cigarros, pues él no los compró. Finalmente, salen del barucho, te pide plata prestada para la micro, otro pucho, lo mandas a la cresta y, obviamente, sintiendo una ira profunda, decides no verlo nunca más. 
En fin, éstos son sólo algunas tipologías tomadas de historias reales, de aquellas que uno escucha por ahí. Obviamente nada de esto me ha pasado a mí, porque como buena psicóloga, tengo ojo clínico para escoger a mis pinches y parejas… (Puedo adelantarme a sus “Ja ja” y “Sí oh”).
A veces, “en casa del herrero, cuchillo de palo”… 

lunes, 13 de abril de 2015

Top Ten de fotografías que un hombre NO debería subir a Tinder

Publicado en witty.la
Confieso que fui una pionera entre mis amigas. Superé los prejuicios y el qué dirán y me lancé a la aventura de conocer gente a través de esta aplicación. Luego, al ver cómo conocía gente, mis amigas empezaron a entusiasmarse y a instalarlo también. El problema es que entre más citas tienes, más pierdes la esperanza (próximamente un post acerca de aquello).
Hay cosas simpáticas en esta aplicación y otras que no lo son tanto. Las fotos, por ejemplo. Yo no he visto qué tipo de fotos ponen las mujeres, pero entre los hombres es muy común tener en su perfil fotos “matás” de malas (como dice una amiga), otras raras y algunas simplemente impresentables.
Queridos hombres, con mucho respeto y humildad, aquí va una guía acerca de qué fotos NO poner en su perfil de Tinder, basada en las opiniones recogidas en los académicos foros de conversación sostenidos con mis amigas solteras, regias y que buscan el amor en los tiempos de Tinder. Vamos en orden inverso, hasta llegar al TOP ONE de lo inaceptable.
10. El outdoor, extreme, hiperactivo y aventurero: Son aquellos que sólo suben fotos practicando deportes extremos para que todas se enteren de que tienen una vida increíble. Aparecen andando en moto, haciendo paracaidismo con ojos de loco y la lengua afuera (para acentuar la adrenalina), surfeando, haciendo esquí acuático, etc. A la mayoría de las mujeres nos gustan los hombres deportistas y aventureros, pero si las cinco fotos que suben son de este toque, uno se imagina que son el tipo de persona que no duerme jamás y que pijamear viendo películas es un panorama que jamás podrían considerar… Y uno se agota antes de conocerlos.
9. El viajero around the world: Que sube solamente fotos de viajes exóticos; posando con animales raros, con gente de tribus, monjes y con otros viajeros extremos; en Marrakech, Yemen, el Tíbet, Kuala Lumpur, etc. Uno puede pensar que se trata de un tipo entretenido, pero que difícilmente querrá alguna cosa un poco estable y, si así fuera… ¿Dónde podría uno viajar con él si ya lo conoce todo..?
8. El que hace alarde de su profesión: Suele aparecer con su delantal de médico y el estetoscopio colgando del cuello, o sube fotografías dando conferencias, se toma selfies con colegas con facha de Pepe Cuacuá o sube fotos de sus diplomas. Queridos; con todo el cariño del mundo les cuento que la mayoría de las mujeres no estamos en busca de un proveedor, sino de un partner y que, ese tipo de fotografías dan la sensación de que se trata de alguien muy inseguro o, peor aún, muy narciso.
