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PASABA

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martes, 9 de septiembre de 2008

¡Necesito un lazarillo!



Hoy, por enésima vez en poco tiempo, me caí en la escalera del metro. Ya me había sucedido antes… varias veces, por ir atrasada y dármelas de flash. No fue tanto el dolor ni la vergüenza. Bueno, a decir verdad, si me dolió y hasta ahora me duele, pero luego que un gordito amable me levantara de un ala, opté por sonreír, erguirme, agradecer y recurrir al clásico “sóbate pa callao” y continuar mi carrera, como siempre lo he hecho, para demostrar dignidad, tesón y para arrancar de los que posiblemente me vieron… Sobretodo esta vez que creo haber visto que unos metros atrás venía gente del Hospital en que trabajo.

Con la vergüencita que me dio, empecé a conectarme con recuerdos de hechos bochornosos, que ahora me producen mucha risa. Recuerdo con claridad, y mi amiga Maca debe hacerlo también, una semana fatal en la que estábamos buscando un lugar para celebrar una despedida. Decidimos hacer un “aro” en el camino y detenernos en un lugar a tomar un pisco sour y conversar de la vida. En el clímax del entusiasmo, con un gesto poco calculado, boté mi pisco sour sobre la chaqueta de un oficinista que conversaba amenamente con un grupo de personas en la mesa del lado.

Rápidamente pedí disculpas mientras todos me observaban con cara de querer decirme “ooooo”… “aaaaaa” o alguna de esas exclamaciones compuestas sólo de vocales que utiliza la gente (y yo también) para patentizar los “condoros” de las personas. Intenté secarla con una servilleta, lamentablemente agravando la falta al dejársela llena de pelusas, aparte de mojada y con olor a copete. Finalmente, decidí sacar mi billetera para ofrecerle pagar por la lavandería y reparé en que, aparte de todo, ¡había dejado la billetera en mi casa!... No tenía plata, ni cheques, ni redcompra ni nada… Así que tuve que quedarme tranquilita, pedir mil quinientas disculpas y pedirle a la Maca que me prestara plata para pagar la cuenta.

Al día siguiente, había quedado de salir con un sujeto al que yo conocía poco. Agradable persona, aunque poco atractivo, pero la idea era pasar un buen momento teniendo una simpática conversación. En esa época yo trabajaba en una consultora y andaba más o menos formal… Hasta con maletín. Luego de conversar harto, reírnos y tener una entretenida y distendida tertulia nos dispusimos a salir del lugar. Íbamos bajando la escalera cuando me percato de lo irregular de los escalones y se lo comento a mi nuevo amigo… Paso seguido… Rodé escalera abajo. Siendo muy considerado, mi acompañante contuvo la risa y yo, con notoria ira, lo invité a soltar la carcajada con libertad. Como nuevamente “apliqué sóbate pa callao” no me percaté hasta que llegué al metro que me había roto las pantys y mi rodilla izquierda estaba en exhibición. Me veía e una finura increíble.

Al otro día me caí en la escalera del metro por hacerle carrera mentalmente a un desconocido que, al parecer creía que podía correr escalera arriba más rápido que yo… Interpretación que hice a las 7:45 de la mañana, cuando mi cerebro aun no alcanza su funcionamiento vigil normal y, al parecer había despertado con espíritu competitivo. Esa caída fue “con cuática” porque volaron mis carpetas y quedé literalmente “de guata” sobre la escalera. Esa vez nadie me ayudó, pero como a pesar de todo mantengo mi dignidad, me puse de pie sin siquiera sacudirme, recogí mis cosas y continué corriendo a toda velocidad y con cara de "importante" y "apurada" hasta llegar al primer carro del metro… La verdad… Para irme lejos de quienes pudieran haberme visto.

