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PASABA

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miércoles, 30 de julio de 2008

Un viaje en bus del Transantiago... Toda una aventura


La vida se ha vuelto extremadamente normada y reglada a causa de los desórdenes que ha producido el gobierno en nuestra vida cotidiana. Como el Transantiago funciona mal; faltan buses y las frecuencias son al azar, entre otros problemas… Tenemos que hacer filas interminables. Nadie más educado que los santiaguinos, que venimos cansados del trabajo y vemos que la fila de la micro da vuelta a la calle y nos ponemos en el último lugar con nuestra mejor cara. Y si tenemos la suerte de encontrarnos en la fila con alguien que internamente esté pensando lo mismo que nosotros comenzamos a tantear terreno… -Harto rato que no pasa la micro ¿ah?- y vamos viendo que nuestro interlocutor tiene la misma opinión que nosotros… Y seguimos –El Transantiago funciona pésimo, cómo entre tantos imbéciles que trabajan en esto no han podido dar solución al tema- Y terminamos despotricando contra el gobierno con nuestro vecino, mientras pedimos amablemente que le den la pasada a una viejita para que no haga la cola y seguimos eternamente esperando… Y cuando por fin llega la micro, la fila avanza y avanza… Al ver que nos acercamos a la puerta nos sentimos casi como en las puertas del cielo y, al levantar tímidamente nuestro piececito para subir, se nos cierra la puerta en la cara… ¡Maldición! (por no decir lo que realmente diríamos). Y nos quedamos abajo mirando con cara de envidia extrema a nuestro vecino, ex interlocutor que va con la cara pegada en el vidrio de la puerta delantera de la micro, con la nariz doblada mirándonos con cara de “¡Es lo que hay!”…

Y ahí quedamos… Muertos de frío… o de calor según la temporada, esperando… esperando… Con infinita paciencia hasta que llega la próxima. Es indescriptible la alegría que se siente al saber que uno es el primero de la fila… ¡Significa tantas cosas!... Cuando eres el primero en subir tienes la sensación de que la micro es tuya, sólo para ti, porque puedes elegir el asiento que tú quieras… Regodearte todo lo que quieras… Y ahí estás, nuevamente a las puertas del cielo… Subes lentamente, caminas por el pasillo despejado y eliges un asiento que esté atrás, pero no tanto para no correr el riesgo de que te asalten o te pase algo peor, como encontrarte con un frouterista (de aquellos que se sobajean sus partes con cualquier zona del cuerpo de otro humano en lugares públicos).

Te sientas cómodamente a ver cómo la gente sube apurada, con los ojos desorbitados por encontrar un asiento vacío. Como se empujan sin importar rango etáreo, condiciones físicas, género ni nada… Es la ley del más fuerte… Matar o morir. Y uno… feliz, porque entró primero y ya está sentadita… Y mira con cierta distancia todo este espectáculo animalezco del que no quiere ser parte… Riiiico… comodita… La micro llena… En realidad ¡repleta!... No cabe un alfiler. Toda la gente se empuja… Una señora pierde el equilibrio y le pega sin querer con la cartera a una niña que va sentada, la niña la mira feo y la señora le responde con un –Claaaaro, ¡tan sentadita que va y se atreve a alegar por un carterazo!... Y a uno le da risa el espectáculo… Jajaja… la gente es tan sensible a veces no?... Y el chofer empieza a hablar más fuerte y a dar órdenes… Porque eso sí que está claro, en este sistema, el personaje con mayor poder es el chofer… ¡A uno lo manduquean como se les da la gana!... ¡Y vaya usted a contestar porque la patochada no se la saca ni con grúa!... Bueno… Íbamos en el micrero -¡Avancen por el pasillo!- -No se quede ahí parada poh mijita no ve que está tapando la pasá!- Y las puertas se cierran, con un par de casi-damnificados que quedan con sus mochilas o con un pie afuera, porque eso sí… Es un mito absoluto que los buses del Transantiago no parten con las puertas cerradas.

Y por fin la micro empieza a avanzar… Y uno respira profundamente… aliviado… Ya pasó lo peor. Cuando de pronto miramos hacia el lado y vemos un pobre viejito, de pelito blanco, un poco agachadito que nos mira con cara de profunda amabilidad… Y uno piensa… -Por la conchesumadre me tenía que tocar a mí- Y viene todo el cuestionamiento moral mezclado con las ansias de ser extremadamente mala al menos en algún momento de la vida… La lucha interna entre mi ángel y mi demonio. “No le des el asiento… ¡Que hace un viejo de esa edad venteándose a esta hora!... de más que andaba tomando con los amigos y puro hueviando y ahora pone cara de inocente”… Y mi ángel dice “Cómo no le vas a dar el asiento a este pobre ancianito indefenso… Recuerda las normas de urbanidad y buenas costumbres que con tanto esmero te enseñaron tus papás… Pobre viejito, a esta hora en la calle, debe estar muy cansado” Y pasa lo de siempre… El resorte de las buenas costumbres que tengo pegado ahí mismo hace que me ponga de pie rápidamente con una bella sonrisa en el rostro e invitar cordialmente al viejito de mierrr… a tomar posesión de MI ex asiento.