7. El guatón parrillero y comilón: Son todos aquellos que suben fotos en las que aparecen parrillando con los amigos y cheleando o en cualquier lugar zampándose un sándwich que es más grande que su cara con la boca abierta a punto de romperse la mandíbula y chorreados de mayonesa. A la mayoría de las mujeres también nos gusta comer; pero esas fotos a veces, más que llamativas, son un poco grotescas. A mí, al menos, me recuerdan a Pedro Picapiedra comiéndose un brontosaurio y eso no es sexy ni atractivo.
6. El musculín a torso desnudo: ¡Qué es eeeeeso…! ¿Cómo no imaginarse que ese tipo de hombre va a excitarse más mirándose al espejo que con uno?… ¡Cómo no pensar que quieren ser admirados por su físico trabajado a punta de muchas horas de gimnasio y huecura extrema? ¿Tendrá el susodicho la capacidad de mantener una conversación interesante o es puro worked body? Está muy bien tener un buen six pack en el torso, nadie niega que eso es atractivo; pero fotos así, a menos que sea una muy casual en la playa, no resulta interesante.
5. El minero full carrete: Es aquel ser humano que sube a Tinder sólo fotos de carrete, bailando como enajenado, chupando como orilla de playa, haciendo el africano con el vaso y abrazado de un lote de “minas” con mini-falda, tremendo escote y labios full carnosos. Para ni una mujer es atractivo un tipo que se la pasa curao y abrazando chiquillas con poca ropa… ¿O me equivoco?
4. El filosófico existencial: Tiene entre sus fotos de perfil obras de arte incomprensibles, fotos de murallas con grafittis existencialistas, frases de poetas y a veces, sólo a veces, una foto de él al final en la que sale tan feo, que uno logra comprender el por qué de tanta imagen que no corresponde a él (pido disculpas por lo superficial). Como dicen por ahí “A nadie le falta Dios”, así que a mostrar lo que hay no más chiquillos que ya va a saltar la liebre.
3. El forever young: Es aquel sujeto que aun no asume que ya está cerca de los 40 y sube fotos añejas, medio desteñidas en las que aparece con cara de púber. ¿Qué puede imaginarse uno…?¿Qué lo acompleja su edad o su estado actual..? ¡Asúmanse..! Toda edad tiene su atractivo y a uno mientras va volviéndose mayor también le cambia el gusto. Nadie les cree que tienen esa cara de pollito recién salido del cascarón a los 30 o a los 40.
2. El flaite de la Selfie en el baño: Perdón, pero no hay nada, pero nada más rasca, que una selfie tomada en el baño. Peor aun si es con una mueca que intenta ser “sensual” o “achorada”, haciendo gestos con las manos y/o además, a torso desnudo… Simplemente… Nadie puede…
TOP ONE: El degenerado, asqueroso exhibicionista: Que sube fotos realmente explícitas, en las que aparece en actos que corresponden a la intimidad o muestra porciones de su cuerpo que idealmente uno sólo quiere ver por decisión propia. A esos, simplemente hay que denunciarlos por fotos inapropiadas. Y no hay más vuelta que darle.
BONUS TRACK: El que sube fotos de niños: Obvio que es porque son sus hijos, pero Tinder no es un lugar apropiado para exponerlos… En esos casos, es inevitable pensar que, obviamente quiere que las mujeres sepan que es papá (cosa que podría explicitar con palabras en su reseña) o que intenta demostrarle al mundo femenino que “hace hijos lindos”… Atroz.