Dos días más tarde vino el remate… Nada tan grave, pero con los antecedentes relatados, este pequeño hecho se transformó en la guinda de la torta. En medio de una animada fiesta del consultorio en que trabajaba, fui al baño, nuevamente con la Maca quien, como buena amiga, a esas alturas andaba atenta a todo lo que yo no fuera a captar para cuidarme de pasar otro bochorno. Cuando acababa de cruzar el umbral de la puerta para reincorporarme con entusiasmo al baile, mi amiga me advirtió, ya con un dejo de desesperación por mi “falta de atención” que iba saliendo con un elegante trozo de papel higiénico pegado en la suela de mi bota, suficientemente largo como para robarme el protagonismo totalmente. En ese momento, al conectarme con la expresión desesperanzada de la cara de la Maca, supe que el tema era serio y que tendría que asumirlo como un problema.

Últimamente había estado mejor, creía que ya era un asunto superado, pero la semana pasada perdí las llaves de dos candados en el gimnasio, con la consiguiente parafernalia de que fuera algún musculín del staff a romperlo al camarín de mujeres, mientras las niñas y señoras se tapaban con sus toallas mirándome con un dejo de menosprecio y, tal vez con ganas de dedicarme alguna de las expresiones compuestas por vocales de las que hablaba con anterioridad. El fin de semana, por no saber cuál es el Norte y el Sur y andar con una amiga que no sabe cuál es la izquierda y la derecha casi llegué a La Serena buscando Malloco y hoy, por enésima vez en poco tiempo, me caí en la escalera del metro y sigo sobándome la pierna, aunque ahora NO “pa callao”. Y con algo de miedo de mi misma pienso que definitivamente necesito un lazarillo... Un vigilante y un guardaespaldas...

6 comentarios:

  1. Jajaja. definitivamente cuando lo escribes es mas chistoso.. te imagine rodando por las escaleras como pelicula.. nunca he visto algo asi de espectacular en todo caso.
    ah eso si comparto lo de perderse.. que es mas de voladez que torpeza. bueno solo hace poco me perdi en las calles chicas cerca de mi casa.. estuve como 15 minutos dando vueltas al lado de mi casa.

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  2. Pauli,no te preocupes, no eres la unica, yo no me caigo, pero choco con todos los ventanales que se me pongan por delante.

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  3. Eeeesa es mi madre!!!... De tal palo tal astilla

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  4. Hola Pauli.

    Recuerdo que una vez iba saliendo del metro cuando vi la micro que me servía pasando por ahi. Corrí para alcanzarla antes de que partiera... iba llegando a ella y sólo me quedaba sortear esa reja que ponen para que uno no baje a la calle en esas partes, pero bueno, era yo un chico universitario, atlético y cargado sólo con mi mochila... así que la salté... quedando uno de mis pies enganchado no sé cómo en la maldita reja... por lo cual, producto de la velocidad, toda mi humanidad siguió avanzando hacia la micro... dirijigiéndome de hoci hacia ella... afortunadamente alcancé a poner mis manos y a literalmente estrellarme en la micro con la cara, los brazos y toda mi musculatura frontal superior...

    Supongo que a causa del golpe, bastante fuerte por lo demás, el amable chofer detuvo el hasta entonces inalcanzable vehículo... junto con la rotación de todas las cabezas que estaban en las ventanas de ese lado para observar quién había sido el pastel que se tiró a abrazar la micro.

    Así que bájé mis patitas al suelo, avancé y subí alegremente, sosteniendo la mirada del chofer con cara que no podría describir en palabras, y del resto de la gente que miraba con risa. Pero me fui sentado mirando pa' afuera y riéndome también por la situación.

    En fin... creo que para uno es más terrible por la vergüenza, pero da lo mismo. Los demás primero tratan de ayudar y si se rien no es de uno, sino de la situación. Además, si te conocen da lo mismo, se rien contigo; y si no te conocen, mejor pq nunca mas los vas a ver.

    Bueno, igual que lata que te pasó, ojalá ya estés mejor... pero al menos sirvió para escribir en tu blog y hacernos reir :-D

    Muchos saludos!!!

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  5. Jajajajaja!!!... Demasiada buena la historia Jaimico!!!... Te morí cómo me he reído... Ojalá que nunca tengamos que andar sorteando obstáculos juntos o sinó no sé quien va a salvar a quién...

    Un abrazote

    Pauli

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