Luego del consiguiente acomodo… de tirar la cartera pa adelante, la mochila llena de bultos que acarreo todos los días a mis pies mientras la gente me mira con cara de desprecio por andar casi con otro pasajero metido en la mochila… Vuelvo a respirar… Escucho el timbre… No pasa nada… Y un sujeto grita desde atrás con un tono que mezcla desesperación y vergüenza… -¡La pueeeeeertaaaaaa! – ¡Y se viene el frenazo mierrrrr! Y me voy con cartera y mochila entre medio de los pies encima del viejito al que le dí el asiento… Toda la gente queda chascona y tiritona mientras el micrero grita con furia desde su sitial -¡Si ya escushé ya oh! ¡No tiene pa que ponerle tanto!... ¡Que cree que soy hueón! ¡Cálmese!- Jajaja… ¿Unas gotitas de agüita del carmen para el caballero por favor?... y la gente se mira… Y alega desde sus lugares por el tremendo frenazo… que casi se me cae la guagua… que este señor cree que maneja un camión con animales… Y todas esas cosas que se dicen a regañadientes en búsqueda de alguna persona que se sienta como uno y le avive la cueca… Pero de ahí a alegarle directamente al chofer… Jajaja… ¡Ese es un desafío mayor!... Por favor… El tiene mucho poder… De él depende que regrese sano y salvo a su casa.

Y por fin… comienzan a vaciarse los asientos y yo veo que ya falta poco para llegar… Podría sentarme… pero me da lata hacer el ejercicio de flexionar las rodillas, ponerme en posición y dejarme caer… Creo que prefiero continuar estática… Jaja… Además que resulta más heroico terminar el viaje de pie… Y que la gente piense que no me senté porque no quería… No porque no podía…¡Siempre digna!... Como dice una amiga muy querida (lo raro es que siempre lo dice en los momentos en que no se ve para nada digna).

Y se acerca mi querida y anhelada parada… Y yo tomo mis cosas para avanzar por el pasillo lo más armada posible, porque como dicen en los comerciales de Cachantún “La vida es una pasarela”… Y camino hacia la pequeña escalinata que separa el pasillo superior del inferior para tocar el timbre. El chofer, algo nervioso aun por el encontrón que tuvo con el tema del timbre, asume que yo lo voy a tocar ya ¡y se manda el tremendo frenazo!... vuelo con mis cosas escalerita abajo… avanzando a tropezones pero tratando de no caer… me afirmo de la espalda de un pobre pasajero y freno ahí… Indigna… Con la mochila en cualquier parte y con una cara de indescriptible desazón… que bochorno… Me hago la cool, pido disculpas al pasajero cuya espalda me salvó del hocicazo en el suelo, miro con cara de reprobación al micrero que me observa a través del espejo tratando de producirle al menos cierto grado de temor (¡si oh!), me sacudo, acomodo mis cositas y me dispongo a bajar, porque a esas alturas ya se habían abierto las puertas para mí. Me bajo sin chistar y por fin estoy en la calle.

Aaaahhh!!!... Por fin… Miro a mi alrededor y desconozco el paisaje… ¡No está mi casa!... Por la puuuuu… ¡Este micrero de mierrrr se adelantó y me paró como 5 cuadras antes!... Amo caminar, pero no después de toda esta aventura (diaria) y menos cuando sólo quiero llegar a abrir el portón de mi casa e irme a descansar… Bueno… ¡Es lo que hay!... Mañana tempranito… Micro y metro ooootra vez!!!... Soy tan feliz… ¡¡¡Gracias Ex-presidente Lagos, Gracias Michelle Bachellet por favor concedido!!!

2 comentarios:

  1. Igual a pesar de que es mas cansador llegar al trabajo que el trabajo mismo.. la gente se ha resignado y aceptado porque no queda más que eso... transantiago hace que haya aún mas rabia en Santiago.. que es mucho decir..

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  2. Toooda la razón Christian... ¡Pero debe haber otra alternativa!... Las cosas TIENEN que cambiar

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