miércoles, 7 de enero de 2015

Una mirada diferente de los propósitos para el 2015

Publicado en witty.la
Ya pasaron las Fiestas de fin de año… Muchos de ustedes, probablemente pusieron en práctica algunos de los rituales de año nuevo, esperando generar así una atmósfera de esperanza y positivismo para comenzar el 2015… Yo también lo hice; junto a mi familia nos atragantamos con 12 uvas para la buena fortuna, usamos cotillón y sacamos fotos divertidas con Mohicanos colorinches, corbatas brillantes como la que usó Arturo Vidal en su matrimonio y sombreros escarchados. Atragantarse con lentejas, ponerse calzones amarillos, dar la vuelta a la manzana, poner una argolla en el espumante, prender velas de colores, poner un billete en el zapato, escribir los propósitos y deseos de año nuevo y abrazar primero a alguien del sexo opuesto, son cosas que no hice, porque no sé mucho de esos temas, pues no soy supersticiosa, jajaja.
Y en fin, podemos decir que con la llegada de Enero, terminó la fase en la que la mayoría de las personas se vuelven más reflexivas y sentimentales que de costumbre, haciendo balances y mostrándose más abiertas y receptivas a expresar sus emociones.
¿Pero cuáles tienden a ser nuestros balances?… En general, solemos evaluar el año anterior de acuerdo a lo “bueno” o “malo” que fue para nosotros y quienes nos rodean. Revisamos si fuimos capaces de cumplir con éste o aquel objetivo, cómo estuvimos en cuanto a la salud, si logramos superar alguna meta, si recibimos lo que esperábamos, si sentimos que el año nos aporreó más de la cuenta o si logramos algún aprendizaje importante. Y en nuestros propósitos solemos proyectarnos “visualizando” el cumplimiento de nuestros deseos y metas; teniendo mejor salud, más dinero y/o más y mejor amor.
Antes de año nuevo, una amiga me envió por whatsapp un texto llamado “el balance”, escrito por Mamerto Menapace, Monje Benedictino. Me pareció inspiradora la visión que plantea, en la que invita a evaluar los años en función de “cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos”. Propone que no hay años malos, que sólo hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son.
Con estos criterios, el autor se pregunta qué deberíamos hacer para poder construir un buen año, si queremos mejorar como personas y ser felices. Los invito a leer completa esta reflexión y a preguntarse ¿Qué es para ti la felicidad?
Solemos pensar que nuestro bienestar depende del medio, de lo externo, y es así como sentimos que nuestra felicidad obedece a nuestra estabilidad económica, a la calidad de nuestras relaciones, a nuestros logros y los de nuestras familias y al cumplimiento de nuestras expectativas ¿Pero cuan duradera es esta felicidad? Por ejemplo; Si estamos en un paisaje maravilloso, con la mejor compañía, escuchando los sonidos de la naturaleza, sintiéndonos plenos y, de pronto, la persona con quién estamos nos hace un comentario que nos genera malestar… ¿Nuestra felicidad se acaba? ¿Deja de existir el paisaje maravilloso y esta persona se transforma en un monstruo malvado que quiere dañarnos?
Si somos capaces de entrenar y mantener un estado de “mente feliz” tal vez podamos entender que probablemente este comentario desagradable, responde a algo en particular y no necesariamente debe afectar nuestra felicidad; podemos mantener la calma y continuar disfrutando o conversar tranquilamente acerca de lo sucedido.
En este contexto entonces, podemos decir que la felicidad es un estado mental de bienestar y satisfacción, que no depende del medio, sino que se trata más bien de una decisión.
¿De qué manera podemos entonces decidir que nuestros estados de felicidad sean más estables y duraderos?; pues a través de la meditación o de la simple contemplación. Orientándonos a enfocar nuestra atención hacia aquello que resulta positivo para nosotros y para los demás, en vez de vivir en una constante crítica acerca de las faltas propias y de los otros. Esto no implica, de ninguna manera, negar la existencia del sufrimiento, de la ira y de todos aquellos estados y emociones que nos hacen sentir mal, pues forman parte de nuestra vida y deben ser aceptados, tener su espacio para ser reconocidas y experimentadas como parte del proceso de aprender a vivir. Negarlas, sólo nos lleva a reprimir y a dejar que actúen por debajo de nuestra consciencia, dañando a los demás e incluso a nosotros mismos.
Seamos capaces pues, de vivir lo más distante que sea posible de la envidia y disfrutemos con los logros y avances propios y ajenos, busquemos de manera permanente ser mejores personas, reconociendo y trabajando nuestras falencias que siempre estarán presentes, pues la construcción de uno mismo es un proceso que dura toda la vida y, si bien, no resulta fácil, es más placentero que vivir en la queja y la decepción.
Estoy segura de que si orientamos nuestros esfuerzos a entrenar una mente alegre; todo lo que necesitemos llegará por sí sólo y, nos daremos cuenta además, de que no se necesita tanto para alcanzar el bienestar. Feliz 2015 a todos y todas; que podamos estar libres de sufrimiento y que encontremos la paz.

viernes, 12 de diciembre de 2014

“Trágame tierra”… Caídas, metidas de pata y otros chascarros

Publicado en witty.la
Todo parece indicar, al menos en mi experiencia, que existe una relación inversa entre los años de vida y los niveles de vergüenza. Recuerdo claramente cómo cuando era niña, situaciones mínimas de inadecuación me generaban gran intranquilidad, siendo la pubertad y la adolescencia las edades en la que más vergüenza sentí por diferentes situaciones que, a los ojos de hoy, pueden parecer casi ridículas.
La primera vez que pensé en esta relación fue trabajando en un Hospital, donde una colega psicóloga que estaba a punto de jubilarse, me hizo el comentario de que “a los sesenta uno no se arruga por nada” (actitudinalmente hablando, por supuesto). Ella me acercaba todos los días en auto a mi casa o a mi consulta y manejaba bastante mal. Siempre cometía alguna falta y le encantaba saludar con cara de Miss Chile y tirarle besos a los automovilistas que le gritaban garabatos cada vez que ella cometía algún error que los perjudicara, y mientras hacía eso, se moría de la risa. Incluso, una vez que quedamos paradas en la mitad de la calle por no parar en el semáforo a tiempo, impidiendo el paso de los autos que venían del otro lado; impresionantemente ella mantuvo el buen humor y se reía a carcajadas hablando de lo histérica que se ponía la gente y de lo poco tolerantes que eran frente a los errores, mientras yo quería enterrarme en el asiento del copiloto de los nervios que sentía al ser partícipe de la situación.
Actualmente, a mis 36 años, me he dado cuenta de que efectivamente la cosa es así. Uno definitivamente va perdiendo la vergüenza, tal vez, de tanta experiencia que se ha tenido con este tipo de situaciones. Las caídas, los comentarios desubicados, las inadecuaciones y los chascarros me resultan mucho menos terribles que antes. Me he atrevido a hacer cosas que a los veintitantos resultaban impensables y he sabido resolver metidas de pata con gracia y patudez, simplemente pensando… “Ya pasó… ¿Y qué?”.
Una clásica situación vergonzosa es la caída en público. Como yo soy buena para el costalazo, tengo que caminar consciente de que voy caminando (en actitud de atención plena). Ya me ha pasado dos veces este año que, por andar con la mente en las nubes o por ir demasiado entusiasmada escuchando música, la gravedad toma ventaja y el suelo se apodera de mi inestable humanidad. Es como si el suelo me amara y quisiera siempre tenerme en sus brazos. Definitivamente tal vez debería asumirme como pachamámica extrema y andar en cuatro patas o arrastrándome para darle el gusto a la tierra y no volver a caerme. Pero en fin, esto sigue sucediendo y, a través de los años, es una situación que me complica cada vez menos en términos de vergüenza. Ya no me hago la loca, recojo mis cosas y sigo rápidamente pensando todo el día en lo idiota que fui, sino que ahora dejo que me ayuden (cuando alguien se digna a hacerlo), me río sólo si me dan ganas, me quejo si me duele, agradezco la ayuda y me pongo de pie con la máxima prestancia posible para continuar camino, sea caminando derecha, cojeando o como sea, sin la necesidad de huir despavorida para no estar cerca de quienes me vieron… Aunque aun me quedo un rato pensando en lo despistada que fui y en la mala suerte que tengo de toparme siempre con las pocas hormigas cabezonas que quedan en el planeta.
Otra situación vergonzosa es el clásico comentario desubicado. Ayer recibí por whatsapp un chiste que me hizo mucha gracia, que decía lo siguiente:
“- ¡Pero qué niño tan feo!
– Es mi hija…
– Ahhh… No sabía que eras padre…
-Soy madre…
– Ah claro, si te ví embarazada…
– Es adoptada…
– Mejor me voy”.
Ese es un ejemplo exagerado de metidas de pata hasta el fondo, pero que no está tan lejos de la realidad. ¿Quién no le ha preguntado a alguien cuántos meses de embarazo tiene y ha recibido una respuesta más o menos amable diciendo que no está embarazada?… ¿Quién no ha hecho alguna vez un comentario feo de alguien y resulta que ese alguien tenía relación de parentesco o amistad con la persona con la que estábamos conversando?… ¿Quién no ha cometido alguna vez el error de pensar algo feo en voz alta?… ¿Quién no ha hecho un comentario inoportuno tras hablar con alguien por teléfono y después se ha dado cuenta de que no había cortado?… ¿A quién no le ha pasado que tras ir al baño se ha dado cuenta de que ha estado conversando por horas con un perejil entre los dientes?, ¿Quién jamás ha estornudado en algún lugar público sin tener a mano un pañuelo?… ¿Quién no ha salido del mar con una porción pudenda de su cuerpo destapada?… Quien nunca haya pasado una plancha que tire la primera piedra.
Los y las invito a contar aquí sus experiencias vergonzosas para que nos riamos un rato y nos relajemos, teniendo la certeza y la tranquilidad de que no es posible pasar por la vida sin errores ni chascarros y que el humor es una de las mejores formas de afrontarlos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

ROLLEANDO A LOS 36

Publicado en Witty.la
“Te falta una friega con el carnet”, “ese es un deporte para jóvenes”, “¿Por qué no buscas algo menos riesgoso para ti?” Son los comentarios que más frecuentemente he escuchado en el último mes. Todo en relación a mi irracional y tardía incursión en el mundo de los rollers.
Cuando chica siempre tuve problemas de equilibrio y en mi familia no hubo gran interés por los deportes, razones por las cuales nunca aprendí a andar en bicicleta, no logré aprender a hacer la rueda ni la posición invertida, ni menos a manejarme con paletas, ni hablar de deportes con pelotas. Me salvaba en educación física que tenía buena resistencia, corría, era coordinada y buena para bailar.
En la crisis de los 36 (la acabo de inventar), he tenido la necesidad de hacer cosas que nunca me había atrevido a hacer y, a partir de la iniciativa de unas amigas que quisieron comenzar a salir a andar en patines en línea los domingo en las “ciclo-recreo-vías”, tomé la decisión de volver a patinar, tras 24 años de no haberlo hecho. Irreflexivamente pero con gran entusiasmo, me compré unos rollers y, obviamente protecciones para las manos, casco, rodilleras y coderas. Practiqué una tarde en una callecita cerca de la casa de mis papás un Sábado, tolerando las caídas hasta lograr una performance mínimamente digna y partí ese mismo domingo a andar por la Costanera con nuestro “team rider”. Estando ahí, me di cuenta de que no era llegar y tener el equilibrio que se tenía a los 12 y que los patines en línea se mandan solos y son bastante diferentes a los de 4 ruedas.
Resumiendo la experiencia, deben haber sido, al menos 12 costalazos en el camino de ida y vuelta entre Lyon y Bellas Artes. La gente hacía exclamaciones, me preguntaban si estaba bien y yo, al estilo “Duro de matar” (antigua película ochentera-noventera), ponía buena cara y me paraba como podía y con aquella digna actitud de “sóbate pa callao”, volvía a patinar. Claramente la falta de reflexividad al respecto y mi actitud arrojada trajeron consecuencias nefastas, ya que yo no sabía frenar (y aun no logro hacerlo completamente), ni tampoco me manejaba bien para doblar. Me caí arriba del hijo de una amiga que andaba en su bicicleta y también sobre un carrito en el que iba una guagua durmiendo; me fracturé dos costillas, traumé a un niño, desperté a una guagua y aterroricé a su padre. Terminé con tantos moretones y tan pero tan oscuros (debido al golpe sobre golpe) que, al ir al médico noté que la Doctora intentaba indagar si yo era víctima de violencia intrafamiliar y tuve que aguantar que la tecnóloga médica me dijera que eso me pasaba por “andar haciendo cosas de niña”… Entendiendo que con ese comentario quiso decirme vieja.
Perseverante esperé que cediera un poco el dolor y tomé clases de roller con un estudiante universitario que patina increíble y tiene harta paciencia. Comencé a aprender y practicar. Obviamente, en todas las pistas de patinaje me encontraba sólo con niños, adolescentes y adolescentes tardíos cercanos a los 30 practicando patinaje artístico, skate y otras cosas; lo que me hacía sentir aun más inadecuada. Lo más terrorífico, fue patinar entre medio de un equipo de “Roller Derby”; andaban a toda velocidad con una destreza impresionante, con cara de rudas y llenas de tatuajes, mientras yo me sentía ridícula tratando de mantener el equilibrio y frenar para no chocar con ellas; hasta que, por consideración, decidí dejar la práctica de ese día y dejarles la pista libre. Cada vez que salía de un ensayo y me despedía de “los cabros” con los que había conversado, me dolía el alma al decirles “chao, que estén bien” y recibir de vuelta un “usted también” (cabros de mierrr).
“Volví a la calle” (que rudo suena) el Domingo pasado. Todo anduvo mejor; esta vez fueron sólo 4 caídas, dos de ellas por no poder frenar. Tuve que tolerar que de un auto me gritaran “huachita le compro el freno” y la sensación de ser un desastre. Lamentablemente volví a lesionarme, esta vez fue un desgarro en el hombro por caer de guata con el brazo estirado. Ahora me estoy recuperando, pensando en cómo miéchica aprender a frenar y dudando si seguir intentándolo o hacerle caso a todos aquellos que me dicen “hay que hacerse una friega con el carnet”.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Para ser bella… ¡Puuuta que hay que ver estrellas!

(Publicado el 26/09/2014 en witty.la)
De acuerdo a un estudio de la Florida State University, para los hombres gringos, la “mujer perfecta” debería tener las piernas largas, pies pequeños,
pechugas grandes y caderas angostas… Una combinación extravagante, pensando en las dificultades que tendría esta fémina para mantener el equilibrio y no pasar en el suelo, considerando que sus caderas no tendrían el ancho suficiente y el tamaño de sus pies sería poco acorde a la longitud de sus piernas y al peso de sus voluptuosidades superiores delanteras.
Probablemente, el hombre latino tiene un gusto diferente y un poco más “realista”; sin embargo, somos las mujeres, las que nos llenamos la cabeza de creencias acerca de cómo es una mujer atractiva, imponiéndonos cada vez más exigencias y mal acostumbrando a los “varones”.
Generalizando, en términos superficiales, para ser bellas, las mujeres pensamos que tenemos que ser lampiñas, cero rollos, con un popín encumbrado y un rostro terso y fresco. Debemos vernos esbeltas, tener pestañas largas y tupidas, obvio que no tener celulitis ni estrías, ser fit y además, acompañar todo esto de una linda sonrisa y una actitud relajada.
¿Pero cuál es el costo de este tipo de belleza?… ¡Vamos con la verdad mujeres!
  1. La depilación: Es dolorosa, digan lo que digan. La cera deja el bigote colorado y las axilas irritadas. Y para qué hablar de la depilación brasilera y todas esas últimas modas que implican mayor sufrimiento y exposición de nuestras partes pudendas frente a otras mujeres que lamentablemente tienen que trabajar en esas zonas. La depilación definitiva también duele, y afeitarse es una solución parche, que puede causar estragos si uno por despistada se saca una lonja.
  2. “Todo lo que es” la figura: Aquellas que no tenemos la ventaja de ser delgadas, turgentes y fit pasamos, en tiempos de primavera, por la crisis de ver cómo los “gustitos” que nos dimos en el invierno, cuando la ropa tapaba todo, han dejado estragos en nuestro human body. Los “tutitos” que se juntan desgastando los pantalones en la parte superior interna, los rollitos de las caderas, los bracitos gordos, la doble pera, la celulitis, las estrías… Todo comienza a ser un problema y empiezan las medidas desesperadas: las dietas de shock, los tratamientos milagrosos, las fajas y la ropa interior reductiva para verse bella, pero sintiéndose como un paté. Todas alternativas incómodas y desesperantes. Y cuando falta tiempo y sobra cansancio, chuta que cuesta hacer ejercicio.
  3. El rostro: Las mujeres sin pelos, sin ojeras y sin arrugas pasados los 30 no existen. Las cremas para las líneas de expresión, el contorno de los ojos, las manchas y todas las “pifias” del cutis, hacen ver estrellas a la billetera. Y para qué hablar de la lata que da llegar en la noche a sacarse el maquillaje de los ojos con una loción, el de la cara con otra, la limpieza facial, el tónico y la crema nocturna. A las que no nos da para tanto, sólo nos lavamos los dientes y nos vamos a dormir para despertar como un mapache al día siguiente por la pintura corrida. Las más metódicas, en la mañana se limpian el cutis, se ponen tónico, crema hidratante diferente para cada parte de la cara y bloqueador solar. Posteriormente se borran la cara con tapa ojeras, con base, polvos para no brillar, rubor para darle un color “natural” al rostro, se encrespan y pintan las pestañas, le dan color a los labios para que se vean brillantitos y con vida y, si es de día, tratamos de que todo se vea lo más “natural” posible.
Otro cacho son las cejas. Tener muchas implica la necesidad de perfilarlas con pinzas regularmente… ¡Y anda a que se te pase la mano sacándote pelos en una, que después emparejando la otra, puedes quedarte sin ninguna..! En ese caso, la solución sería la tapa de mentolatum, para dibujarlas al estilo “surprise” o día tras día pintarlas con distinta expresión de acuerdo a tu estado anímico.
En definitiva, para ser bella, hay que ver muchas estrellas. A menos que seamos capaces de tolerar las miradas de desaprobación y andar “peluditas de alita”, ponernos una polera apretada llevando la guata con orgullo como lo hacen muchos hombres o cultivando el estilo Frida, de bigotes y cejas juntas. Quizás algún día estas cosas se pongan de moda. Pero como a las mujeres, al parecer, nos gusta torturarnos, vamos a andar con cosas como –“¡Pásame el dato de esa crema que hace salir más pelos en la axila porfa!”-, o –“Te morí, me encontré con la Cata y está regia, con una ponchera que le cuelga… La odio!” Si bien, estas frases hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción, tal vez, en el futuro, la ficción supere la realidad. Que más quisiera yo…